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Thursday, August 30, 2018

El totalitarismo que nos atiende


Por Octavio de la Suareé
 
 “El compañero que me atiende (Selección y prólogo de Enrique Del Risco): Editorial Hypermedia, 2018, 480 páginas”.

       Con una llamativa portada de Herman Vega Vogeler basada en una imagen del pintor surrealista belga Rene Magritte (‘Peregrino‘) y que subraya la universalidad del tema y también establece la incógnita del personaje en cuestión, Enrique Del Risco da a la imprenta una colección de muy interesantes escritos. Todos ellos aparecen reunidos aquí bajo el epígrafe de El compañero que me atiende, eufemismo de una cita de Leonardo Padura que bien sabe de lo que se trata, pues están relacionados con la estricta vigilancia y la falta de libertades civiles que existe hoy día en la Cuba monárquica y anti-democrática. 
Esta obra responde a la interrogante de cómo se puede escribir bajo la represión que existe en Cuba a partir de 1959 e intenta “exponer cómo hacerlo bajo ese policía de
cabecera, un ser que presume de invisibilidad”. Pues de eso es precisamente el asunto de este ingenioso libro que el crítico califica de “género totalitario policiaco”, con el propósito, en sus propias palabras, de “recopilar una mínima parte de las aportaciones cubanas a un género anunciado ya por /Franz/ Kafka desde las primeras páginas de El proceso” y más adelante continuado por George Orwell en su conocida fábula 1984.  O sea, de esa meticulosa atención y cuidado especial que el totalitario y represivo gobierno impone sobre cada artista o escritor sospechoso de no seguir al pie de la letra la política del Partido Comunista de la isla, como si sus ciudadanos no fuesen más que enfermos que necesitaran la atención de un médico o siquiatra de cabecera.
       Esta atractiva antología atrae de inmediato la curiosidad del interesado en la literatura cubana e hispanoamericana como también en la actual discusión sobre el papel que desempeña la democracia en las sociedades modernas por diversidad de motivos, entre los que sobresalen los siguientes. En primer lugar,  por encontrarnos aquí con la creación de un nuevo género literario, caracterizado –como señala su autor-, “por la ausencia del crimen y por lo difuso… del castigo.
Este indefinido “género totalitario policiaco” difiere del tradicional “policiaco totalitario”, o sea, de la versión totalitaria del policiaco occidental o, si se prefiere, de la versión policiaca del realismo socialista, ese responsable directo del encadenamiento de una tercera parte de la población mundial. Asimismo, por “las peculiares relaciones entre los supuestos criminales y los agentes de la ley, agentes menos preocupados por el castigo de sus perseguidos que por su salvación”.
       En segundo lugar, por la enjundiosa variedad de composiciones que se encuentran representadas; hay cincuenta y siete autores cada uno con su particular aportación, incluyendo ensayos, artículos, cuentos, poemas, pinceladas, diálogos, entrevistas, poemas en prosa, etc. En sus páginas, aparecen escritos relacionados con el género fantástico, otros dedicados a la ciencia ficción, unos de humor y algunos de recreación de realidades paralelas, todos ellos producto de la imaginación del cubano por trascender la inmediata y odiosa realidad que enfrentan a diario.  A la vez estas obras tienen en común el asunto  de las relaciones entre los dos protagonistas, algunos desde el punto de vista bien del vigilante o bien del sospechoso y a veces el de testigos confundidos. Así, entre los ejes temáticos del género, se observa la vigilancia, el interrogatorio, la intimidación, la invitación a colaborar con el despreciable régimen, los arrestos, y, por último, el reencuentro de la víctima con el vigilante años después.  Se debe asimismo destacar que esta colección ha sido dividida en cuatro partes, cada una relacionada con un período de la reciente historia de Cuba a partir de la caída de la República en 1959. Así nos hallamos frente a los primeros cinco artículos en la sección que abre el libro: de 1959 a 1979, con un totalitarismo limitado; siguen once trabajos sobre la década de los ochenta, cuando la revolución y la represión ya han sido establecidas, y 14 más sobre la década de los noventa, cuando comienzan las dudas e interrogaciones, para concluir con 27 aportaciones más en la parte final, ‘Después del dos mil’.   
       Es de esta última sección de donde extraemos el tercer motivo de la obra que debe Interesar a todo hispano-hablante amante de la libertad, en especial si reside en los Estados Unidos. Nos referimos al urgente llamado de alerta de su autor (Cargaré con la cruz del compañero de Néstor Díaz de Villegas) para prevenir al lector sobre los funestos resultados que pueden suceder cuando el ciudadano de cualquier país democrático se deje llevar por las consignas en boga en determinado momento y deje de pensar por sí mismo. Dice así, al encontrarse con la sorpresa de “ese compañero que nos atiende” en una universidad norteamericana, exiliado ya en los Estados Unidos:


