Wednesday, May 30, 2018

MENSAJE A LOS ARTISTAS Y ESPECTADORES DEL TEATRO CUBANO DEL EXILIO



Querido teatrista y espectador:
       
Recientemente hemos experimentado dos hechos importantes que han resaltado la actividad teatral. En primer lugar, la celebración del Día Mundial del Teatro; y, en segundo lugar, los debates que circulan en las redes sociales, a raíz del proyecto Macrodirectores, en torno/versus al teatro que realizan los exiliados cubanos en Miami.
En medio de esta polémica que, en cierta forma, estremeció a los teatristas cubanos del exilio --y recordando que en el día del teatro universal nos unimos en un gran saludo--, se impone la necesidad de reflexionar y articular esfuerzos para celebrar este 30 de mayo, por sexto año consecutivo, el DÍA DE LA DRAMATURGIA Y DEL TEATRO DEL EXILIO CUBANO, una fecha ideada por Eddy Díaz Souza (Artefactus) y Pedro Monge Rafuls (OLLANTAY Center for the Arts), pero que pertenece a todos los que disfrutamos y contribuimos al teatro cubano del exilio.
La fecha seleccionada para celebrar el Dia de la Dramaturgia y del Teatro del Exilio Cubano, el 30 de mayo, fue seleccionada, porque marca el aniversario de la muerte del Prof. José A. Escarpanter, el primer crítico e investigador de la dramaturgia cubana que se escribe fuera de la Isla.
El propósito fundamental de esta celebración es contextualizar espacios de promoción y reivindicación de la dramaturgia y los artistas (dramaturgos, directores, actores, diseñadores, etc.), a través de la interacción entre creadores y ciudadanos. De ahí que pensemos en la importancia de celebrar de forma pública, participativa y plural, si es posible, en una obra o un evento, que celebre este día especia, pero también de forma personal, tal como se hace por ejemplo con el Día Internacional del Teatro, cuando los teatristas se celebran entre sí, o la audiencia celebra a los teatristas.
Te invitamos a llamar, o a escribir notas de felicitación, el miércoles 30 de mayo, a los artistas que contribuyen al teatro cubano del exilio, bien sea porque son actores, diseñadores, luminotécnicos, dramaturgos, directores, etc. Felicítalos por su labor, apoyando esta difícil, pero bella labor que realizan. También, te invitamos a felicitar a todos los amantes del teatro cubano del exilio.
Unámonos para celebrar la sexta aclamación del DÍA DE LA DRAMATURGIA Y EL TEATRO CUBANO DEL EXILIO.
 Atentamente,
 Eddy Díaz Souza, Artefactus, Miami
Pedro R. Monge Rafuls, OLLANTAY Center for the Arts, New York

Thursday, May 24, 2018

INVESTIDOS CINCO NUEVOS MIEMBROS DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO, CORP.

