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Tuesday, February 13, 2018

Conversatorio

Hoy martes 13 de febrero tendrá lugar un conversatorio entre el artista Geandy Pavón y el profesor Alejandro Anreus sobre la expo del primero Vae Victis Vanitas sobre los sobrevivientes del presidio político cubano. Será a las 6: 00 pm en las galerías de William Patterson University (300 Pompton Rd, Wayne, NJ).


Saturday, February 10, 2018

Los rostros de los que escogieron luchar


En Diario de Cuba aparece hoy una versión abreviada de una entrevista al artista Geandy Pavón sobre su última exposición dedicada al presidio político cubano. Este blog se complace en ofrecerles la versión íntegra de dicha entrevista:


Vae Victis Vanitas: los que escogieron luchar

Por Enrique Del Risco

251 años. Esos fueron los años que cumplieron en el presidio político las 18 personas representadas en los retratos que reúne Vae Victis Vanitas, exposición que acaba de inaugurar el artista visual Geandy Pavón en William Patterson University. Apenas una mínima muestra, modélica pero no excepcional, del presidio político más nutrido y extenso que haya conocido el hemisferio: decenas de miles de reos condenados a largas penas que habrían de cumplir en condiciones atroces. Para en buena parte de los casos salir de la prisión directamente al destierro donde nunca dejaron de enarbolar los mismos principios que sostuvieron en prisión. Opositores armados o pacíficos, magnicidas frustrados (la única variante que conoce nuestra historia) o conspiradores de café sin leche; intelectuales, campesinos, obreros, de origen africano, europeo, asiático o hasta del Medio Oriente; liberales, anticomunistas, socialistas, anarquistas: todos fueron engullidos por la misma maquinaria que repartía años de prisión con una generosidad asociada a cosas más leves. Hermanados en el dolor y el aislamiento en épocas que nadie se daba por enterado de su propia existencia. Lo que no consiguió la violencia ejercida sobre ellos lo están consiguiendo los rigores de la edad, los desmanes del tiempo. De ahí que esos rostros que Geandy se esfuerza en conservar antes que desaparezcan sean –en su severidad y desafío- mucho más elocuentes de lo que fueron recién salidos de la cárcel. De eso se tratan estos retratos, de una última línea de defensa contra el tiempo. No es metáfora. El día en que se inauguraba la exhibición buena parte de los retratados estaban en el funeral de la esposa de uno de ellos.  

¿Cómo surgió la idea de crear la serie?

Mi relación con la comunidad de expresos políticos comienza desde mi primer día de exilio en los Estados Unidos. La persona que nos recibió en el aeropuerto fue también un ex preso político, el director de la oficina de Rescate Internacional en West New York, el señor Guillermo Estévez. Y el primer lugar al que llegué después de aterrizar en el aeropuerto Kennedy de Nueva York, fue la Unión de Ex Presos Políticos Cubanos. Pero sin embargo, la idea de un ensayo fotográfico sobre los expresos políticos surgió casi 20 años después, paralelamente al de mi interés por la fotografía documental.

El  primer retratado de ésta serie fue el poeta y ex-prisionero político Jorge Valls. Todos los que conocimos a Jorge Valls, tenemos la certeza de habernos encontrado con otra Cuba, con la dimensión de un universo y un carácter que le fue arrebatado a mi generación. Por eso comencé a retratar a Jorge Valls, como quien se encuentra con un ser de otro universo y quiere conservar el testimonio de ese encuentro. Después descubrí que Jorge era la puerta a un mundo al que ya tenía acceso, pero que justo por tenerlo tan cerca y haberlo mirado, nunca había visto: los expresos políticos del presidio histórico cubano. Ésta es una serie que de muchas maneras me hizo consciente de un mundo a mi alrededor que está a punto de desaparecer, de individuos con vidas increíbles que están desapareciendo junto a ese mundo. Es un trabajo que me ha obligado a andar con prisa, que agudizó mi consciencia sobre la mortalidad.

 Sí, y me imagino que la muerte posterior de algunos de los retratados confirme esa necesidad y esa urgencia. ¿Cómo ha sido el proceso de retratarlos? ¿Sentías incomodidad en ellos al dejarse retratar? 

