Wednesday, November 23, 2016

José Raúl Capablanca en Nueva York, 1904-1942

Por Miguel Angel Sánchez

José Raúl Capablanca y Graupera (1888- 1942) arribó a la ciudad de Nueva York el 2 de Agosto de 1904 desde La Habana a bordo de la nave Morro Castle. Con apenas 15 años de edad viajaba en compañía de su mecenas Ramón Pelayo, dueño del central Rosario en Aguacate. El objetivo de su viaje era aprender inglés y preparar su ingreso a la Universidad Columbia a la cual fue admitido en 1907 como estudiante de la Escuela de Minas e Ingeniería. Durante su primer año de vida en los Estados Unidos Capablanca residió en el poblado de West Orange, Nueva Jersey. Después de su ingreso a la Universidad Columbia lo hizo en el dormitorio Hartley, ubicado dentro del recinto de la institución.
Los primeros pasos de Capablanca en el mundo del ajedrez de los Estados Unidos ocurrieron en el Manhattan Chess Club, ubicado entonces en el edificio Carnegie, en la 7ma Avenida y la calle 56, cuyo presidente era el acaudalado cubano Arístides Martínez. El Manhattan Chess Club fue uno de los lugares donde en el año 1909 Capablanca enfrentó a Frank J. Marshall el más fuerte maestro estadounidense de la época y uno de los cinco primeros en el mundo. En dicho enfrentamiento salió triunfante el cubano con el amplio margen de 8 victorias contra una sola derrota, hazaña que lo elevó a la categoría de contendiente por la corona suprema del ajedrez.
Torneo celebrado en 1918 en el Manhattan Chess Club. De pie, junto a Capablanca, Arístides Martinez, president del club
Además de la ayuda de Arístides Martínez el joven maestro cubano disfrutó del apoyo de otra importante figura norteamericana, el profesor y filٞántropo Isaac Leopold Rice, fundador del Rice Chess Club, ubicado en su propia mansion en el 170 Riverside Drive. Fue allí donde Capablanca a pesar de su corta edad fue nombrado árbitro de los encuentros anuales entre las universidades de Yale y Princenton, que organizaba el propio Rice.
Villa Julia, ubicada en 170 Riverside Drive, mansion que perteneciera a Isaac Leopold Rice
Después de la ciudad de La Habana, Manhattan fue el lugar donde Capablanca residió la mayor parte de su vida, la más extensa de ella desde agosto de 1904 hasta octubre de 1913, cuando embarcó para Europa para ejercer como cónsul de Cuba en la ciudad rusa de San Petersburgo, donde permaneció hasta julio de 1914.
En el año 1927 Capablanca obtuvo uno de sus más grandes éxitos deportivos al triunfar invicto en el fuerte torneo de Nueva York, que se celebró en el Hotel Manhattan Square en Broadway y la calle 77. En dicho torneo quedó por encima del ruso-francés Alexander Alekhine y del lituano-danés Aron Nimzowitsch, los dos principales contendientes a la corona mundial entonces.
En 1940 Capablanca fue nombrado Agregado Comercial de Cuba en los Estados Unidos y asentó su residencia en el 157 oeste de la calle 57, casi en la esquina de la calle 57 y la 7ma Avenida.
El tercer edificio desde la izquierda es el 157 W 57th St. donde viviría Capablanca sus dos últimos años de vida