El pasado 19 de mayo tuvo lugar el primer Acto de Investidura en California de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp. El mismo tuvo lugar en el Chicano’s Researches Center de la East Los Angeles Public Library, en dicha ciudad californiana. Fueron investidos como nuevos académicos Norma Montero, Roberto Álvarez Quiñones, Manuel Gayol Mecías, Ángel Marrero y Aurelio de la Vega. No pudo asistir al acto por razones de salud el académico electo Cristóbal Garau y Rodríguez.
El acto comenzó con las palabras de bienvenida del Lic. Martín Delgado, Director de la biblioteca sede del evento, quien destacó la importancia de la labor de la institución que dirige no solamente como un lugar para catalogar y cuidar libros que poner a disposición de los lectores, sino como centro cultural comunitario donde se celebren actividades que vayan mucho más allá de la lectura. Finalmente, felicitó a los nuevos académicos y dejó aclarada su disposición a colaborar con la AHCE en eventos futuros.
De inmediato se procedió a la lectura de los discursos de investidura de los nuevos miembros. La primera en leer fue la Lic. Norma Montero quien ha cursado cuatro licenciaturas: tres en su natal Cuba (la primera en Filosofía, la segunda en Educación y la tercera en Ciencias Bibliotecarias) y otra también en Ciencias Bibliotecarias en los Estados Unidos, donde además obtuvo sus credenciales de maestra. Durante 10 años fue bibliotecaria de la Colección Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí en La Habana, donde desarrolló una importante labor de investigación, clasificación y preservación de obras de autores cubanos. Dicha dedicación la traspasó al exilio, donde llevó a cabo una tarea semejante con relación a los autores cubanos desterrados. Ha sido directora de varias bibliotecas del sistema público de Los Ángeles, y educadora de niveles varios hasta su jubilación en 2015. Fue Presidenta del Patronato José Martí entre 1996 y 2005, una de las instituciones más importantes del exilio cubano.
Le siguió el Lic. Roberto Álvarez Quiñones, periodista, economista, escritor y profesor. Se licenció en Historia en la Universidad de La Habana. Autor de ocho libros de temas históricos, económicos, y sociales, editados en EE.UU, Venezuela, Cuba y México. Fue profesor de Historia de la Prensa en la Universidad de La Habana, y de Historia de las Doctrinas Económicas en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Ha impartido cursos de post grado y conferencias en universidades e instituciones académicas de Latinoamérica y Europa. Durante 12 años fue editor y columnista del diario “La Opinión” de Los Angeles, California. Analista económico del canal Telemundo de la TV. Escribe para medios hispanos de EE.UU, España y Latinoamérica. Ha obtenido 11 premios de Periodismo.
El Lic. Manuel Gayol Mecías fue el siguiente orador. Director y editor de la revista digital Palabra Abierta. Licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericana, en la Universidad de La Habana. Investigador literario de la Casa de las Américas. En 1992 obtuvo el Premio Nacional de Cuento del Concurso UNEAC. Y en 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano, de Nueva York. Por más de 17 años fue editor en el diario La Opinión, de Los Ángeles. Miembro del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio. Vicepresidente de Vista Larga Foundation, y miembro del consejo de redacción de la revista Puente de Letras (Miami/Cuba). Algunos libros publicados: Retablo de la fábula (poesía); La noche del Gran Godo (cuentos); dos novelas: Ojos de Godo rojo y Marja y el ojo del Hacedor. En el género ensayo tiene publicados La penumbra de Dios y Las vibraciones de la luz. De reciente factura tiene Amor de Historia antigua o La trémula luz de los espejos, en un género mixto que él llama cuentinovela.
Continuó el ciclo de lecturas el Lic. Ángel Marrero, nacido en 1960 en Guantánamo, Cuba. Es un artista plástico graduado de FIDM (Fashion Institute of Design and Merchandise) con una especialidad en Diseño gráfico y espacial. Ha formado parte de exhibiciones personales y de grupo en New York, Miami, México y Los Ángeles donde radica actualmente. Su trabajo con la imagen tanto a nivel gráfico como artístico lo ha conducido paralelamente a acercarse al estudio de la simbología en el contexto perenalista que a la vez le ha adentrado en una investigación iconográfica de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre. Como parte de ese trabajo sobre un tema básico de la historia y la nacionalidad de Cuba, ha publicado artículos e impartido charlas en distintas bibliotecas de Los Ángeles.
Por último hizo uso de la palabra el Dr. Aurelio de la Vega nacido en La Habana en 1925 y ciudadano norteamericano en 1966. Desde principios de los 50 ha sido una figura importante en la cultura cubana y, una vez en el exilio, de la hispana de los Estados Unidos y en la escena musical latinoamericana. Compositor, musicólogo, educador e infatigable activista cultural, su fama trasciende las fronteras y las épocas. En Cuba fue, entre otras funciones importantes, Decano de la Escuela de Música de la Universidad de Oriente, Asesor del Instituto Nacional de Cultura, y Vicepresidente de la Orquesta Filarmónica de la Habana. En la esfera internacional, fue Presidente del Consejo de Música Cubana de la UNESCO, Tesorero de la Sección Cubana de la Asociación Interamericana de Música, Segundo Vicepresidente del Centro Interamericano de Música de la Organización de Estados Americanos, Presidente de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea en su sección de la costa oeste de los EE.UU. y un largo etcétera. Su música ha sido ejecutada en destacadas salas de conciertos de múltiples países, grabada en discos y videos de gran éxito y sus partituras archivadas en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
El discurso de respuesta a los investidos estuvo a cargo del Dr. Octavio de la Suarée, Secretario de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp. y editor del Anuario Histórico Cubanoamericano, que publica nuestra institución. Entre sus libros publicados se destaca La obra literaria de Regino E. Boti, considerada el estudio fundamental publicado hasta ahora sobre el destacado escritor cubano.
El Resumen del Acto de Investidura y la entrega de los diplomas correspondientes estuvo a cargo del Dr. Eduardo Lolo, Presidente de la AHCE, miembro de la Junta Directiva de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y Comendador de la Imperial Orden Hispánica de Carlos V de la Sociedad Heráldica Española. El Dr. Lolo dio la bienvenida oficial a los nuevos académicos y destacó la importancia de trabajar en pro de un registro histórico fidedigno del avatar cubano que aclare las manipulaciones, los escamoteos y las falsificaciones de la historiografía castrista a fin de que las próximas generaciones de cubanos tengan una visión real de nuestra historia.

Wednesday, May 16, 2018

La Academia de Historia de Cuba en el Exilio Llega a California*

Revista Digital Latina desde 1998
Los Angeles, California

California tendrá a partir de mayo de 2018, su capítulo de la Academia de Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Destacadas personalidades locales serán investidas como nuevos miembros de la institución, mediante un evento especial que se llevará a cabo en la Biblioteca Pública del Este de Los Angeles.

Manuel Gayol Mecías...
Manuel Gayol Mecías
Los académicos de California son Norma Montero, ex directora de numerosas bibliotecas públicas del sur de California; Roberto Alvarez Quiñones, periodista de vasta experiencia especializado en temas cubanos y económicos; el arquitecto Cristóbal Garau y Rodríguez; el escritor y periodista Manuel Gayol Mecías, autor de novelas y ensayos y director de la revista digital PalabrAbierta.com; el artista plástico y director la Guía Cubana, Angel Marrero; y el Dr. Aurelio de la Vega, prominente compositor clásico y profesor emérito distinguido de la Universidad de California en Northridge.

Dr. Eduardo Lolo...

El presidente de la Academia de Historia de Cuba en el Exilio es el Dr. Eduardo Lolo, quien también es miembro de la Junta Directiva de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Lolo fue además investido Comendador de Número de la Imperial Orden Hispánica de Carlos V de la Sociedad Heráldica Española, distinción que se otorga a quienes “por su calidad, prestigio y defensa de la Hispanidad se hagan merecedores de ello”.
   

El evento de investidura, presidido por el Dr. Lolo, se llevará a cabo a las dos de la tarde del sábado 19 de mayo de 2018 en la Biblioteca Pública del Este de Los Angeles (4837 East, 3rd. St, Los Angeles, CA 90022. Tel. 323-264-0155). Las palabras de bienvenida estarán a cargo del director de la biblioteca, Martín Delgado.