Cuando se retrata a una persona que ha estado tantos años en prisión, siempre hay tensión, tanto de un lado de la cámara como del otro. El retratado tiene la suspicacia natural, la sospecha de estar siendo el objetivo de algo sobre lo cual no tiene ni el control, ni la certeza de un fin particular. El que retrata, tiene en sus manos la responsabilidad de la dignidad estética de quien es retratado. Cuando digo “estética” no me refiero solo a la mera representación de lo bello o lo feo, sino al testimonio material de una vida, contenida en una sola imagen.

Algunos de los retratados se mostraron reticentes al principio, después pude convencerlos de la importancia de su testimonio. Esta serie incluye fotografías de carácter situacional, para dar una idea del contexto, otras son más estudiadas, donde el sujeto posa para la cámara. Todos los sujetos fueron retratados usando el mismo formato del Mugshot. El mugshot es un close up del rostro del acusado, es la manera en la que la policía documenta a los detenidos. Pero para realizar este tipo de retratos, generalmente se usa un teleobjetivo para no acercarse demasiado al retratado. Yo en cambio usé un lente normal con una anilla de acercamiento, de manera que literalmente estoy a un pie del rostro de cada una de las personas retratadas. Como te puedes imaginar no es una situación demasiado cómoda para quien está frente a la cámara.

Una vez que el sujeto estaba sentado y listo para ser retratado, yo le pedía que mirara directamente al mismo centro del lente (una cámara Hasselblad de formato mediano). Así los dejaba por unos instantes, concentrándose, y entonces tomaba el retrato. Creo que esos pocos segundos de concentración frente a un objetivo tan cercano a sus rostros, fue lo que me permitió lograr que el retratado estuviera centrado en sí mismo y no distraído por el hecho de posar para un retrato. Es algo paradójico, porque quizás lo que rompe con esa aprensión de ser el objetivo de un lente, es precisamente el extremo de una cercanía tal, entre la cámara, que funciona como un espejo, y el rostro.

Muchos de estos ex-presos han visto su vida reflejada en los libros de otros, en los documentales y las palabras de otros, en el saco testimonial de un colectivo: los presos políticos cubanos. Creo que para una gran parte de mis retratados en esta serie ha sido la posibilidad de un último testimonio, pero esta vez individual, más personal. Las calaveras todas son iguales, los rostros no.


También te lo preguntaba pensando en que todos ellos son parte de una generación que ve ajenos a su idea de dignidad ciertos gestos de vanidad, ya sea retratarse o exponerse como víctimas, en contraste con el propio título de la serie.

Los ex-presos políticos cubanos se ven a sí mismos, con toda la razón del mundo, como los guardianes del testimonio de la lucha contra la tiranía en Cuba. Tal vez la esperanza no es algo que esté reflejado en cada una de las imágenes de esta serie. Sin embargo, su persistencia después de tantos años de cárcel y exilio, es una prueba irrefutable de ese optimismo, de su conmovedora voluntad.

Mi serie, a pesar de tener en cuenta todo lo anterior, pretende ir un poco más allá. Vae Victis Vanitas es un retrato de los vencidos de una coyuntura histórica y material pero no de una derrota moral; su existencia y testimonio representa en sí, una derrota ética para sus carcelarios, una fisura irreparable en el despliegue del proyecto totalitario cubano.

Cuando se piensa en la fotografía cubana, generalmente se piensa en la fotografía épica. Una de las primeras imágenes que nos vienen a la mente son las de los vencedores, la entrada triunfante del joven Fidel en La Habana, el famoso retrato del Che etc. Vae Victis Vanitas es el reverso del triunfo, de la vanidad, un retrato de la crueldad de los “héroes” vencedores.

Iván De La Nuez, en un ensayo sobre su proyecto curatorial Iconocracia, expone cómo la Revolución Cubana se hizo retratar no en mármol o grandes monumentos, sino en la blandura del papel fotográfico. Nuestro imaginario occidental nos hace aceptar la caída de un monumento, la mutilación de una estatua, pero no la destrucción de un documento. Iván llega a la conclusión de que ese es el motivo por el cual, el arte cubano no recurre al gesto iconoclasta, sino más bien a una intervención del ícono, transformar la imagen épica y darle otro sentido, hacerla hablar contra sí misma, revertirla. Esta serie, aunque no de manera exacta, sigue esa lógica. Mi manera de lidiar con la imagen épica del vencedor, no es destruyendo su monumento, sino mostrando los cimientos sobre los que se alza y la sombra que aún proyecta.


¿Por qué el título?

