Wednesday, August 23, 2017

LOS NEGROS Y EL GENIO SOLITARIO DE JOSÉ MARTÍ (I)

Por Miguel Cabrera Peña    


Más de un siglo de crítica sobre la obra y vida de Martí le ha impuesto, en contra de pruebas numerosas y otras proporcionadas literalmente por el propio poeta, una soledad en el pensar que choca con la ciencia social que desde hace mucho se viene haciendo internacionalmente. Extravío tan prolongado ha obstaculizado un vínculo capital, históricamente hablando, entre cierto grupo donde interactuó el poeta y la fundación y desarrollo del Partido Independiente de Color (PIC). Tomaré como ejemplo su quehacer antirracista, pero antes vale la pena instaurar algunas evidencias.
A pesar de que el nacionalismo o la independencia anticolonial constituyó el objetivo principal de su quehacer, no fue en este campo –tampoco en sus críticas al proceso de imperialización en Estados Unidos ni en sus nociones latinoamericanistas– donde el poeta insertó con mayor plenitud su pensamiento en un problema sociopolítico fundamental de nuestra época.
Fue precisamente en el ámbito del antirracismo donde lidió contra el discurso dominante y en larga medida superó, entre los pliegues de un tiempo breve –vivió 42 años– un puñado de posturas problemáticas. Apunto a lo que se ha dado en llamar período de madurez martiana, en historia estricta algo así como sus siete años postreros. Aunque se le califique de madurez, este período no es una meseta, pues en su seno se observan aprendizajes y progresos que suelen orillarse. Conste que con el vocablo progreso se subraya una instalación de avanzada –sociopolítica y más de una vez cultural–, vecina o que habita la actualidad en la que escribo.
Para el lector que necesite información adicional con el propósito de comprobar por qué catalogo al antirracismo como culminación en la obra martiana, puede facilitar la consulta no con un libro extenso que publiqué al respecto, sino con dos breves artículos titulados “Los afrocubanos tontos y Martí” y “Martí, los negros y la desobediencia civil”, que desde Diario de Cuba reprodujeron varios sitios en Internet.