*Tomado de Contacto Magazine

Tuesday, May 8, 2018

Acto de investidura en Los Angeles

ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO, CORP.
Email: directiva@academiahce.org
P.O. BOX 521364
Flushing, NY 11352

La Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp. invita a todos sus asociados, así como a los miembros de las organizaciones cubanas del exilio en el área de Los Ángeles (CA), a acompañarnos en el

ACTO DE INVESTIDURA DE LOS NUEVOS ACADÉMICOS
Lic. Norma Montero,
Lic. Roberto Álvarez Quiñones,
Arq. Cristóbal Garau y Rodríguez,
Lic. Manuel Gayol Mecías,
Lic. Ángel R. Marrero y
Dr. Aurelio de la Vega

que tendrá lugar el sábado 19 de mayo, a las 2:00 PM, en el salón de actos del Chicano’s Researches Center, de la
East Los Angeles Public Library
4837 E. 3rd. Street,
Los Angeles, CA 90022
Tlf.: (323) 264-0155

PROGRAMA

Palabras de bienvenida de Martín Delgado, Community Library Manager.
Breves discursos de investidura de los nuevos académicos.
Discurso de respuesta del Dr. Octavio de la Suarée, secretario de la AHCE.
Entrega del Diploma de Membrecía a los nuevos académicos y conclusión del Acto de Investidura por el Dr. Eduardo Lolo, presidente de la AHCE.
Refrigerio por cortesía de Los Amigos de la East LA Public Library
QUEDAN TODOS INVITADOS

Wednesday, May 2, 2018

"El compañero que me atiende" en NYU este viernes

El Centro Cultural Cubano de Nueva York


le invita al lanzamiento de


EL COMPAÑERO

QUE ME ATIENDE


una antología sobre la vigilancia omnipresente
en la Cuba revolucionaria



Con la presencia de los autores Jorge Ignacio Domínguez, Alexis Romay, Ricardo Arrieta y Enrique Del Risco.