Vae Victis (¡Ay, de los vencidos!) es la frase pronunciada por Breno, el jefe galo que entró triunfante a Roma. Cuenta la leyenda que Breno impuso un rescate impagable a los vencidos. Al acudir estos a presentarles sus quejas, el jefe galo tiró su espada sobre la balanza exclamando que no solo tendrían que pagar el impuesto original, sino que ahora además tendrían que equiparar el peso añadido de su espada.

Tal vez algunos de los retratados no se sientan del todo cómodos con la condición de vencidos que yo subrayo en esta serie. Una vez tuve esa conversación con uno de ellos y me dijo lo siguiente:

“Mi generación al menos tuvo el honor de ser derrotada, la tuya nació en la derrota, es parte de ella. Uno no puede escoger ganar o perder, solo puede escoger luchar o no luchar”

El titulo de esta serie incluye también la palabra Vanitas. El Vanitas fue un tema recurrente en la pintura durante los siglos XVII y XVIII. Es un tipo de obra simbólica en la que se pone de manifiesto la futilidad del poder terrenal, lo material e intrascendente de la vida física. En esas imágenes era recurrente el uso de símbolos que aluden al tiempo y la mortalidad, uno de ellos, tal vez el más común, es la calavera. En mi serie la calavera es sustituida por el rostro, mis retratados no son un still life, sino más bien un still alive. La foto no es más que una forma apresurada y a la vez quieta de captar ese “todavía” (Still significa quieto, pero también significa todavía). Siendo el Vanitas una forma de la ruina puede entenderse de manera equívoca, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de seres humanos. Porque para hablar de la vanidad del poder cubano, su futilidad, está toda Cuba que es una ruina, un testimonio de la decadencia del poder que la controla. Un uso menos riguroso de la palabra Vanitas, la limitaría a su acepción más elemental, la de “ruina”. Pero para que las huellas de la decadencia tengan el valor de un Vanitas, tienen que contener un valor moral y ese es el valor de los ex-presos políticos. Sus retratos son un Vanitas político, una manera de recordarle al Poder su temporalidad, un testimonio contra su vanidad.

Mis retratados, además, no se acomodan a esa idea común que muchos tienen del exilio cubano, gente exitosa económicamente etc. Sin embargo y paradójicamente, han sido el núcleo principal de eso que todavía llamamos exilio. Son ellos quienes han dedicado su vida antes, durante y después de la prisión política, a sostener el peso de esa otra cara de la Historia, la de los  que todavía luchan. Nosotros, el resto, vivimos en la comodidad moral de una derrota digna, la que ellos han pagado contra el peso de la espada.

Siempre que se habla de modelos de sobrevivencia uno de los que primero que vienen a la mente son los sobrevivientes de los campos de exterminio nazi. Estos, sin embargo, por lo general sobrevivieron a su prisión y al sistema que los encarceló. No es el caso de los sobrevivientes que representas en tu serie. ¿Qué características en tu opinión los identifican como grupo? Cómo sobrellevan esa condición de sobrevivientes "a medias"? 

Sí, su tiempo en prisión ha terminado, pero el sistema que les arrebató su libertad no ha desaparecido todavía. Son los sobrevivientes de un monstruo que sigue vivo, de manera que aún en libertad y después de tantos años, los sigue uniendo una misma causa. Una causa que conserva su ubicuidad, que dominó y determinó su pasado, que sigue dominando y determinando su presente al igual que su proyección de futuro inmediato, y el futuro de las generaciones que los siguen.

Es importante aclarar que la serie se concentra específicamente y de momento, en la comunidad de ex-presos vinculados a la Unión de Ex-Presos Políticos | Zona Norte (New York y New Jersey). Digo que por el momento, pues es un trabajo en proceso, un proceso que no creo llegue fácilmente a su fin. Cuba ha tenido la población penal por causas políticas más grande del hemisferio, y una de las más grandes per cápita del mundo. En un momento llegaron a existir más de 35,000 prisioneros políticos en la isla. Hay también muchas mujeres que aún estoy documentando pero casi todas están radicadas en el estado de la Florida.

Señalas en el texto introductorio a esta exposición la variedad política, social, racial, cultural, educativa y de todo tipo de las personas encarceladas. Como mismo hicieron Jorge Ulla y Néstor Almendros en su esencial Nadie escuchaba hay un especial énfasis en recordarnos que los presos eran lo mismo batistianos, miembros del Ejército Rebelde, del Movimiento 26 de julio, del Directorio Revolucionario, anarquistas, sindicalistas, negros, blancos, intelectuales, obreros, campesinos. Pero al mismo estas larguísimas penas de cárcel, y las condiciones terribles que sufrieron los acercaron en medio de sus diferencias. Forjaron una hermandad que se puede apreciar hasta el día de hoy. ¿Qué nos puedes decir sobre ello?   