El genio en su isla
La historiografía nacional no se ha hecho cargo de una pregunta harto sencilla. ¿El progreso expresado por Martí sobre antirracismo salió exclusivamente de su cabeza, de su genio unánimemente alabado? La pregunta sigue ausente, pero nada complicado resulta imaginar que la respuesta llegaría con la velocidad del rayo: Martí es el único responsable de sus aciertos y errores y solo él debe responder por ellos, gritaría la crítica indignada. Si en discrepancia con esta noción acomodada en cierta lógica popular yo afirmara que Martí pensó el tema junto a un pequeño grupo de afroantillanos y en verdad estricta fue su vocero principal y no un genio solitario, tal vez se pondría en cuestión mi sanidad mental. El poeta fue hecho y, simultáneamente, fue hacedor del grupo referido, igual que el resto de sus integrantes. Habrá que ir por partes.
Sucede que a Martí se le ha visto prioritariamente como un genio sin compañía, tanto por estudiosos que suelen destinar sus textos a aplaudirlo, criticarlo o desollarlo, como por los que trabajan entre las cuerdas difíciles de la objetividad. Refiero ahora al genio aislado en cuanto a su biografía, y aquí va más allá de que esté rodeado de gente. Significa que él es el único que piensa entre toda esa gente.
Si se araña bien en el fondo, sin embargo, tampoco debe culparse a analista alguno por asumir al habanero como un genio solitario. Esta perspectiva dispone, entre los cubanos, de un trono en el inconsciente colectivo que acuñó Karl Jung, que prefiero, a pesar de la fractura del estatuto científico del psicoanálisis, al imaginario colectivo de Edgar Morán y otros, para excluir al imaginario social instituyente de Cornelius Castoriadis. Prefiero a Jung porque abre más ancho campo al mito, a la irracionalidad.
“Como dijo Martí” –el antecedente de frase relativa más repetido en la historia de Cuba– no debiera significar siempre como pensó (únicamente) Martí, pero es exactamente lo que significa. Con el fin de no ser acusado de extremista, aliviaré con uno de los juegos de Heidegger en Ser y tiempo: esta comprensibilidad de término medio no hace más que demostrar una incomprensibilidad.
A pesar de sudores caudalosos para ubicarlo en sus contextos, al final son sus letras –las martianas– las que yacen fuera de la historia cuando se concibe como genio excluyente entre el pensar de quienes lo acompañan. Si el Dassein de Heidegger está ahí, en el mundo, es porque hay un Otro que lo mira, y mirar es en principio interactuar, pensar. Un genio u hombre solitario no está en el mundo porque, sencillamente, faltan la experiencia y la reflexión del Otro o los Otros, cada uno y todos diferentes e inapresables, para evocar a Gilles Deleuze.
En un hombre que es inherentemente político, la sinrazón del pensador solitario gana altura. En el terreno del antirracismo la crítica magnánima admite que en el poeta influyen ciertos autores, todos blancos obviamente, pues de forma invariable los afrodescendientes son marginados, en cuanto al pensar, de cualquier huella sobre el bardo, aun las periféricas. Prueba al canto. Un escritor y periodista brillante como Frederick Douglass, una de cuyas versiones de su libro autobiográfico el cubano interpretó en términos por más de un costado semejantes a las opiniones actuales del profesor Henry Louis Gates, Jr., respira alejado de las influencias imaginables sobre Martí.
Por cierto que el poeta rindió tributo, difícilmente igualado en toda su obra, a la oratoria de Douglass, quien luego de la esclavitud y su fuga se convirtió en defensor impar del abolicionismo y los derechos de la raza, además de su preocupación por la mujer en el siglo XIX estadounidense. Por sus talentos, esfuerzos y rebeldías Martí lo caracterizó como un símbolo al compararlo con Lincoln y Horace Greeley, que tenía en alta estima. Su posterior crítica y el silencio hasta el fin de sus días sobre el quehacer de Douglass fue de índole política por un lado y de confusión y desconocimiento por el otro.