VIERNES 4 de MAYO, 2018
7:15 PM


NEW YORK UNIVERSITY
19 University Place,  NYC
GREAT ROOM ~ FIRST FLOOR

FREE ADMISSION

Monday, April 30, 2018

Respuesta al discurso del académico Jorge Ignacio Domínguez*

Por Enrique Del Risco
Como a cualquier historiador de raza a Jorge Ignacio Domínguez le apasiona hurgar en detalles que no le interesan a nadie para hablarnos de asuntos que nos atañen a todos. Sus obsesiones se nos revelan entonces no como majaderías sino como nudo esencial de un tejido de causalidades que nos justifican como habitantes de alguna provincia del universo. Historiadores como Domínguez viajan al pasado no para revolverlo –como buscando algún escándalo fósil- sino para poner las cosas en su lugar, un lugar que hasta ahora mismo ignorábamos. Un lugar que por muy cómodo que nos resulte termina siendo, como nuestro investigador demuestra, esencialmente falso.
Algo así ocurre con su estudio sobre la figura de Rodolfo de Lagardere y la polémica que sostuvo con Benjamín de Céspedes a raíz de que publicara el libro La prostitución en la ciudad La Habana. Lo de menos es la relativa fama del libro que en 1888, a apenas veinte días de publicado ya alcanzaba los dos mil quinientos ejemplares vendidos, cifra mostruosa para la época. Tampoco importa el olvido con que la posteridad ha cubierto a su contradictor. Lo importante acá es lo que representan las dos posiciones a debate. En este caso el libro de Benjamín de Céspedes se presentaba en sociedad nada menos que con un prólogo de Enrique José Varona. Varona era a la sazón miembro del Partido Autonomista –organización que arde en el infierno de los historiadores partidarios póstumos del independentismo- pero la redención posterior de Varona como sustituto de Martí al frente del periódico Patria; como arquitecto del sistema educativo de la república; y como crítico del autoritarismo de Machado lo convierten en un intocable del discurso nacionalista, sea castrista o su reverso. Del otro lado del debate hallamos a un periodista “mulato nacido en Barcelona, integrista a ultranza, católico ultramontano y enemigo de Darwin y del naturalismo, tanto en filosofía como en literatura” como lo define Domínguez. Eso le ha bastado a algún que otro historiador para escoger partido resuelto por de Céspedes: cualquier otra opción equivaldría a alinearse con sus críticos que es casi lo mismo que marchar con los voluntarios, gritar “Viva Cuba española” y fusilar estudiantes de medicina.
Jorge Ignacio Domínguez entiende que la misión de un historiador no es alinearse póstumamente con bandos ya desaparecidos sino entender el tiempo en que transcurrió ese enfrentamiento. Dialogar con ese tiempo a ver qué tiene que decirnos. El texto de Domínguez nos habla de un tiempo mucho más complejo y por tanto más interesante y aleccionador que el que airean otros investigadores del mismo período. Mucho más interesante que tomar partido es recordarnos que ni el bando que favorecía la independencia (aunque fuera por la vía sutil de ensañarse con la prostitución) era un dechado de virtudes ni a los integristas carecían absolutamente de razones en sus debates. Domínguez nos hace ver incluso -sin decirlo directamente- que aquel dictum de Martí de que “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro” no era necesariamente convicción universal de los partidarios de la independencia. De alguna manera Domínguez nos alerta de que cuando Martí escribió el artículo “Mi raza” trataba de conjurar el racismo que existía dentro del propio movimiento independentista y que amenazaba la existencia misma de la república que proyectaba.
Pero me resulta todavía más importante que Domínguez nos recuerde que la realidad -sea presente o pasada- se resistirá a acomodarse a nuestras siempre efímeras conveniencias. Domínguez viene a insistirnos que el pasado es como es y es mejor que lo aceptemos como tal si no queremos que nos engañe. A aceptar, por ejemplo, que en el bando de la independencia había muchos que soñaban con una república blanca e incontaminada. Personajes que, como el médico Benjamín de Céspedes, podían referirse a la pasada guerra de independencia como “gloriosa Revolución política y social” y afirmar a su vez que esta había sido asunto casi exclusivo de blancos. “Seguiré creyendo siempre que la Revolución no fue la obra del pueblo cubano, -dice de Céspedes en su libro- sino de una clase limitada de ese mismo pueblo: la más sana en sus costumbres, menos enervada por los vicios, más viril y sin mezclas por el contacto con otras razas». Y Domínguez no solo nos advierte que se podía ser (como es descrito de Céspedes por uno de sus contemporáneos) “librepensador en asuntos religiosos, seguidor de la corriente experimentalista en cuestiones científicas y, en política, un demócrata con tendencias socialistas” y al mismo tiempo un redomado racista. No por gusto Domínguez nos muestra a su contraparte el periodista Rodolfo de Lagardere como alguien que insiste, al mismo tiempo, en defender el colonialismo español y en criticar el racismo de de Céspedes. O a los partidarios de la anexión de Cuba a los Estados Unidos. Lagardere aparece en el texto de Domínguez como representante de una clase intelectual de raíces africanas que era a finales del siglo XIX cubano mucho más amplia y compleja de lo que se suele aceptar. Y menos predecible porque en ella cabían muchas más posiciones y matices que la que le asignan los historiadores al uso.