 Este edificio fue demolido en el año 2009 en donde se levantó posteriormente el Hotel Residencial Hyatt.
Emblemático edificio erigido hoy en 157 W 57th St. 
La que a la larga sería la última residencia de Capablanca quedaba frente al famoso Carnegie Hall y el Russian Tea Room, a donde solía ir todos los días con su segunda esposa, originaria de Rusia, Olga Chagodaef.
En la ciudad de Nueva York Capablanca jugó dos de sus más importantes exhibiciones masivas de partidas simultáneas. En Brooklyn, el 12 de febrero de 1915 contra 65 adversarios en el Auditorium del periódico Brooklyn Daily Eagle, en el 215 de la calle Old Fulton, así como el 12 de febrero de 1931 contra 300 rivales divididos en 60 tableros en el local del 7mo regimiento del ejército, en el 643 de Park Avenue entre las calles 66 y 67.  
José Raúl Capablanca falleció en el Hospital Mount Sinai de Nueva York, 1468 de Madison Avenue, a las 6 de la mañana del domingo 8 de marzo de 1942. 
Certificado de defunción de Capablanca
Alrededor de las 10 de la noche  del día anterior había sufrido un ataque de hemiplegia mientras observaba una partida de ajedrez de dos aficionados en el Manhattan Chess Club desde donde fue trasladado al mencionado hospital. Su cuerpo fue velado esa noche en la Funeraria Cooke, en el 117 de la calle 72, antes de ser embalsamado y enviado por tren a Miami para su traslado a Cuba el 13 de marzo.
        
Dos de los lugares más significativos de la estancia de José Raúl Capablanca en Nueva York fueron:       
Manhattan Chess Club
Entre 1941 y 1957 el Manhattan Chess Club estuvo situado en el 100 Central Park South (calle 59). Fue en dicha dirección donde la noche del 7 de marzo de 1942 José Raúl Capablanca sufrió la hemorragia cerebral que le causó la muerte menos de 12 horas después. Capablanca había caminado hacia ese lugar desde su cercano apartamento en el 157 oeste de la calle 57, en un trayectoria que hacía frecuentemente,  pero no para jugar ajedrez sino para pasar el rato jugando Pinochle , una variedad de bridge. Pero la noche que sufrió el ataque cerebral el ex campeón del mundo al no encontrar a sus compañeros habituales de bridge se puso a observar una partida de ajedrez entre dos parroquianos del club. Es fundamentalmente por ese motivo que el nombre de Capablanca ha sido asociado al de la clásica casa del ajedrez en Nueva York, aunque en realidad esa relación se remonta a 1904 cuando Capablanca viajó desde La Habana a Nueva York para estudiar. En esa época el club se encontraba ubicado en la calle 56 y la 7ma Avenida en el edificio Carnegie y su presidente era el cubano Arístides Martínez.

Fue allí que los ajedrecistas neoyorquinos conocieron el talento del joven entonces desconocido. En ese local de la calle 56 ganó sus primeros encuentros de importancia en los Estados Unidos, al extremo de que Capablanca era tildado como “el protegido del Manhattan Chess Club”. La institución de ajedrez hace años que no existe, pero su nombre ha quedado unido para siempre al de Capablanca.


Marshall Chess Club      
   
La tarde del 6 de noviembre de 1941 José Raúl Capablanca ofreció la última exhibición de ajedrez de su vida en el Marshall Chess Club, (23 W 10th St.) cuando enfrentó a 22 rivales, con resultado de 19 victorias, 2 derrotas y un empate. Los que acudieron aquella tarde a las partidas simultáneas se sorprendieron ante la lentitud de Capablanca, quien demoró cuatro horas para completar la tarea. Años antes hubiera finalizado en la mitad de ese tiempo. Cuando uno de sus rivales, Joseph Lewis, movió su Reina en la jugada 36, eso fue un mal augurio, pues fue una movida de jaque mate, la única vez en su vida que perdió así. A posteriori a algunos les parecería un adelanto de lo que ocurriría menos de seis meses después, el 8 de marzo de 1942,  cuando falleció de manera repentina. 
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Vista exterior actual de la casa donde todavía se aloja  el Marshall Chess Club