Hela aquí otra vez, la certeza inconmovible, la convicción cuasi religiosa. Su ropa cuenta la consabida historia de falsa modestia, de recato militante ( ¿No es cualquier uniforme la expresión de la entrega a la causa de moda? ), también una historia de rebajas, no comerciales, sino espirituales, el deseo de ser menos, de creerse menos –y hacérselo creer a los otros.


       Son éstas, en resumen, las nuevas encarnaciones del espíritu totalitario moderno, “multiplicadas en variantes menos profesionalizadas, más fanáticas” del “compañero que nos atiende” y que se pueden hallar en cualquier lugar. Todas ellas vuelven a perseguir con saña el menor ‘diversionismo’, el más mínimo desvío del sentido histórico y social que asumen como inevitable. Como sagazmente concluye el antólogo: “Su objetivo no es el de la sociedad sin clases como pretendía el ideal comunista, sino construir un mundo libre de toda incorrección política”.
    



                                                                            
William Paterson University.
                                                                                    
Agosto de 2018                         

Wednesday, December 20, 2017

La porcelana en el escaparate


Por Octavio de la Suarée                                             

     La porcelana en el escaparate, novela sin amor al amor (La Habana: El Dante, 1927), fue la primera novela de su autor –Octavio M. Suárez y Tirapo, mejor conocido como Octavio de la Suarée.
    La novela trata de las vicisitudes de un joven habanero, Oscar Sánchez, que un buen día capta la mirada de una bella joven que viaje en el tranvía del Cerro - Parque Central en La  Habana, y se enamora perdidamente de ella. Siguen entonces sus peripecias para acercarse a la muchacha y llegar a conocerla, teniendo en cuenta de que solo la veía cuando pasaba en el tranvía camino a la escuela y cuando regresaba de allá para su casa.  La belleza, elegancia y fragilidad de Eulalia Rossi –pues así se llamaba-- hace que la bautice con el sobrenombre de “la porcelana”. Con muchos esfuerzos, Oscar se entera de que la joven cursaba sus estudios en la Escuela Normal para Maestras de la Habana y hacia allí se dirige por las tardes para observarla al salir del recinto. Entablan amistad y desde ese momento Oscar ya no puede ni quitársela de la cabeza ni dormir de noche. Las relaciones entre los jóvenes tienen sus altos y bajos y en uno de ellos, el protagonista publica en un periódico local una “Carta a Eulalia” –sin apellido, por supuesto, que termina en un malentendido complicando el estado de sus relaciones entre ambos. El joven se decide ir a conocer a la familia de la joven en su propia casa para aclarar la situación y hacia allá se dirige, en compañía de un médico amigo sin invitación alguna. De contra, fingen la creación de una cuenta de muchos pesos pendiente contra la familia para justificar allí su presencia y como era de esperarse aquello complica más aún el asunto, hasta el punto que Eulalia termina en el hospital. Y aquí se complica aún más la trama.
     La novela está dividida en dos partes; la primera trata de “el hombre, el destino, la porcelana, el ‘níckel’ simbólico, la revancha, la intriga, la prueba, jaula de monos, cabeza abajo, el amor con muletas y triquitraques”; mientras que en la segunda se encuentran “en familia, la doctrina y alfileres de punta”.