Sí, contrario a lo que muchos creen, los expresos políticos cubanos no son un grupo homogéneo. Mi trabajo para este ensayo fotográfico incluye, por ejemplo, los retratos del coronel Ricardo Montero Duque y del poeta Jorge Valls. No puede haber dos figuras más antitéticas; Montero Duque fue uno de los militares a los que Batista confió la solución del problema rebelde en la Sierra Maestra, Jorge Valls en cambio era un revolucionario católico y socialista, opuesto radicalmente al gobierno de Batista. Ambos, Montero Duque y Jorge Valls, purgaron largas condenas en la cárcel política: el gobierno de Castro, fue igualmente despiadado con ellos. Montero Duque fue sentenciado a 30 años de los cuales cumplió 27, Valls fue sentenciado a 20 años, cumplió 20 años y 40 días. Expongo todo lo anterior para afirmar que a pesar de haber estado en antípodas ideológicas después de tantos años compartiendo la prisión, estos hombres terminaron siendo amigos, perdonando al otro y perdonándose a sí mismos. Es una historia de reconciliación realmente conmovedora, que debería servirnos de ejemplo al resto de los cubanos, no solo para el futuro, sino desde ya.

¿Me puedes hablar de algunas de las personas concretas que aparecen en esta serie? ¿Alguna anécdota que los defina más allá del grupo al que pertenecen?

Cada una de las personas de esta serie tiene una vida intensa y llena de anécdotas. Pero te pongo de ejemplo algunos casos que me parecen especialmente reveladores.

Kemel Jamís un cubano de origen libanés, fue sentenciado a 20 años de prisión y salió en libertad después de 14 años. Mientras Kemel estaba preso, su hermano el pintor y poeta Fayad Jamís, era el attaché cultural del gobierno de Cuba en México. Durante el tiempo que Kemel pasó en la prisión política, su cuñada en aquel entonces, estaba a cargo del Departamento de Derechos Humanos del MINREX cubano para las Naciones Unidas. Su trabajo consistía precisamente, en negar públicamente en foros internacionales a los que iba, en representación del gobierno cubano, que en Cuba hubiera prisioneros políticos.


Aquí va una anécdota contada por el propio Kemel Jamis:

“Mi cuñada en aquel entonces era la Dra. Marta Jiménez, viuda de Fructuoso Rodríguez, de cuyo matrimonio resultó Osvaldito Fructuoso. La breve historia como sigue: cuando salí de prisión en el año 1976, hice un viaje a La Habana, por petición de mis hermanos, llamé a Marta al MINREX, donde ella tenía el cargo del Departamento de Derechos Humanos ante ONU. En ese entonces viajaba a Suiza con frecuencia (todo esto según me cuentan mis hermanas). Una vez sentados frente a frente, en su oficina majestuosa, lo primero que me dijo fue: “¿cómo no te convertiste en revolucionario a través del Plan Camilo Cienfuegos?”. Inmediatamente le contesté que ella se refería al Plan de Trabajo Forzado de Isla de Pinos, donde muchos de mis compañeros fueron asesinados y otros sufrieron múltiples heridas, golpes a diario en condiciones infrahumanas, celdas de castigo en las cuales pasé alrededor un año. Se sorprendió y lo comprobé en sus expresiones. El régimen le mentía. Me pidió que antes de partir de La Habana para Santi Spíritus, escribiera las primeras cuartillas de mi relato. Como es de suponer no escribí nada. Yo desconfiaba de todo y todos. Acababa de pasar 14 años en distintas prisiones. Nunca más supe de mi ex cuñada”.

Ya sé que nada de esto es nuevo, pero a mí me parece un ejemplo terrible de cómo el régimen logró fragmentar a tal punto la sociedad y la familia cubana, de engañar a sus propios representantes.