Domínguez también apunta a un fenómeno que me habría gustado que desarrollara más. Es este un fenómeno endémico de finales del siglo XIX del que, sin embargo, pueden hallarse equivalentes en nuestra época. Me refiero a una confianza infinita en el desarrollo de las ciencias como guía del progreso indetenible de la humanidad. Junto a muchas consecuencias positivas y duraderas esta confianza en hallazgos científicos como las teorías de Darwin sobre la evolución de las especies inspiró lo mismo la criminalística lombrosiana que el racismo ario de los nazis. Similar fe en la ciencia animaba a los positivistas y progresistas tropicales que como Benjamín de Céspedes acusaban al colonialismo español de haber convertido a Cuba en “un depósito de Nigricia [entiéndase África] que nos deshonra, reproduciendo las mismas costumbres salvajes de esos países” y verían en la independencia una oportunidad única para la limpieza racial.
Ejemplo de esta confianza infinita en la ciencia frente a la prédica religiosa lo da el venerado Enrique José Varona en el propio prólogo de La prostitución en la ciudad de La Habana al decir:
En nuestra época, hastiada de las quimeras de lo sobrenatural, la pesquisa sincera de la verdad sustituye á los antiguos ideales que ponían en un mundo trascendente la explicación de lo real, la norma de la vida y el fin de la humanidad. La ciencia escruta la naturaleza y penetra en su gran laboratorio, haciendo al hombre colaborador inteligente de sus ocultas obras; la ciencia estudia al hombre, aislado y en sociedad, lo analiza y descompone, y le enseña á conocerse y á regirse. Le da la voz de alerta para que se precava, le muestra la sanción ineludible que las leyes naturales saben imponer á sus transgresores, y al mismo tiempo le enseña cómo puede fortificarse contra las causas de destrucción, llámense enfermedad, vicio, ó injusticia. Enseña al hombre físico que hay un conjunto de reglas, que constituyen la higiene, y lo ponen á salvo de terribles dolencias; enseña al hombre social, que hay una higiene superior que se llama la moral, que garantiza á las sociedades contra males más destructores que la peste  
“[E]s mucha la ignorancia que pasa por sabiduría” escribe Martí en su famoso artículo “Mi raza” como si le respondiera a Varona. Al hurgar en los argumentos que aporta Lagardere al debate con Benjamín de Céspedes nuestro nuevo miembro de la academia hace bastante más que enfrentar una fe con otra. Domínguez nos avisa que por justificadas y actuales que nos parezcan nuestras convicciones estas suelen evolucionar mal y envejecer peor si no se asumen con mesura, sentido común y respeto básico por nuestros semejantes. Ante la arrogancia científica con que de Céspedes justifica su racismo Lagardere prefiere extraer de sus convicciones cristianas el fundamento de un reclamo de igualdad racial. De ahí que afirme que “Jesús murió […] por los americanos y los asiáticos, los africanos y los europeos, murió por todos los hijos de Adán, por todos los hombres”. Lagardere extrae sus argumentos de su fe religiosa pero también de su necesidad de ser respetado como cualquier otro ser humano, ese mínimo de dignidad humana que reclamamos para nosotros y por tanto estamos obligados a reconocer hasta en nuestros peores enemigos.

Mucho más se puede decir de los términos del  debate que Jorge Ignacio Domínguez trae a colación sobre uno de los libros cubanos más leídos y discutidos en su época. Porque no fueron solo los afrodescendientes los que pudieron sentirse ofendidos por La prostitución en la ciudad de La Habana. En dicho libro su autor, obsesionado por su ímpetu purificador, fustiga tanto a los negros y mestizos como a las mujeres, los españoles, los asiáticos, las trabajadoras sexuales; o arremete contra los géneros bailables más populares del momento como el yambú y el danzón. La defensa que hacen las diferentes partes implicadas de los derechos y la dignidad de negros, mujeres, e inmigrantes le da una sorprendente vigencia a este debate frente a un doctor que enarbolaba las banderas del progreso. Hoy, cuando la palabra progreso no ve en las minorías un obstáculo sino instrumento para prestigiarse, la tentación de renunciar a la lucidez en nombre de valores súbitamente absolutos conserva la misma fuerza. En tal contexto la relectura de este debate puede ser muy productiva si logramos entrar en él liberados de preconcepciones y ortodoxias.
Si de algo peca el discurso de alguien que sin dudas honrará esta academia como mismo hoy ella lo honra a él es el de no adentrarse más en las direcciones que señala su estudio. Pero no le echemos en cara la cortesía de la brevedad, cortesía a la que empezaré a faltar si no me despido ahora mismo.
Bienvenido entonces a nuestra academia Jorge Ignacio Domínguez con ese discurso que resulta modo ejemplar de acceder a ella.