Wednesday, November 16, 2016

Un colegio fundado por Cirilo Villaverde en Nueva Jersey

Por Enrique Del Risco

En casi todos los breves resúmenes biográficos sobre el novelista Cirilo Villaverde (que como casi todos los escritores cubanos carece de una biografía más o menos decente) aparece una línea que por escueta al mismo tiempo resulta misteriosa. La línea dice: “En 1864 fundó, con la colaboración de su esposa, un colegio en Weehawken”. Pero el misterio no proviene del acto de fundar un colegio ni de que el lugar de la fundación fuese ese con tan extraño nombre. Lo misterioso es que ese dato aparezca como en medio de la nada, sin antecedentes ni consecuencias. El misterio se ahonda en mi caso personal porque en Weehawken, pueblo de Nueva Jersey situado en lo alto de un acantilado frente a la isla de Manhattan al otro lado del río Hudson pasé mis primeras semanas en los Estados Unidos. Viví aquellos días en una casa situada a unas decenas de metros del sitio exacto (si es que se puede tener certeza de ello) en el cual Alexander Hamilton murió a manos del vicepresidente de entonces Aaron Burr en un duelo que vuelve a ser famoso gracias a un musical de moda pero donde no hay ningún rastro que indique que allí hubiera fundado una escuela el novelista que inspirara la más famosas de las zarzuelas cubanas.
Misteriosa era sobre toda la absoluta falta de evidencias. Todos mis esfuerzos por encontrar algún rastro de aquella en los archivos municipales de Weehawken o en su biblioteca habían tenido como resultado la más perfecta nada. Y sin embargo revisando la correspondencia de la esposa del escritor, la famosa patriota Emilia Casanova encontré unas líneas que me devolvieron -junto con la certeza de que no se trataba de un espejismo- el impulso para seguir indagando en los rastros que pudo dejar dicho colegio. De cualquier modo las líneas de Emilia Casanova apenas eran más explícitas que las notas biográficas sobre su marido. Decía a una amiga el 17 de agosto de 1870: “Recuerdo vivamente la noche en que fue a visitarnos, en compañía de su hermano Juan Francisco, al otro lado del Hudson, en un colegio que Villaverde tenía en Weehauken, por los años de 1865 y 66”.  
La búsqueda en una base de datos monstruosa que incluye periódicos de todo el continente americano desentrañó por fin el misterio. Dos anuncios daban fe de la existencia del colegio. En uno, procedente del periódico habanero “El Siglo” se da aviso de un “Colegio Politécnico Inglés –Español” bajo la dirección de “C.P. Villaverde” con la “cooperación de profesores americanos y extangeros [sic]”. 

Se añade que dicho colegio está “montado sobre los planes de los mejores colejios de Europa y en él se da una instrucción científica y práctica a la altura de las necesidades de la época”. No debió de funcionar muy bien el colegio ni recibir suficientes estudiantes cuando apenas unos meses después el “New York Herald” publica el 10 de abril sendos anuncios ofreciendo alojamiento a tanto a una pareja como a unos cuantos caballeros.

No se daba una dirección precisa. Téngase en cuenta que Weehawken apenas llevaba unos años desde su fundación el 15 de marzo de 1859 y como se puede ver en la imagen abajoapenas contaba con algunas edificaciones en medio de la nada. 

Grabado de Weehawken Hights y lo que debió ser el edificio del colegio fundado por Villaverde, luego propiedad de John Hillric Bonn
La única referencia concreta a la ubicación es que “el establecimiento se halla situado en la hermosa quinta que fue del célebre Daniel Webster en las alturas de Weehawken”. Aunque en ninguna de las biografías consultadas del representante, senador y Secretario de Estado de tres presidentes distintos se menciona el hecho de que viviera o tuviera propiedades en Weehawken en cambio en varias historias del condado de Hudson se alude de pasada a este hecho. En una de ellas al referirse al empresario John Hillric Bonn, emigrado alemán y fundador del sistema ferroviario del condado de Hudson dice que este y su esposa luego de mudarse un tiempo al vecino Hoboken “They returned to Weehawken in 1867 and made that city their permanent home, settling on the spot formerly owned by Daniel Webster, the statesman”.
Ferrocarril elevado al El Dorado Amusement Park, Weehawken construido por John Hillric Bonn

En otra historia de Weehawken se precisa por otra parte que Bonn fue “one of the pioneers of North Hudson, who settled in Weehawken, in 1857, had a large estate in the heights section (2nd Ward) and lived in a large house at what is now known as #530-Gregory Ave. There is a story told that one time Daniel Webster owned”.