Otro de los ejemplos que me vienen a la mente es el de Guillermo Estévez, es un caso que revela la arbitrariedad del sistema legal impuesto por Fidel Castro. Guillermo fue uno de los pilotos acusados en 1959 de haber bombardeado localidades civiles durante el conflicto entre los rebeldes y el ejército. En el juicio, que tuvo lugar en un tribunal de Santiago de Cuba, también se acusaba de similares cargos a los artilleros y mecánicos del ejército. La fiscalía nunca entregó el sumario de los cargos a la defensa hasta el mismo día del juicio. A pesar de ello, los abogados pudieron defender magistralmente a sus representados. Tanto así, que el tribunal revolucionario terminó absolviendo a los acusados unánimemente. Inmediatamente Fidel Castro, a través de los medios, proclamó el juicio nulo y exigió uno nuevo. Castro siendo abogado el mismo, sabía perfectamente la aberración jurídica en la que incurría. Se realizó un segundo juicio, el veredicto lo dio el propio Fidel: “Pilotos: 30 años; Artilleros: 20 años; Mecánicos: 2 años. Condenados todos a trabajo forzado”

Tres meses después, tras una intensa campaña de descrédito contra su persona, el fiscal del juicio, el comandante Félix Lugerio Pena, se suicidó. Guillermo Estévez fue condenado a 30 años, de los cuales cumplió 19 en diferentes prisiones  de la isla.

¿Qué sentido tiene para ti incluir en esta exhibición, junto a los retratos de los ex presos políticos, tres piezas de video arte que parecen alejarse del tema central de esta serie?

Siguiendo un recorrido en orden de la exposición, la muestra termina en una sala de videos. La curadora, Kristen Evangelista y yo, decidimos incorporar dos videos en los que se traduce, de una manera más libre y no en forma de documento, el tiempo mismo del poder.

Un último video es mi retrato de Orlando Zapata, esta es la obra que cierra, da conclusión a toda la muestra. El video sobre Orlando Zapata, muerto durante una huelga de hambre en el 2010, devuelve al espectador a la misma prisión política muchos años después. A los primeros presos políticos el gobierno los acusaba de no haber entendido la Revolución, de haber estado contaminados por los vicios de otra época, etc. ¿Qué sucedió entonces con Orlando Zapata? Un albañil negro, un proletario para el cual, al menos teóricamente, la Revolución se había gestado. Sin embargo terminó muriendo a manos del Estado cubano, en una huelga de hambre convertida por sus carceleros en huelga de sed. Hay testimonios que aseguran que el militar a cargo de la cárcel donde estaba Zapata, ordenó que le impidieran tomar líquido alguno, para de esa manera hacerlo abandonar la huelga de hambre. Orlando Zapata no cedió a esa presión ni a ninguna otra y murió a consecuencia de la huelga que duró 83 días.

La parte fotográfica de la exposición lidia con un tema del pasado más distante, de alguna manera congelado por el tiempo. La parte que contiene los videos, habla de un momento más actual, todavía vivo y en movimiento. Creo que era necesario devolver el tema al presente: es por eso que la exposición se concibió así.

¿Es esta serie solo una documentación o también lo ves como un homenaje?

Vae Victis Vanitas es una documentación y a la misma vez un homenaje. Confieso no ser optimista con relación al futuro de Cuba, quiero creer en una Cuba verdaderamente democrática y plural, pero no encuentro la fe. Sin embargo los ex-presos políticos, al menos los que yo he conocido, sí tienen esa fe. Y a juzgar por sus vidas parecen haberla tenido siempre. Me da un poco de vergüenza, porque yo no he sufrido ni sacrificado un ápice de lo que ellos sí han sufrido y sacrificado. Sin embargo, no tengo la confianza en el futuro que ellos tienen.

Pero es quizás mi aceptación de la derrota lo que me ha hecho documentar a estas personas. Si ya se ha perdido todo, entonces al menos nos queda la responsabilidad de contar las víctimas, ponerles nombre y rostro. Mostrar el precio, el costo humano sobre el cual se ha erigido el poder totalitario en Cuba.

Thursday, February 1, 2018

Vae Victis Vanitas

Con su serie fotográfica Vae Victis Vanitas el artista Geandy Pavón rinde homenaje a los sobrevivientes del brutal y poco documentado presidio político cubano del régimen castrista. Decenas de miles (las cifras que se dan no son más que meras aproximaciones) condenados en su mayoría a décadas de cárcel que cumplieron en su totalidad en condiciones infames y sin que apenas el mundo tuviera noticia de ello. O se diera por enterado como expuso el documental de Néstor Alemndros y Jorge Ulla Nadie escuchaba. El 31 de enero ha sido inaugurada dicha exhibición en la galería Ben Shahn de la William Paterson University y entre los rostros de conocidos luchadores se encuentra el del vicepresidente de la AHCE Israel Abreu. La muestra incluye, admás de fotografías en blanco y negro en gran formato tres piezas de video arte. La exhibición, que se extenderá hasta el 16 de marzo, incluye una conversación entre Pavón y el profesor Alejandro Anreus el martes 13 de febrero a las 6:00 pm en la propia galería.
[Si desea ver las imágenes ampliadas pinche sobre ellas]






