*Leído el pasado sábado 28 de abril de 2018.


Sunday, April 29, 2018

Discurso de investidura del académico Jorge Ignacio Domínguez López

Rodolfo de Lagardere, el sueño de una Cuba mulata y española*

Se cuenta que Eugenio Surín, uno de los líderes del Partido Independiente de Color, en una ocasión “se interrumpió en medio de uno de sus discursos incendiarios, para decir que no podía continuar en el uso de la palabra, porque el cuello de la camisa, por ser blanco, le asfixiaba”1.
La anécdota la cuentan sus enemigos, los periodistas Rafael Conte y José M. Capmany, en su libro Guerra de razas (Negros contra Blancos en Cuba).
Y cuentan también Conte y Capmany que el líder de los Independientes de Color Evaristo Estenoz, en un discurso en Guantánamo, en los días que precedieron a la Guerra de 1912, dijo que “después del triunfo del Partido Independiente de Color, los mulatos, que hasta el presente habían sido producto del cruzamiento del blanco y la negra, nacerían de la unión del negro con la blanca”2.
Con esas citas, los autores llevan la intención de descalificar a Surín y Estenoz, sin preguntarse por las razones de la asfixia ni por el origen más común de los mulatos durante los cuatro siglos, o la violencia y el abuso que ese origen supone.
Sabemos, por supuesto, quién escribe la historia, y Estenoz profesó una larga amistad con la derrota: había estado preso durante la primera intervención norteamericana, se había levantado en armas contra la reelección de Estrada Palma en 1906, y fue el líder de los Independientes de Color en la Guerra de 1912, que terminaría con su muerte y la de miles de cubanos negros.
Había sido, por tanto, testigo de excepción del cumplimiento de los tres destinos infaustos que profetizaron quienes se oponían a la independencia, y no solo ellos: el peligro de la dominación americana, la supuesta incapacidad de los cubanos para el autogobierno, y la amenaza de una guerra de razas en una Cuba independiente.
Rodolfo de Lagardere
Desde el Pacto del Zanjón hasta el Maine, esos tres mitos malditos habían imantado el discurso de integristas y autonomistas. Uno de sus más curiosos expositores es hoy una figura olvidada: Rodolfo de Lagardere. Se le recuerda poco, y cuando se lo menciona es usualmente para vituperarlo.
La condena es expedita y las razones irrebatibles. Lagardere era un mulato nacido en Barcelona, integrista a ultranza, católico ultramontano y enemigo de Darwin y del naturalismo, tanto en filosofía como en literatura. ¿Valdría la pena acaso detenerse en su figura?
Casi todo lo que sabemos de su biografía fue escrito por un adversario. Los detalles de su origen se pueden hallar en un libro implacable escrito por Martín Morúa Delgado y publicado en Nueva York en 1882: Dos apuntes: Biografía de dos langostas que parecen hombres3.
Es un retrato mordaz y devastador, como el mismo título anuncia. Morúa acusa a Lagardere de ser un agente pagado por el gobierno español para promover la causa del integrismo entre la población negra de Cuba; de ser mal amigo, cobarde, informante de la policía, ladrón, ampuloso y ridículo. Sobre los rasgos de su carácter sería difícil pronunciarse sin pruebas. Su prosa, sin embargo, justifica las acusaciones de ridiculez y ampulosidad.
En su libro, Morúa explica que el abuelo de Lagardere, Pedro Blanco, era un traficante de esclavos catalán establecido en La Habana que, por intereses “comerciales”, se había casado con la hija del rey africano al que le compraba los prisioneros que traía a América como esclavos. De esa unión nació Rosa, la madre de Lagardere. Educada en Francia, Rosa hablaba el español con dificultad. Quizás el primer idioma de Lagardere haya sido el francés. Su verdadero nombre era Rodolfo Fernández-Trava.
Según Morúa, él y Lagardere habían sido amigos. En los años inmediatamente posteriores a la Guerra de los Diez Años, bajo el seudónimo de El Mandinga, Lagardere se había convertido en un columnista muy popular, especialmente entre la población negra de la Isla. En esa época, Morúa había sido uno de sus admiradores. Y Lagardere lo había guiado y ayudado en sus primeros pasos en el mundillo literario de la Cuba de entreguerras. Según el libro de Morúa, en un debate periodístico, Lagardere le recordó esa admiración antigua y aquellos favores. Morúa acepta en su libro la exactitud de esos detalles, pero es evidente que el recordatorio no aminoró su enemistad.
Cuba no es Venecia: contra la autonomía
Y sin embargo, no todo es integrismo y ampulosidad en Lagardere. En 1887, publica un folleto con el curioso título de La cuestión social de Cuba: Cuba no es Venecia. Es una denuncia contra los autonomistas, contra la idea misma de la autonomía de Cuba. Entre sus razones menciona algunas que no son las que normalmente identificamos con el integrismos español: la igualdad racial y lo que hoy llamaríamos “la multiculturalidad” de la nación. Para Lagardere, cuanta mayor autonomía tuviese la Isla, menos espacio y menos dignidad habría en ella para los cubanos negros:
“…la autonomía jamás marchará hacia el magnífico ideal de la abolición de razas, la abolición de castas. Antes al contrario, perpetuará la libertad mutilada, el derecho de libertad abolido por el derecho del color. […] en ese gobierno serían imposible los procedimientos verdaderamente democráticos y los antiguos esclavos se convertirían en eternos menores”4.
Su segunda razón esencial contra el autonomismo es, según él, su inviabilidad. Lagardere comenta que los autonomistas, necesariamente, terminarán siendo partidarios de una guerra de independencia o de la anexión: “La historia dirá en su día, hasta qué punto me he equivocado; pero yo declaro, en honor de los autonomistas, que por todas partes se echarán en brazos de la guerra social o del extranjero, POR HUIR DE MADRID y no hacer abdicaciones que ellos creen vergonzosas, porque no nacerían de sus corazones”5.
Para Lagardere “Cuba no es Venecia” porque sus vínculos con España son mucho más poderosos que los que Venecia podría tener en esa época con el imperio de los Hapsburgos o los Bonaparte. Y, por otro lado, apunta Lagardere, España es ya un abanico de etnias y culturas en el que los cubanos de cualquier color u origen cabrían naturalmente:
Grandes diferencias de raza, de intereses, de costumbres, de dialectos, de clima y hasta de historia, separan una de otras a las provincias de la madre patria. Estudiad el carácter del andaluz y encontraréis un español distinto al catalán […] Tratad al aragonés y no dudareis en llamar extranjero al navarro. Y sin embargo, la Patria España concierta estas antítesis de la naturaleza y de la historia, del carácter y de la tradición.6