       Cuando se publica La porcelana en el escaparate en 1927 La Habana ya venía sufriendo los desmanes del general Gerardo Machado y la obra con su provocadora portada de una coqueta colegiala de la Escuela Normal para Maestras y su singular dedicatoria no hace más que inflamar los acontecimientos. Ahí se leía: “Este libro ingenuo, que no podrá ser leído por las doncellas… porque ya no existe ninguna, se escribe: Para la mujer honrada que no ha nacido todavía. El Autor”.  Por supuesto, la inmediata denuncia del superintendente de las Escuela Públicas, el Dr. Ramiro Mañalich, no se hizo esperar y el autor fue detenido seguidamente y conducido a la cárcel de La Habana. Para colmo, en el libro se tildaba de “burros” a todos los presidentes de la república.  Después de unas explicaciones del autor,  el cargo de injurias y calumnias se cambió por el de publicación clandestina, ya que la imprenta había olvidado identificarse en la publicación.  No obstante, La Suarée fue condenado a dos meses y un día de prisión que cumplió en el castillo de El Príncipe. Con toda esa publicidad recibida, La porcelana en el escaparate empezó a venderse como pan caliente pues el público sospechaba que probablemente habría más acusaciones contra el gobierno cuando había sido necesario encarcelar al escritor y a los impresores.  La obra fue defendida, entre otros, por Ramón Vasconcelos desde el periódico El país en su artículo “Una novela, Una Normalista y un Gramo de Bromuro”.
     Octavio de la Suarée (1903-1994) nación en Cárdenas, provincia de Matanzas, y desde los dieciséis años comenzó su carrera de periodista. En 1921 se mudó a La Habana donde trabajó en los periódicos “El Día”, “Finanzas”, “El Liberal”, el radio periódico “Jamalaya”, “la Unión Nacionalista” y “La Voz”,  donde libró una campaña tan tesonera a favor de “Cuba para los cubanos” que, al interrumpir su publicación el periódico al ser promulgado por el Presidente Grau en 1933 el  Decreto-Ley del 50 por Ciento, las turbas asaltaron el edificio tratando de incendiarlo en represalia por la suspensión de aquella sección de La Suarée.  Más tarde, después de un viaje de cuatro años por Europa donde visitó Francia,Bélgica y España (1929-1933), publicó otra novela, En el país de las mujeres sin senos”, libro valiente y de vibrante estilo, al decir de otro crítico.
     Al mismo tiempo que el periodismo, Octavio de la Suarée ha cultivado las bellas artes, siendo autor de poemarios, ensayos artículos, cuentos, crítica y obras docentes, que le han valido reputación y provecho. Fue designado profesor de francés en la Escuela Profesional de Periodismo “Manuel Márquez Sterling” (1943) y se ha ocupado también de la secretaría de la institución y se encargó de dictar interinamente las Cátedras de Psicología y Moral Ética del Periodismo en las que triunfó, siendo asimismo autor del primer texto de “Psicología aplicada al periodismo (Cultural, 1944) que se haya escrito en el mundo.  Le siguió “Moralética del Periodismo”.
     Octavio de la Suarée está considerado asimismo uno de los tres precursores de la Escuela de Comunicación Moderna del Periodismo en Hispano América y varios de sus libros todavía se utilizan como libros de texto en varias universidades de Hispano América.


Octavio de la Suarée, hijo
William Paterson University

20 de diciembre de 2017.

Monday, September 19, 2016

“Antes de Cuba Libre. El surgimiento del primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma”

            
Margarita García: “Antes de Cuba Libre. El surgimiento del primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma” (Madrid: Betania, 2015, 200 páginas).