Monday, December 12, 2016

La estatua de José Martí en el Central Park


Por Geandy Pavón

La estatua de José Martí en el Central Park de Nueva York (en la sexta avenida y la calle 59), obra de la escultora norteamericana Anna Vaughn Hyatt Huntington, es tal vez la única escultura ecuestre del héroe independentista. Su creadora tomó como modelo una imagen creada por el pintor cubano Esteban Valderrama. Pero para ello Huntington se vio obligado a usar una reproducción fotográfica del  cuadro de Valderrama. La obra original, un óleo de gran formato, fue destruida por el propio autor después de recibir un sinnúmero de críticas y objeciones a su representación de la muerte de Martí. 
Un informe de 1938 de la Comisión Central Pro-Monumento consignaba: "El lienzo original, de gran tamaño, no existe ya: el señor Valderrama lo destruyó ante la insistencia de una crítica incomprensiva que señalaba caprichosos errores de inexactitud histórica, los cuales no existían; pero que en todo caso se referían a detalles de nula importancia. La conciencia artística del señor Valderrama es tan severa que, además de documentarse cuanto le fue dable, se trasladó a Dos Ríos y alojóse allí y todos sus bocetos fueron hechos a la hora de la trágica caída del Apóstol, colocando el modelo en la posición que los biógrafos declaran que ocupaba Martí y utilizando la luz en la dirección adecuada. Eligió, además, el mes de mayo, no obstante ser de lluvias y propenso a plagas en nuestros campos, y mal alojado, con todas las dificultades del transporte, llevó a cabo su obra sin otra ambición ni estímulo que su grande amor al Maestro y su fervor artístico, sin propósito alguno de lucro. Del lienzo solo quedan dos fragmentos: la cabeza del Apóstol, que tiene un gran vigor y está tratada de manera admirable y uno de los caballos que, también, es un acierto."
Huntington terminó la estatua en 1958, a la edad de 82 años. La escultura de Martí fue su último proyecto de escala monumental.  Es a partir de esa obra concluida que se inicia la historia siguiente, cuyos detalles pueden encontrarse en un reportaje de Gay Talese publicado en 1964 en The New York Times: "Cubans Fail in Attempt to Place Marti Statue".
El pedestal vacío
La escultura de bronce fundido costó 200.000 dólares de la época y fue presentada como un tributo de la artista Anna Vaughn Huntington y su multimillonario esposo Archer Milton Huntington, no al pueblo de Cuba, sino específicamente al Gobierno de Fulgencio Batista en la ciudad de Nueva York. Batista, en agradecimiento, donó 100.000 dólares para la construcción del pedestal de granito negro de una altura aproximada de cinco metros por 2,5 metros en cada lateral, cuyo diseño fue obra de la firma de arquitectos Clarke & Rapuano. (No era la primera vez que los Huntington donaban una escultura al gobierno de Batista. En 1956 el esposo de la escultora y fundador de la Hispanic Society of America Archer Hilton Huntington había donado el conjunto escultórico "El Relevo" al gobierno cubano, conjunto que fue instalado en el parque que se encuentra detrás de la Biblioteca Nacional, en la intersección de Ayestarán con 20 de Mayo. Debe añadirse que versiones de esa misma pieza fueron donadas a España durante la dictadura de Francisco Franco y todavía se encuentran instaladas en Madrid (en la Universidad Complutense) y Valencia (en la avenida Blasco Ibáñez.) 
Conjunto escultórico "El Relevo" de la artista Anna Vaughn Huntington ubicado en 20 de Mayo y Ayestarán, en La Habana