¿Quién puede entonces asegurar que cuando Martí enaltece al liberto isleño no recordó en este último sentido a Douglass, Henry H. Garnet o a John Mercer Langston, este último nacido libre en Virginia, amén de sus reiterados elogios a muchos afrocubanos, combatientes e intelectuales, hombres y mujeres? Repito que los estudios acerca de Martí, todo un Himalaya, no han entrevisto huellas del pensar afrodescendiente en el poeta y ni imaginar que fuera vocero de alguien, y menos de un grupo de negros.
Ante un hombre en proceso de aprendizaje sobre el problema racial hasta los últimos momentos de su vida, como sucedió en Martí, la historiografía levantó, hasta hoy, una gruesa pared no fácil de desentrañar. Es una historiografía que dice mirar al oprimido pero desvía la mirada, que desdeña, escamotea, silencia y, desde la llegada “del pueblo robado y asesinado”, como escribió el poeta, reproduce el eco de la incapacidad de un verdadero pensar en los negros. Es el etnocentrismo que se cuela por muchos intersticios y fracturas de estudiosos y académicos. Esa pared distanció intelectualmente a Martí del grupo que aquí presento, a pesar del tema implicado y del propio poeta.
Son ya buena cifra los que han escrito y escriben, con matices, que afrocubanos unidos en lucha por sus derechos –el PIC– hubieran enhebrado una imagen incomprensible para un letrado que, por su conservadurismo, se les hubiera opuesto. Proceden así a cojeturar el futuro sin conocer, en buenas cuentas, el presente como continuun del poeta.
Un ejemplo quizá transparente lo que quiero decir. A tenor de cuatro preguntas –brillante cada una y en conjunto– que entregaron escritas integrantes del grupo a Martí en una de sus clases, lo único que se le ocurrió a Manuel Pedro González fue decir que uno de ellos –Rafael Serra– padecía de complejo de inferioridad. Alrededor de dos décadas más tarde Cintio Vitier se asomó al mismo asunto y terminó, en igual escala que su colega, definiendo el complejo como una “llaga insondable”. Para no ser menos, sin embargo, le dedicó una parrafada ininteligible, que impacta con la respuesta de Martí a las preguntas. Dos casos de distorsión que desoyen el contexto que interpretan.
Como sucedió en todo país donde hubo esclavitud tan prolongada como en Cuba y Estados Unidos, muchos negros necesitaban aumentar su autoestima, pero en los eventos interpretativos descritos se ve una “llaga” donde no la hay porque existe propensión a verla. Lo mismo sucede con el pensar auténtico, creador, en hombres y mujeres de la raza.
En otra andadura del tema, ha sido desechada la soledad falsa donde tradicionalmente se ubicó, por ejemplo, al genio de la ciencia. Diversas biografías de Albert Einstein enfatizan en aportes de personas próximas al físico-matemático, que generalmente acredita en sus textos académicos. Sobre su primera esposa, la serbia Mileva Maric, también científica, se ha polemizado en torno al nivel de su presencia en los triunfos del judío alemán. Es hoy un axioma la inexistencia de conocimiento sin el Otro.
Creo recordar que al menos un autor escribió algo así como que el genio múltiple de Martí era demasiado para un país pequeño como Cuba. Aquilatar de tal modo al artista se fue convirtiendo en factor de la cultura nacional. Pero este factor es negativo porque divorcia, traspapela, expulsa e invisibiliza la experiencia, el pensar y el talento de un puñado de negros no en cualquier tema, sino en la porción más profunda, emancipadora y progresista de la obra martiana. Esos mismos afrodescendientes se vincularán con la defensa más enérgica de los derechos de la raza en la historia isleña después de las rebeliones antiesclavistas. En 1912, por orden del poder político blanco, fueron masacrados militantes y no militantes del PIC, en cifras que oscilan entre varios centenares y varios miles.