Vista aérea de parte de Weehawken marcado con la dirección del 530 Gregory Ave.
Establecida la ubicación exacta de la escuela todavía quedaría bastante por averiguar: fechas exactas de fundación y cierre, nombres de los profesores “americanos y extranjeros” que dieron clase allí, la dimensión de la matrícula que llegaron a tener, las materias que se daban. Por los dos anuncios sueltos encontrados puede deducirse que se trataba de una escuela de perfil técnico, enfocada a un estudiantado fundamentalmente cubano para prepararlo para ingresar en la educación superior norteamericana un destino cada vez más frecuente entre los jóvenes cubanos en aquellos días.  “Entre las décadas de 1860 y 1880, hasta una cuarta parte de los estudiantes en el Rose Hill Campus de St. John’s College (hoy día, Fordham University) tenían apellidos españoles. La mayoría venía de Cuba”. 
Sin embargo no parece que la escuela consiguiera prosperar cuando al año siguiente de estrenada intentaba complementar sus ingresos con el alquiler de habitaciones y debiera cerrar poco después. Resulta en cambio relevante para el condado de Hudson –el sexto más densamente poblado del país- con visible presencia cubana (28,900 personas de origen cubano en 2013) y con un 42% de población de ascendencia latina contara en fecha tan temprana con este proyecto de educación bilingüe, (posiblemente el primero en todo el estado) antecedente de otros colegios privados fundados por cubanos en el siglo XIX.
"In 1885, Tomás Estrada Palma founded a college preparatory school, Instituto Estrada Palma [inicialmente como Instituto Cornell en 1883] in Central Valley, New York. Eduardo Pla directed an elementary school in Sussex County, New Jersey. Also in New York, Carlos de la Torre established El Progreso elementary  school, Demetrio Castillo Duany opened a business school, Inocencio Casanova organized the Instituto Casanova, and N.A. Carbó and J.R. Parras operated the Academia de Idiomas. In Tampa Cirilo Pouble founded the Academia Pouble" (Perez.42). 
El actual sistema educativo del condado de Hudson Nueva Jersey con una amplia mayoría de matrícula de origen hispano puede tomar este colegio como un antecedente histórico.

Bibliografía

Apuntes biográficos de Emilia Casanova de Villaverde. [Escritos por un contemporáneo] Nueva York: 1874.
Harvey, Cornelious B. Genealogical History of the Bergen and Hudson Counties. The New Jersey Genealogical Publishing Company, 114 Fifth Avenue, New York
1900
Kirk, Edward J. Weehawken History, 1932. http://files.usgwarchives.net/nj/hudson/history/local/weehawken.txt
Nueva York (1613-1945) https://www.nyhistory.org/web/PDF/nuevayork/NuevaYork_LARGEPRINT_SP_FINAL.pdf
Winfield, Charles. History of the Hudson County. NEW YORK: KENNAUD & HAY STATIONERY M'FG AND PHINTING CO.No. 89 Liberty Street.1874.

Sunday, November 13, 2016

Martí y el eterno retorno

El artista Geandy Pavón en un artículo reconstruye la accidentada historia que rodeó la instalación de la escultura de José Martí en el Central Park de Nueva York. Y de cómo la Historia insiste en la manía de repetirse:

Hace 58 años, Anna Vaughn Hyatt Huntington decidió regalar una estatua de José Martí a la dictadura de Fulgencio Batista. Casi seis décadas después, la actual directora del Museo del Bronx, Holly Block, gestiona, bajo la dirección de una institución pública como lo es ese museo, un grupo denominado "Amigos de José Martí", creado por ella con el único objetivo de recoger fondos por el monto de 2,5 millones de dólares para regalar una réplica de la misma escultura a otra dictadura cubana.