Pero en 1959, cuando estaba todo listo para colocar el monumento sobre el pedestal, triunfó la revolución cubana, y la entrada de los rebeldes en La Habana hizo que el Gobierno estadounidense detuviera el proyecto hasta poder determinar el curso que tomaría la joven revolución. Robert Moses, entonces comisionado de Parques de la ciudad de Nueva York, recibió una orden del Departamento de Estado de no erigir la estatua sobre el pedestal hasta nuevo aviso, dado el riesgo de que la inauguración del monumento pudiera leerse como un respaldo al Gobierno revolucionario de Fidel Castro.
La escultura fue trasladada entonces a unos almacenes en el sur del Bronx y custodiada por guardias de seguridad hasta 1965.
La artista en su taller trabajando en la escultura de Martí
Casi seis años estuvo el pedestal vacío entre los monumentos de Bolívar y San Martín, confundiendo a turistas y locales con inscripciones en inglés y en español refiriéndose a un héroe invisible.
En su lado oeste podía leerse: "JOSE MARTI: APOSTLE OF CUBAN INDEPENDENCE / LEADER OF THE PEOPLES OF AMERICA / AND DEFENDER OF HUMAN DIGNITY / HIS LITERACY GENIUS VIED WITH HIS / POLITICAL FORESIGHT. HE WAS BORN / IN HAVANA ON JANUARY 28, 1853 / FOR FIFTEEN YEARS OF HIS EXILE HE LIVED IN THE CITY OF NEW YORK. / HE DIED IN ACTION AT DOS RIOS IN / ORIENTE PROVINCE ON MAY 19, 1895".
Y en el lado este la inscripción en español: "JOSE MARTI:
APOSTOL DE LA INDEPENDENCIA / DE CUBA GUIA DE LOS PUEBLOS / AMERICANOS Y PALADIN DE LA / DIGNIDAD HUMANA SU GENIO / LITERARIO RIVALIZA CON SU / CLARIVIDENCIA POLITICA NACIO / EN HABANA EL 28 DE ENERO DE / 1853. VIVIO QUINCE ANOS DE SU / DESTIERRO EN LA CIUDAD DE NUEVA / YORK MURIO EN EL COMBATE DE / DOS RIOS PROVINCIA DE ORIENTE / EL 19 DE MAYO DE 1895".
Mientras tanto, los exiliados anticastristas hacían lobby en el Ayuntamiento de Nueva York —bajo el gobierno del alcalde Robert F. Wagner— para la instalación del monumento. Argumentaban que Martí era lo contrario de Castro, que era el George Washington cubano, que el monumento era una obra en honor a la libertad de Cuba frente al comunismo, que se trataba de un monumento al exilio…
Sin embargo, ningún razonamiento fue suficiente para lograr convencer a las autoridades. De manera que llegó el mes de septiembre de 1964 y el objetivo de los exiliados consistió en inaugurar el monumento el 10 de octubre, cuando se cumplía un aniversario del Grito de Yara de 1868.
Frustrados ante la negativa del alcalde y del Departamento de Estado, decidieron protestar de una manera muy singular.
La puesta en escena
El grupo de cubanos exiliados logró establecer contacto con los empleados del taller de Huntington en Connecticut, convenciéndolos para obtener de ellos un vaciado en yeso de un modelo de la escultura. El vaciado medía aproximadamente dos metros de altura y había servido de maqueta para la obra definitiva en bronce, de seis metros de altura.
Se habían propuesto instalar furtivamente la escultura de yeso sobre el pedestal de mármol negro en la Avenida de las Américas. La operación debería ser ejecutada en la madrugada del 10 de octubre de 1964. El modelo de yeso fue trasladado en una furgoneta, los exiliados se reunieron a  las 12:30 am del día anterior, y luego se acuartelaron en la residencia del líder del grupo, Enrique Abascal, en la West 72 Street.
El exiliado cubano Enrique Abascal
A las 2:00 am del 10 de octubre, el grupo de 15 hombres se reagrupó en la calle 67 para subir y reensamblar las cuatro partes de la escultura en la furgoneta. Hicieron, al parecer, mucho ruido, y discutieron mucho, por lo que terminaron despertando a una parte del vecindario, que decidió llamar a la policía. Y no tardaron en escucharse sirenas y alcanzaron a ver cómo seis patrullas de la NYPD bajaban por la calle 67 en dirección al grupo.
El doctor José M. García-Mazas, a nombre de quien estaban los papeles de la furgoneta rentada, fue el encargado de hablar con el sargento de la policía.
Luego de inspeccionarlo todo, el sargento dio a los agentes la inexplicable orden de retirarse.
Aproximadamente a las 3:00 am el grupo de exiliados volvió a reunirse, esta vez frente al pedestal en el Central Park. A esas horas el lugar estaba completamente desierto, solo un par de borrachos merodeaban.