Por Octavio de la Suarée
La reciente publicación de Margarita García, profesora emérita de Montclair State University en New Jersey, Antes de Cuba Libre: El surgimiento del primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma, llama la atención del interesado en la historia de Hispano América por muchos motivos pero, en especial, por 3 razones principales. En primer lugar, por la novedad de dedicarse al estudio de una de las figuras más polémicas hoy día en la historia de la República de Cuba desde su establecimiento a principios del Siglo XX; asimismo, por concentrarse en la formación, desarrollo y actuación de Tomás Estrada Palma en el período inmediatamente anterior a ser electo Presidente de Cuba in absentia a finales de 1901, una de sus etapas menos estudiadas; y, por último, por tratarse de la siempre interesante Isla en este momento en que los líderes de Cuba y Estados Unidos logran un entendimiento y dan por concluidos los motivos que mantenían a los dos países separados por más de medio siglo.
A Tomás Estrada Palma se le conoce mayormente en la historia de Cuba por su participación en 2 acontecimientos notables a principios del siglo pasado; primero, como Presidente de la República de 1902 a 1906 y por igual como el responsable de la intervención de las fuerzas armadas norteamericanas entre 1906 a 1909. Mucho se ha especulado sobre esta complicada acción suya y la autora de la obra, Margarita García, no ofrece excusas en defensa de Estrada Palma de pedir ayuda norteamericana, decisión que le cuesta al presidente su monumento en La Habana y su lugar en la revisionista historia del actual gobierno de Cuba. Sin embargo, con la perspectiva que nos brinda ya más de un siglo transcurrido desde entonces, hay que tener presente que aquella época se caracterizaba por la expansión territorial de Europa Occidental y de los Estados Unidos en busca de nuevos mercados económicos. A la vez la despreciada Enmienda Platt a la Constitución cubana ya se encontraba vigente. Por otro lado, como sí indica la profesora García, varios otros hechos de naturaleza personal en la vida de Estrada Palma ofrecen más luz sobre el tema y quizás pudieron haberlo inclinado a tomar tal medida, incluyendo los más de 15 años que pasó viviendo en Estados Unidos; el desarrollo de su vida y su aclimatación en Central Valley, New York, como Director del Instituto Estrada Palma; la realidad de que casi todos sus hijos fueran nacidos y se formaron en este país; el hecho de que, como Delegado de la Junta Revolucionaria Cubana a la muerte de José Martí, Estrada Palma ya estaba en contacto con la administración norteamericana a través de su abogado y los miembros de su Delegación en Washington, D.C.; y, por último, su admiración por la joven y fuerte nación que ayuda a conseguir la Independencia de su patria y pone fin al colonialismo español en las Américas.
La profesora García estudia la vida y obra de Tomás Estrada Palma solamente desde su nacimiento hasta su llegada a La Habana para tomar posesión de la Presidencia el 20 de mayo de 1902, sin entrar en su actuación como presidente, lo cual excluye el reconocimiento de sus méritos como estadista, entre ellos, el reducir a solo Guantánamo el interés de los Estados Unidos de establecer 7 bases militares en la isla; el conseguir que Isla de Pinos –ambicionada por los norteamericanos- permaneciera como parte del territorio de la República de Cuba; y su intachable honestidad demostrada en el hecho de que el Tesoro de la República mostrase un superávit al final de su periodo en 1906. La obra se halla dividida en 4 partes teniendo en cuenta las 4 facetas más importantes de su vida, a saber, su labor como patriota, como maestro, como Delegado del Partido Revolucionario Cubano y, por último, los acontecimientos personales ocurridos en el período de 1898 a 1902, que mucho van a influir en su futuro.Sus esfuerzos como patriota por la causa de la independencia cubana son muy conocidos por todos hoy día, comenzando con su participación en la lucha desde el inicio de la Guerra de los Diez Años en su natal Bayamo y en Yara, su actuación como miembro de la Asamblea de Diputados durante todo el conflicto y el hecho de que es Presidente de la República de Cuba en Armas cuando cae prisionero de las fuerzas españolas en 1878. Los 18 meses