En esa patria ecuménica, piensa Lagardere, ¿por qué no iban a caber los descendientes de españoles y africanos que pueblan la isla de Cuba? [Uno se pregunta que diría un Carles Puigdemont de semejante idea, por supuesto.] Lo que hace a Lagardere una rara avis son las peculiares razones de su crítica contra el autonomismo y el separatismo. Su condición de mulato, nieto de traficante de esclavos y princesa africana, nacido en España y residente en Cuba, lo pone en el centro de todas las encrucijadas del final de la colonia, y le da una perspectiva propia.
Así como sostiene que gallegos y catalanes son españoles por igual, asume que negar a los españoles su lugar en la Isla es tan imposible como excluir de su fuero a los africanos traídos como esclavos o a sus descendientes: “Aquí y en Puerto Rico, no se es descendiente sino de los españoles europeos o de los negros africanos. […] Aquí y en Puerto Rico, nadie puede llamar forastero al español europeo, ni al moreno de nación”.7 
Blancos y negros: contra el racismo
Al año siguiente, en agosto de 1888, el Dr. Benjamín de Céspedes publica su libro La prostitución en la ciudad de La Habana. Lagardere tenía ante sí a su adversario ideal. De Céspedes, médico de familia acaudalada, había estudiado en Francia y España, era separatista, profesaba un criollismo ingenuo y extremista, y en sus ratos libres era presidente de la Liga Anticlerical de la Isla de Cuba. Fue colaborador de La Habana Elegante y otras revistas literarias habaneras. Predicaba también, como lo demuestra en su libro, el racismo más extremo y abominable que se pueda hallar quizá en la historia impresa de Cuba.
El libro de De Céspedes fue prologado elogiosamente por Enrique José Varona. En ese prólogo, nuestro “insigne filósofo y pedagogo” se refiere a los cubanos de origen asiático como “chinos decrépitos en el vicio” y a los venidos de África como “piaras de ganado negro”. Vale la pena recordar que siete años después, Varona sucedería a José Martí como director del periódico Patria.
Sin citar profusamente su libro es difícil hacerse una idea exacta de la intensidad del racismo de Benjamín de  Céspedes; ni aquilatar con justicia la crítica de Lagardere. Por ejemplo, De Céspedes afirma:
Una fatalidad antiquísima, verdadera desgracia moral heredada, corroe la infeliz raza de color, explotada ayer como servil instrumento de trabajo, y hoy como carne de lujuria. Pero esa raza impenitente, después de diez años de redención, es hoy más esclava que nunca, de su indolencia, sus vicios y depravaciones. Si al menos como el estiércol aislado, ella se destruyera sin contagios, en su podredumbre; pero no, su contacto íntimo inficiona [sic] todo cuanto toca; la raza de nuestras desgracias, habrá de servir de vehículo también de nuestras miserias.
[…]
En el organismo linfático de la sociedad cubana, el abceso [sic] supurante de la prostitución radica en las costumbres de la raza de color [...] las uniones carnales más peligrosas para la salud y la moral pública, son las que se establecen entre individuos de diferentes razas y condiciones.9
Es difícil no leer esos calificativos —estiércol, podredumbre, contagio, infección, absceso— y no pensar en las expresiones del racismo genocida que hemos conocido en el siglo XX.
Para Lagardere, De Céspedes es el ejemplo exacto de todos los males que él ha combatido. De Céspedes es anticlerical, darwiniano y separatista. Y para Lagardere los tres se complementan. El darwinismo supone la negación de Dios y el racismo, el rechazo a la Iglesia Católica lleva al rechazo de la herencia española, al separatismo. Para Lagardere el resultado de esta mezcla será una Cuba independiente, irreligiosa y racista.
En 1889, Lagardere responde a De Céspedes con un folleto de 50 páginas que titula Blancos y negros, refutación al libro «La prostitución», del Dr. Céspedes. 
 […] ¿qué cargos, qué serios cargos no podría hacer yo a la raza a que no dudo pertenezca el Dr. Céspedes, empeñado en encerrar la personalidad del negro en el ataúd de plomo de las genealogías y del privilegio del color, y empeñado en desdeñar de la manera más injuriosa, al tenido por él, inferior a los brutos, a las aves y a los peces? ¿No temerá el Dr. Céspedes el juicio, impregnado con lágrimas de los que mañana escriban y dirijan su ojo perscrutador [sic] sobre esa democracia criolla-blanca-sin igualdad, democracia que ha destinado a los negros como los caballos padres en las yeguadas, que ha relegado a ser meros comparsas, sin voz ni voto […] y ha mantenido a los ayer esclavos en la más crasa ignorancia por medio de grandes cábalas políticas, de tremendos engaños y de sofísticas mentiras? ¿No temerán esos blancos que comulgan en los mismos altares que comulga el Dr. Céspedes […] no temerán el fallo de la historia por haber perpetuado a los negros, mucho tiempo y por razones de conveniencia, en instituciones como la Esclavitud [sic], opuestas a su naturaleza y a su voluntad? 10
Aunque la mayoría de las invectivas de De Céspedes van contra la raza negra, su lista de “excluibles” y despreciables es mucho larga. Su libro de 200 páginas es un concilio ecuménico de odios numerosos. Lagardere se concentra en la defensa de la raza negra, pero también responde a sus diatribas contra de los chinos, las mujeres, los peninsulares y las prostitutas.
Su breve libro es también un ajuste de cuentas con el racismo cubano del siglo XIX. De José Antonio Saco dice que “murió de espanto, de miedo a los negros, ¡los pobres negros!”11.
La base de su oposición al racismo darwinista de De Céspedes es la doctrina cristiana y lo que él llama “la unidad adámica”. Para Lagardere, más allá incluso de la ética, el racismo es un sinsentido porque todos somos hijos de Adán. “Dios hizo que todo el humano linaje saliera de un solo hombre”, dice citando a San Pablo. Y la prueba de ello es la muerte de Cristo, por todos, en el Calvario. “La inteligencia no es blanca, no es negra, ni tiene colores. Jesús murió […] por los americanos y los asiáticos, los africanos y los europeos, murió por todos los hijos de Adán, por todos los hombres”.12
Otra diferencia irreconciliable entre De Céspedes y Lagardere —y quizás la más significativa para el futuro de aquella Isla en la encrucijada— es la idea que ambos tienen de la mezcla de razas. Para De Céspedes “las uniones carnales más peligrosas para la salud y la moral pública, son las que se establecen entre individuos de diferentes razas y condiciones. De esta mancomunidad viciosa de las razas, brotará el tipo mestizo: la mulata”.13
Para Lagardere, por el contrario, “las razas más enérgicas que han aparecido sobre la tierra han sido producidas por la mezcla de elementos opuestos, por ejemplo, la mezcla del blanco con la mujer negra; elementos que dan por resultado el poderoso mundo mulato de extraordinario vigor, y capaz por sí solo de regenerar a las razas enfermizas que aquí en América languidecen, se debilitan, se extinguen y sucumben bajo el peso de la falsa bandera de los Estados Unidos”.14