El grupo de exiliados trató de subir la estatua al pedestal, pero no lo consiguió. Es obvio que no habían calculado la enorme dificultad que implica subir a una altura de cinco metros una figura de yeso de unas 600 libras. Lo intentaron una y otra vez, pero les fue imposible. Y, a eso de las 4:00 am, exhaustos y frustrados, llegaron a una solución aprobada unánimemente: quizás la escultura entera era demasiado pesada, pero al menos un pedazo se podría instalar.
Fue así como decidieron decapitar la estatua y colocar solamente la cabeza de José Martí sobre el pedestal.
El 10 de octubre de 1964 amaneció en el Central Park de Nueva York una cabeza blanca sobre un pedestal negro, custodiada por Simón Bolívar y José de San Martín. Abajo, tendido en el suelo, quedaban un caballo y un jinete sin cabeza.
La escultora Anna Vaughn Huntington en su taller  durante el proceso de creación de la estatua de Martí
No es descabellado pensar que la protesta tuviera el efecto esperado porque, ocho meses más tarde, el martes 18 de mayo de 1965, a las 11:00 am, se inauguraba finalmente el monumento a José Martí en el Central Park. La ceremonia estuvo presidida por Newbold Morris, el comisionado de Parques de la ciudad. La artista Anna Hyatt Huntington resultó galardonada con el City Medallion por Richard C. Patterson, comisionado de Eventos Públicos, en representación del alcalde de Nueva York. Y, entre los invitados a la ceremonia, se encontraba una amplia representación del exilio cubano. 
Una pequeña exégesis
Es inevitable el sentido metafórico de esta historia. El Martí centauro, inseparable de la bestia, el Martí ecuestre, es una construcción demasiado densa. El poeta es una cabeza sin cuerpo que canta, como el Orfeo asesinado en el monte Pangeo, adonde había subido para encontrarse con Apolo, de cara al sol, y de quien solo su cabeza pudo entrar al Olimpo después de ser decapitado por las ménades.
No en balde Esteban Valderrama destruyó su cuadro. No es casual que la imagen de un Martí heroico y a la vez moribundo se convirtiera en una fuente de controversias y malentendidos. Paradójicamente, es la tradición la que ha definido la estética revolucionaria. El héroe revolucionario no es un héroe caído, es por el contrario un héroe triunfante. Resulta mucho más llevadero el mártir que el héroe, pensando ambas definiciones en su sentido más estricto.
El Martí mártir es un testigo, es decir, alguien cuya muerte —y aún después de desaparecer físicamente— continúa dando testimonio de su fe, de su idea del mundo. Los héroes, en cambio, son criaturas larger than life. Los héroes, por definición, tienen un origen divino, una carga metafísica que pesa más que el yeso o el bronce.
Tanto los exiliados de este episodio como el propio Valderrama tuvieron que recurrir a una solución puramente iconoclasta: mutilar a Martí para despojarse de esa pesada carga que se activa al conjugar en una misma figura al héroe y al mártir.
Esa conjugación del héroe-mártir, esa extraña mezcla de padre fundador, guerrero, poeta, pensador y apóstol, todo ese fardo sobre los hombros de un único individuo, han hecho de Martí el fundador de una tradición revolucionaria que llega hasta nuestros días, sin permitir un espacio a ningún otro proyecto político que se salga de esos márgenes. Todos, absolutamente todos, los que han aspirado al poder político en Cuba, han reclamado su origen revolucionario, desde Tomás Estrada Palma, pasando por Machado y Batista, hasta Fidel Castro. Los exiliados anticastristas de esta historia también se veían a sí mismos como revolucionarios.
El cuerpo del héroe sobre un caballo, esa imagen patética y romántica, es la revolución; la cabeza, decapitada y sola, es la libertad.
Hace 58 años, Anna Vaughn Hyatt Huntington decidió regalar una estatua de José Martí a la dictadura de Fulgencio Batista. Casi seis décadas después, la actual directora del Museo del Bronx, Holly Block, gestiona, bajo la dirección de una institución pública como lo es ese museo, un grupo denominado "Amigos de José Martí", creado por ella con el único objetivo de recoger fondos por el monto de 2,5 millones de dólares para regalar una réplica de la misma escultura a otra dictadura cubana.

[Este artículo apareció previamente publicado en Diario de Cuba y El Nuevo Herald y se reproduce aquí con algunos añadidos por autorización expresa del autor]