Friday, November 11, 2016

La América. Revista de Agricultura, Industria y Comercio

La importancia intelectual y política de la emigración cubana de Nueva York en el siglo XIX no es asunto casual. Al fin y al cabo la ciudad era el primer destino de las exportaciones cubanas (principalmente de azúcar) hacia mediados de siglo. Debe recordarse que en 1818 la burguesía, azucarera cubana gracias a la habilidad política de Francisco Arango y Parreño, logró que España aprobara el decreto que permitía el comercio directo de la isla con cualquier otra nación, una posibilidad negada por siglos al resto de las colonias españolas en América, entonces en pleno proceso independentista.  
El decreto de 1818, si bien consiguió apartar durante un tiempo a los hacendados cubanos de la tentación independentista convirtió muy pronto a los Estados Unidos en el principal socio comercial de la isla. En dicho intercambio comercial la nación norteña desplazó a la propia metrópoli que ni estaba en condiciones de absorber lo que Cuba producía ni de proveerla con los productos y la tecnología que su progresiva industrialización demandaba. Como complemento a este proceso la ciudad de Nueva York emergió como destino del azúcar cubano. Fue en Williamsburg, Brooklyn, donde se refinaba el azúcar cubano en la American Refinery Company empresa con la que la familia Havemeyer sentó las bases del consorcio que hoy conocemos como Domino Foods y que en 1870 cubría el 70% del consumo de azúcar refino de todos los Estados Unidos.

Tal tráfico por supuesto no era en una sola dirección ni solo de productos. Mientras los Estados Unidos enviaba a Cuba una amplia gama de productos industriales y agrícolas e ingenieros y técnicos que manejaran la nueva tecnología que se iba introduciendo en el país o turistas que viajaban preferiblemente en invierno desde la isla además de las cajas de azúcar llegaba el tabaco tanto torcido como en rama, jóvenes que iban a estudiar carreras eminentemente técnicas en las universidades norteamericanas y no pocos exiliados. Estos últimos no siempre estaban en condiciones de dedicarse en exclusiva a los asuntos de la patria o del alma. Antes de hacer el verso había que ganarse el pan. Y el pan aparecía en muchas de estas ocasiones asociado a empresas de carácter comercial donde su talento para comunicarse con el prójimo, para conmoverlo debía encontrar acomodo.

El Espejo”, publicación para la que trabajó durante décadas Cirilo Villaverde y en cuya imprenta publicara su “Cecilia Valdés” no es un caso único de talentos literarios asociados o subordinados a empresas comerciales. “La América. Revista de Agricultura, Industria y Comercio” es un caso quizás más ejemplar.  Fundada “en abril de 1882 por el cubano Enrique Valiente […] como órgano de la Agencia Americana de New York (The American Agency/ E. Valiente & Co./ Manufactures’ Agents for Export" (Lopez.56) en diferentes momentos de su existencia contó con la dirección o colaboración de intelectuales cubanos como Antonio Bachiller y Morales, Diego Vicente Tejera, Rafael de Castro Palomino, Gabriel Zéndegui y el ubicuo José Martí. The American Agency era “una casa comisionista que representaba a más de 44 empresas del país, entre ellas la compañía de jabonería y perfumería Colgate y la fábrica de máquinas impresoras R. Hoe & Co. Contaba con agentes en cuatro ciudades cubanas –La Habana, Puerto Príncipe, Santiago de Cuba y Manzanillo- así como en Puerto Rico, Santo Domingo, México, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay, España y todos los países de Centroamérica” (Ibid). Su primer director fue el mentado Rafael de Castro Palomino residente en Hoboken, NJ era "the son of a Cuban propietor of a stable in Manhattan and had lived for more than two decades in the New York metropolitan area, acting for many years as spokeperson for the mugrant community" (Lomas.94). hasta junio de 1883 en que José Martí se encarga de la redacción. No es hasta diciembre de 1883 en que Martí aparece oficialmente como director de la publicación puesto en el que se mantendrá  hasta finales del verano ese mismo año. La revista, que tuvo entre los sucesores de Martí en la dirección a los cubanos Gabriel Zéndegui y Diego Vicente Tejera y al ex –presidente colombiano, Santiago Pérez Manosalbas continuó publicándose al menos hasta 1893.