Marinos y pequeñeces, contra la anexión

En 1901, Lagardere publica Marinos y pequeñeces. El mundo que defendía en sus obras anteriores había terminado con la intervención de Estados Unidos en la Guerra del 95 y el fin del dominio español. Benjamín de Céspedes para esa época estaba establecido en Costa Rica. Varona, que había nadado en ambas direcciones entre las dos aguas del autonomismo y el independentismo, era entonces funcionario del gobierno interventor norteamericano… aunque más tarde sería antiimperialista radical.
Morúa Delgado, autonomista también ayer antes de abrazar la causa de la independencia, había regresado a Cuba para participar en la Convención y oponerse a la mención de Dios en el primer artículo de la Constitución.
Lagardere es el único que parece no haber cambiado mucho. Sigue preocupado —ahora mucho más— por el destino de su Cuba española. En su libro se opone a la Enmienda Platt, a la que ve como el preludio de la anexión. Al contrario de Varona, elige ser antiimperialista a la hora en que es menos conveniente.
Los americanos, demasiado astutos, tenían necesidad de violentarlo todo, de atropellarlo todo, no en nombre de los derechos de la humanidad, que en ellos es una palabrería, sino en nombre de los altos intereses de la política. No querían tener inseguridad en su destino. Desaparecida España de América, lo demás vendrá por añadidura, y ha venido por desgracia.15
Y por supuesto, continúa a la defensa de la igualdad racial, a contrapelo de la ciencia al uso, una igualdad que él ve fundada en el cristianismo: “Las razas no son más que las diversas manifestaciones de la especie. La Ciencia concluirá por armonizarse con el Evangelio”.16
Para oponerse a la dominación americana, denuncia a “los majaderos que quieren injertar en las gargantas cubanas, voces inglesas”. Dice: “ni Gualberto Gómez, ni Sanguily, ni Giberga, ni González Llorente, renegarán nunca de la lengua castellana; pues renegar de la lengua de Cervantes, sería renegar a la patria cubana, al espíritu latino”.17
En la lengua española ve ya la posibilidad de reconciliación entre Cuba y España cuando habla de esa “lengua sublime, esa imponderable  y sonora lengua castellana, en la cual relatan los cubanos las glorias militares de un Maceo y los españoles relatamos los melancólicos pero gloriosos desastres de un Cervera”.18
Marinos y pequeñeces es, sobre todo, un lamento por la derrota de España ante Estados Unidos y el fin del Imperio Español, que para Lagardere significó el fin de su mundo personal. Si denuncia a los americanos por la intervención, y a los cubanos por adoptar el spanglish, también denuncia a los peninsulares, o a cierta tendencia dentro de la sociedad española, por haber provocado la catástrofe. El tono es melancólico, quijotesco y reaccionario, todo a la vez y todo en extremo:
“Los caballeros católicos del siglo XVI, hicieron de España la reina de las naciones. ¿Qué han hecho de España los partidarios del himno de Riego y de la electricidad? ¿Qué han hecho de España los utopistas que hacen novelas en el orden especulativo y tienen poder bastante para fascinar á las muchedumbres? Que respondan esas dos vergüenzas: Cavite primero, Santiago de Cuba después. Que respondan nuestras escuadras sumergidas en el fondo del Océano, nuestros soldados evacuando de la Habana”.19
Su conclusión es filosófica, pero igualmente desoladora: “Al costoso precio de nuestra ruina, hemos pagado las lecciones de Kant”20.
Resumen de la sesión de Cortes del Congreso de Diputados español del 23 de noviembre de 1881 donde en el punto 14 aparece la petición Rodolfo Fernández de Trava, más conocido como Rodolfo de Lagardere, de que se declare la abolición completa de la esclavitud en la isla de Cuba 
La historia de su olvido
Es difícil rastrear su nombre en los archivos (o al menos en Google Books) después de ese libro. Su nombre, como su mundo, desparece con la escuadra de Cervera. Tras rechazar la electricidad, su nombre queda en la sombra.
Pero perduran, testarudas, sus preguntas y sus obsesiones. Son el desmentido constante de la dicotomía falsa en que hemos parcelado nuestro siglo XIX, y que nos hace ver dos bandos donde hubo un abanico de sueños; y que nos hace identificar, con peligroso infantilismo, a uno de esos bandos como portador de todo lo que hoy nos parece deleznable, y al otro como dueño de las ideas que están de moda esta primavera.
Quienes hablan de “estar del lado equivocado de la historia” nunca se preguntan si la historia misma está siempre del lado correcto. En la mayor parte de las ocasiones, la historia no tiene ningún lado bueno, y uno sólo puede aspirar a ponerse del lado de la verdad y el bien, en la medida en que cada cual sea capaz de hacerlo.
Rodolfo de Lagardere estuvo siempre “del lado equivocado de la historia”. ¿Cómo se podía explicar que la España cristiana que él defendía hubiese practicado la esclavitud por cuatro siglos en América? ¿No negaba ese simple dato todas sus tesis? Y sin embargo, en su defensa de la raza negra, y de la igualdad de todas las razas, y en los peligros que anunció para el futuro de la Isla, y en su denuncia del racismo que muchos separatistas profesaban, fue más lúcido que sus críticos.
Ninguno de ellos fue más implacable que Martín Morúa Delgado. Sería Morúa Delgado —sin duda para escándalo de Lagardere— quien se opondría a la mención de Dios en la Constituyente que sesionaba en el Teatro Martí en los mismos días en que Lagardere escribía en su casa, por cuenta propia, Marinos y pequeñeces.
Una década más tarde, presentaría Morúa ante el Senado la enmienda al Artículo 17 de la ley electoral que llevaría su nombre, y que en la práctica ilegalizó el Partido Independiente de Color. Aprobada tras su muerte, la enmienda provocaría al cabo la Guerra de 1912 y la masacre de miles de miembros del Partido Independiente de Color, y el asesinato de su líder, Evaristo Estenoz, aquel mulato, hijo de hombre blanco y mujer negra —como Morúa, como Lagardere— que soñó con invertir la fórmula de la fusión de razas en Cuba; esa fusión que espantaba a Saco y a Benjamín de Céspedes, y que Rodolfo Lagardere presintió que era nuestra única redención.

*Discurso pronunciado el sábado 28 de abril de 2018


Bibliografía
1. “Conte, Rafael, y José M. Capmany. Guerra de razas (Negros contra Blancos en Cuba), página 20. Imprenta MILITAR de Antonio Perez. La Habana, 1912. Conte y Capmany atribuyen a frase a “Eugenio” Surín. Podría tratarse de un error, pues ese nombre no aparece usualmente mencionado entre los líderes del PIC,  sino el de “Gregorio Surín”.
2. Ibídem, página 19.
3.   Morúa Delgado, Martín. Dos apuntes: Biografía de dos langostas que parecen hombres, Imprenta de Hallet y Breen, Nueva York, 1882
4.   Lagardere, Rodolfo de. La cuestión social de Cuba: Cuba no es Venecia, pág. 29. Tipografía "La Universal", La Habana, 1887
5.   Ibídem, página 20.
6.   Ibídem, página 41.
7.   Ibídem, página 45.
8.   Céspedes, Benjamín de. La prostitución en la ciudad de La Habana, Establecimiento Tipográfico O’Reilly Número 9. La Habana, 1888
9.     Ibídem, págs. 170-171.
10. Blancos y negros, refutación al libro «La prostitución», del Dr. Céspedes, pág. 5. Imprenta “La Universal”. La Habana, 1889
11. Ibídem, página 21.
12. Ibídem, página 12.
13.  Céspedes, Benjamín de. La prostitución en la ciudad de La Habana, pág. 170
14. Blancos y negros, refutación al libro «La prostitución», del Dr. Céspedes, pág. 19.
15. Lagardere, Rodolfo de. Marinos y Pequeñeces, pág. 22. Imprenta y Librería “La Propagandista”, La Habana, 1901
16. Ibídem, página 69.
17. Ibídem, página 96.
18. Ibídem, página 12.
19. Ibídem, página 73.
20. Ibídem, página 73.