Un grupo decisivo en el pensar de la madurez martiana

Lo dicho y lo que sigue poco tiene que ver con las interpretaciones de quien suscribe. Fue el propio Martí quien estableció, a propósito de La Liga –Sociedad Protectora de la Instrucción– la capacidad y posibilidad de los afrodescendientes para hallar la verdad antirracista en el grupo que a poco se articulará. La Liga marcó indeleblemente la historia del exilio cubano. Nada complejo resulta entender lo que el poeta expresa cuando se autopropone respecto a La Liga como “amigo sincero que les ayude a buscar la verdad o un compañero que contribuya a propagarla”.
En esta disyuntiva interpone la capacidad y posibilidad antes referida, pero lo realmente importante es que plantea, en la primera enunciación, la tarea crucial del grupo: pensar juntos. En la misma carta a Serra, documento apenas reflexionado, Martí se ofrece como “asiduo” oyente de conferenciantes de la raza. El conjunto de su obra trasluce inclinaciónn primero y abierta búsqueda después de un saber otro, un “pensar de otro modo”, para decirlo con la cita –Qu'est-ce que la philosophie?– de Deleuze y Guattari sobre Foucault. Si este afirma que la voluntad de saber es voluntad de poder, con su carta el poeta emprende un camino para empoderar –entre todos– a los afroantillanos en New York. Tampoco nace de interpretación antojadiza llamar a Martí vocero, pues él mismo se brinda para propagar una verdad que podría provenir de los negros, suficientes para hallarla. Que plantee en forma de disyuntiva sus razonamiento posee causa: “No sé si me echarán Vds. de la casa, por los pecados ajenos”.
Desborda el dato curioso que luego de reproducir parte de la misiva, una autora cubana de raza negra asegurara que el poeta “se ofrece a contribuir en la tarea formadora, sencilla y modestamente”. El genio solitario torna así a asomar la oreja y, de paso, la autora abroquela cualquier empalme o cooperación entre el pensar de Martí y los negros, pues el poeta adquiere estatus único, más encumbrado desde luego. En la carta no habla Martí de formar a nadie, y en cuanto a la modestia recuérdese aquello de “yo alzaré el mundo”, aunque de inmediato se imagine junto al último peleador en un morir callado. Así tenemos a una intelectual afrodescendiente que a la altura de 2008 sigue a pie juntillas la tradición hegemónica.
Este tipo de cosas solo pueden exponerse a través de caso individual, pero el asentir frente el discurso de la opresión constituye un problema en muchos puntos de la historia nacional, que en cuanto a los negros contribuye a considerarlos medianos en el proceso de pensar, y en especial al pensar como creación, para traer otra vez a Deleuze. Tampoco es esta una actitud específica. Mientras Martí elogia muchas veces a Serra –“alto en todo”, “fundador y grande”, etc– Chapeaux reitera en demasía el caracter de discípulo del afrocubano respecto a Martí, incluso en aquellos temas en que no fue discípulo.
Antes de recibir noticia sobre La Liga, Martí ha invitado a Serra a una reunión donde el tema principal era discutir quienes serían los oradores en el acto que se preparaba para el décimo aniversario del inicio de la lucha de independencia, el símbolo más precioso del nacionalismo. Si por los términos de la carta aún no existe amistad entre ellos, tiene en mente a Serra como uno de los oradores, lo que finalmente sucedió, pero nada le dice al respecto porque faltaba la decisión colectiva. No será ocioso, sin embargo, espigar en esta otra carta.
Martí manifestó la “consagración de Serra” a los asuntos y desdichas de su patria, y en esto último pudo suponer el afrocubano un nexo con el racismo y su condena. Ahora solo resulta lícita una suposición. Pero a poco el poeta le especifica que la fecha se celebrará “sin parcialidades, ni olvidos, ni pensamientos secretos”. Se toca en la invitación algo más allá de la libertad clásica de expresión, pues expone un trasfondo sociopolítico que el tabaquero estaba muy apto para comprender. Difícilmente este extravió el sentido primordial de la carta, sin soslayar que por su propia cuenta hubiera decidido abordar el dilema racial cuando fuera informado que sería uno de los oradores.
También para el décimo aniversario, por esos días de septiembre de 1888, Martí convidó derechamente al prestigioso general Emilio Núñez a abordar el antirracismo en su discurso a causa del aumento de la violencia verbal contra los negros en la comunidad blanca cubana –aquí exogrupo–, aunque diferentes señales indican que sobrepasó lo verbal. Interesado en mostrar su pensamiento desde el inicio de la amistad con Serra y también antes del discurso, criticó con rudeza a sus adorados líderes blancos del 10 de octubre de 1868. Habla de “punibles desdenes que suelen deslucir la obra sublime de los grandes del DIEZ”. Con el vocablo punible está más que sugiriendo –Martí es abogado– que el racismo podía o debía ser castigado legalmente.
Es público que la instrucción occidental del poeta era superior a la de sus amigos, condición que lo valida como profesor, sin honorarios, en La Liga. Además, se ocupó de gestionar al menos una de sus sedes –hay aquí una buena anécdota– y a profesores blancos también gestionados por él. Trabajaron también en La Liga profesores afrodescendientes y hubo alumnas de raza blanca, incluidas su pareja y la hija de esta, con sospechas de ser hija del bardo. Blancos pobres estuvieron también entre sus alumnos. Fue una sociedad mixta, como Enrique Del Risco ratificó por boca de Serra.
Los negros y Martí pensaron juntos a través de interacciones cara a cara y casi diarias, sin contar la numerosa correspondencia que intercambiaron, conocida por las cartas del poeta que finalmente se conservaron. Se ha dicho que cada uno fue, al mismo tiempo, productor y producido por el grupo, pero como las pruebas constituyen aquí requisito indispensable expondré solo varios ejemplos, ya que este artículo quiere ser pequeña claraboya, sin demasiado trasiego de detalles, de un próximo libro que cuenta con el pensar grupal entre sus instancias resaltables.

Sunday, August 20, 2017

Adiós mi Habana

El escritor Antonio José Ponte resume el libro Adiós mi Habana de Anna Veltfort, un cómic que resume las experiencias de la autora en los primeros años del castrismo. Dice Ponte:


Muchos de los elementos de esta historia, del trasfondo histórico, habían sido publicados ya por la autora en un blog que resultó ser un archivo: El Archivo de Connie. Allí dio a conocer materiales preciosos, frágiles por sumamente escamoteados, verdaderas joyitas: recortes de la prensa revolucionaria que notician las campañas de purificación ideológica, las razzias en las universidades, los juicios contra cualquier diferencia, la mofa y persecución de homosexuales, la creación de un sistema de campos de concentración donde encerrar a quien desentone...