Las colaboraciones de Martí en la publicación anteceden y sobrepasan el período en que asumió su dirección comenzando al menos en marzo de 1883 y apareciendo algún  artículo en fecha tan tardía como 1887. Por mucho que el estudioso Enrique López Mesa insista en que entre “los años que median entre el 10 de agosto de 1881 –día de su regreso definitivo a Nueva York- y el 14 de marzo de 1892- día de la fundación de su propio órgano de prensa [se refiere a Patria]-  José Martí es un pensador en busca de medios de divulgación para sus ideas” (Lopez.54) lo cierto es que el objeto de la agencia que sufragaba la revista era como él mismo reconoce “era ayudar a los fabricantes norteamericanos a exportar sus productos hacia Hispanoamérica”. El propio Martí no se apartó demasiado de dichos objetivos comerciales imprimiéndoles sin embargo su personal densidad literaria. En las páginas de “La América” lo mismo aparecían glosas martianas de las virtudes de la luz eléctrica, o de cierta fábrica de locomotora o de cierta marca de tijeras de trasquilar ovejas que su bello e incisivo artículo sobre la inauguración del puente de Brooklyn. En este sentido si se compara con “El Espejo” del cual Cirilo Villaverde confesaba en una carta que “la política estrictamente mercantil […] no consiente la publicación de artículos amenos ni doctrinarios” las libertades que se tomaba Martí en “La América” resultan notorias.
Calle Broad en 1929
Sitio correspondiente al 76 Broad
En sus inicios “La América” radicó en 76 Broad Street en la parte baja de la ciudad. Aquella zona, donde todavía radica el corazón financiero de la urbe era en aquellos tiempos también el lugar de mayor concentración de imprentas y sedes de publicaciones de Nueva York. 


Es en enero de 1884 que, coincidiendo con el momento en que "La América" estrena nuevo propietario, que se anuncia en la revista que “el domicilio social ha cambiado para el número 756 de la calle Broadway. Ubicado entonces en un sitio de intenso tráfico de la avenida más importante de la ciudad la publicación se aloja ahora en sede “de la New York Tourists’ Agency, compañía de la que es propietario el cubano Ricardo Farrés, avecindado en la ciudad” (Lopez.59-60). La nueva sede estaba en un área densamente comercial a medio camino entre la céntrica Astor Place y la New York University, una zona llena de lugares asociados con la actividad política de Martí en aquellos años.
Como ocurre con la inmensa mayoría de los edificios relacionados con la emigración cubana en el siglo XIX ambos hace mucho tiempo dejaron de existir. El de 76 Broad hoy es un espacio vacío en que se ha instalado recientemente una pérgola y un jardín mientras que el 756 Broadway fue derribado para dar paso a la construcción de la Wanamaker's Department Store a partir de 1902, tienda que a su vez cerró en 1955. Luego de un incendio en el edificio este “was sold to investors who converted it to offices, showrooms, and manufacturing lofts. The building is now occupied by retail space on the first and second floors, with offices above” (Presa.95). 


Bibliografía
Lomas, Laura. Translating Empire. José Martí, Migrant Latino Subjects and American Moderties. Durham & London: Duke University Press, 2008
 López Mesa, Enrique. José Martí: Editar desde Nueva York. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2012.
Presa, Donald. NOHO historic District Designation Report. New York, 1999.

Wall Street National Register Historic District Report