siguientes que pasa en prisión los va a aprovechar para el desarrollo de sus teorías sobre la educación, ideas que implementa a su regreso de Honduras donde establece familia y pasa unos 5 años dedicado a la enseñanza y en el desempeño de varias funciones gubernamentales. De vuelta en Central Valley comienza ahora la década más productiva de su vida, primero como director del exitoso Instituto Estrada Palma, donde cursan estudios alumnos de familias cubanas, latinoamericanas en general y asimismo norteamericanas. Estrada Palma – señala el crítico- se refería al nuevo mundo “’como dividido en dos razas, la anglosajona y la latina’, pero que ‘los dos grupos, por sus instituciones republicanas y por los sentimientos democráticos que inspiran igualmente a todos sus ciudadanos, forman una sola comunidad’. La escuela, esperaba él, ‘sería un lugar de contacto cordial y fructífero entre los hijos de las diferentes divisiones del hemisferio occidental; porque bien se sabe que las impresiones que se despiertan y los lazos de amistad que se adquieren en el aula constituyen las más memorables reminiscencias de la vida’. Su objetivo, pues, era el de ‘propagar el conocimiento de inglés entre los latinoamericanos y el conocimiento de español entre los anglosajones”. Por desgracia, como indica Margarita García, no existen detalles de teoría educacional de Estrada Palma aparte de sus ideas sobre la importancia del bilingüismo y el biculturalismo, pero sí se puede obtener una “excelente descripción de la atmósfera de la escuela y de los objetivos del curso de estudio gracias a la pluma de José Martí, que visitaba frecuentemente Central Valley. Éste, en un artículo publicado en la revista Patria, describe que la escuela en el “majestuoso y saludable valle” transforma rápidamente a los latinoamericanos en jóvenes que hablan “inglés puro” y que componen correctamente sus ideas en español, en francés y en inglés”. Añade además que “la cultura y el idioma del país anfitrión deben aprenderse, “porque aquellos que no lo hacen son hombres sin brújulas, partidos por la mitad, nulos para los demás y para sí; no benefician al país en que han de vivir y no saben beneficiarse de él”.
No obstante, el Apóstol de la Independencia cubana, estaba trabajando muy duro en su empeño por unir a los cubanos para una nueva lucha por la independencia y en septiembre de 1887 fue a reclutar a Estrada Palma a Central Valley. Hacía falta – le dijo- que una persona de la reputación de Don Tomás apareciera en público en apoyo a la causa. Y desde ese momento Estrada Palma empieza a desatender los asuntos del Instituto y a compenetrarse más aún con la causa cubana, y al morir Martí en Dos Ríos en 1895 abandona definitivamente el Instituto y se muda a Nueva York ya electo Delegado de la Junta Revolucionaria Cubana. Es ahora cuando el patriota y el maestro comienza a demostrar sus cualidades de delegado como conciliador entre los diferentes grupos cubanos, como recaudador de fondos, como organizador de expediciones armadas y como diplomático tratando de obtener el reconocimiento del gobierno norteamericano para Cuba como ‘país beligerante’, lo cual evitaría la persecución de sus guardacostas, entre otras obligaciones. La última parte del libro se concentra en el retorno de Estrada Palma a Central Valley tratando de volver a levantar el Instituto, su interés de permanecer en Estados Unidos durante la Guerra Hispano Americana y después, la visita de Máximo Gómez instándolo a postularse como candidato presidencial en las próximas elecciones de diciembre de 1901, y, finalmente, su entrada triunfante en Cuba como presidente electo de la joven nación. Tenemos entendido que habrá 2 versiones de este libro, una en español – la que nosotros reseñamos- y otra en inglés próxima a publicarse. La edición en castellano es de bolsillo, con una bella portada de Paul Caicedo, que muestra la isla de Cuba vista desde el espacio. Asimismo, la obra contiene una foto de Tomás Estrada Palma sentado en la silla presidencial, una bibliografía y un índice onomástico. Esperemos que esta obra sea difundida por toda la isla en breve para que el pueblo cubano pueda darse cuenta al fin del engaño a que ha sido sometido en la figura de Tomás Estrada Palma por el régimen castrista, salga de su ignorancia y rectifique su error.