Sunday, August 13, 2017

Sorbos de vida

El escritor Luis de la Paz acaba de publicar el libro Soltando sorbos de vida (Ediciones Universal 2017), un volumen de 423 páginas con 113 entrevistas a destacadas personalidades del arte y la cultura, aparecidas en Diario las Américas entre 1998 y 2013 el último domingo de cada mes en Diario Las Américas. Son los mosaicos de un espléndido mural que conforman, en su conjunto, el alma de una ciudad (Miami, centro del exilio cubano) y de sus gentes. Y también su historia. Luis de la Paz (La Habana, 1956). Escritor y periodista, partió al exilio durante el Éxodo del Mariel, en 1980. Ha publicado más de 15 libros de relatos, crítica literaria y teatro. Realiza una importante labor cultural como crítico literario en El Nuevo Herald. Conduce el evento cultural Viernes de Tertulia, en el Miami Hispanic Cultural Arts Center.En la portada se listan los nombres de los entrevistados. 



Wednesday, August 9, 2017

Memoria de La Habana


A cargo del poeta y humorista Ramón Fernández-Larrea aparece cada sábado en La Poderosa de Miami el programa Memoria de La Habana dedicado a recuperar la historia de la capital cubana. Programas dedicados a diferentes barrios y calles de la ciudad, de sus personalidades más memorables o de eventos que marcaron época acompañado por la mejor música de la historia musical cubana. Dichos programas pueden además escucharse en el sitio online Memoria de La Habana. Muy recomendable.



Tuesday, August 8, 2017

The inside scoop on the ICCAS scandal at the University of Miami

Tomado de Babalú Blog


The inside scoop on the ICCAS scandal at the University of Miami

By Carlos Eire

For many years, José Azel was a senior scholar at UM’s Institute for Cuban and Cuban-American Studies.
His role at that institution ended abruptly this summer when UM’s president Julio Frenk fired everyone at the Institute.
Yes, Frenk fired everybody.  It was an academic massacre.  And it’s clear he wanted to shut down the Institute.
When news of Frenk’s autocratic execution orders caused a stink in the Cuban exile community, a UM vice-president denied that Frenk had tried to shut down ICCAS, and that the “retirement” announced by director Jaime Suchlicki had been “misunderstood.”
As the uproar increased, Frenk named an interim director who has close ties to a cruise ship company that takes American tourists to Cuba, and who actually leads such tours himself, on a luxury vessel.
This information comes straight from someone on the inside, who was summarily fired, along with everyone else.
See for yourself how Dr. Frenk, aided by Harvard’s Castrophilic professor Jorge Dominguez, a Cuban exile, tried to to get away with murder — metaphorically speaking, of course…
Below is José Azel’s full exposé.
ICCAS-gate at the University of Miami: It’s the Cover-up that Gets You

By José Azel

The Watergate scandal of the Nixon administration and President Clinton’s forcefully claiming “I did not have sexual relations with that woman…” are two of the most infamous examples of the “it’s the cover-up that gets you” dictum.
The suffix “-gate” has become synonymous with presidential scandal and cover-up. I introduce it here to expose the ICCAS-gate cover-up by University of Miami President Dr. Julio Frenk. The buck stops with the President, and I seek to show, responsibly and factually, that Dr. Frenk intended to dismantle ICCAS, and is now engaged in a cover-up of those intentions.
My association with the University of Miami dates back to the late 1960s when I was a business student. Over the years, I earned bachelors, masters, and doctorate degrees, becoming a three-time UM alumni. I am also a former adjunct business professor, and a member of the ICCAS team. This is to say, I wish only the best for my beloved Alma Mater and my community.
But, whether Dr. Frenk intended to dismantle ICCAS is, as Alexander Hamilton noted in Federalist No. 23, “one of those truths which, to a correct and unprejudiced mind, carries its own evidence along with it.”
The controversy surfaced with a July 10 Miami Herald article citing Dr. Jaime Suchlicki as having been instructed to effect the cessation of ICCAS operations. In June, Dr. Suchlicki wrote to his staff:
“This is to inform you that as of August 15, 2017, I will be leaving the University of Miami. I have been instructed by the Office of the Provost to effect the cessation of operations for the Institute for Cuban and Cuban-American Studies, consequently your position has been eliminated and you will be placed on layoff status as of August 15, 2017.”
I respectfully complied by vacating my office, returning my keys, and retiring in sad silence. Now, compelled by the cover-up, I speak publicly for the first time on ICCAS-gate.
As instructed by Dr. Frenk the entire ICCAS staff was fired in June. Yet, the July Miami Herald article quotes Jacqueline R. Menendez, UM’s Vice President for Communications, caustically refuting Dr. Suchlicki: “the only thing that has happened is that Jaime retires on Aug. 15 there are no plans to close ICCAS.”
I will generously assume that Ms. Menendez was misled by her boss, President Frenk. Her statement that “there are no plans to close ICCAS,” when, in fact, ICCAS had already been effectively closed by the firing of all its personnel is patently false.
I hope Ms. Menendez would not be as callous as to consider the firing of the entire ICCAS staff a non-event as implied by her statement that “the only thing that has happened is that Jaime retires on Aug. 15.” Is the firing of all ICCAS personnel not a “thing”?
I have verified that Dr. Suchlicki’s termination agreement explicitly requires him to “…effect the cessation of operations for the Institute for Cuban and Cuban-American Studies.” Similarly, Ms. Menendez should have sought the truth from her boss to avoid misleading our community. She has now been made complicit in the cover-up.
Those are the facts as I know them. Now we can ask: If Dr. Frenk’ did not intend to dismantle ICCAS, why did he find it necessary to fire, without the courtesy of an explanation, the entire ICCAS staff? Were they incompetent, or were they an impediment to the implementation of his plans? What were those plans?
Dr. Frenk had been formulating his Cuban studies ideas for many months, and he had commissioned a comprehensive study of options to his friend, Harvard Professor Jorge Dominguez.  Given this careful advanced planning, if there was no intention to dismantle ICCAS, the announcement of Dr. Suchlicki’s departure would have been accompanied with the announcement of the new interim director, or perhaps even the new director.
That was not the case, and the untimely appointment of an interim director appears to be an improvised, disingenuous cover-up to placate the community’s outrage. Dr. Frenk has been untruthful with our community, and now, under pressure, he will meet with community representatives on 18 August. I pray he uses that opportunity to come clean about his designs.  Our community deserves honesty, not an ICCAS-gate cover-up.


Monday, August 7, 2017

ACTO DE INVESTIDURA Y PREMIACIÓN EN LA FLORIDA DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO

Por J. Marat-Pérez
Fotos de Luz Martínez
El viernes 4 de agosto tuvo lugar en la Sala de Conferencias de la Universidad “Rafael Belloso Chacín”, en la ciudad de Doral, estado de Florida, el acto de investidura de tres nuevos académicos y el otorgamiento de la Orden al Mérito “Enrique Ros” a una prestigiosa organización del Exilio Cubano. El evento contó con la participación de académicos ya investidos, estudiantes y profesores de la alta casa de estudios que brindó su local para llevar a cabo el acto y familiares y amigos de los nuevos miembros de nuestra institución. La ceremonia estuvo presidida por el Dr. Eduardo Lolo, Presidente de la AHCE, y el Dr. Octavio de la Suarée, Secretario de la misma. Estaba planeada la presencia del Dr. Oscar Belloso Medina, Rector Presidente de la universidad sede del evento, pero los dramáticos acontecimientos ocurridos en Venezuela ese día le impidieron viajar a los EE.UU como tenía previsto. Fungió como Maestro de Ceremonias el Sr. Pedro Corzo, miembro de nuestra corporación y Presidente del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo.
El primer discurso de investidura fue el que escribiera el Sr. José Antonio Albertini, conocido narrador, periodista e historiador con una amplia obra publicada. El título de su pieza fue “Cuba y Puerto Rico: quizás del águila las dos alas”. El nuevo académico, en base a su estudio de las actuales condiciones sociales y políticas de las dos naciones caribeñas y sus relaciones históricas con los Estados Unidos, conjetura y advierte en su alocución sobre la posibilidad del surgimiento de una nueva corriente anexionista en ambas islas.
J.A. Albertini recibiendo su Diploma de Membresía. Sentado, O. de la Suarée, quien tuvo a su cargo el Discurso de Respuesta
Sin embargo, de acuerdo con Albertini, el nuevo intento de anexar a los EE.UU. los dos países caribeños no tendría como promotor el establecimiento político norteamericano, sino las nuevas generaciones de cubanos y puertorriqueños hastiados de las promesas incumplidas por sus dirigentes y las condiciones de vida actuales en las dos islas debidas al totalitarismo en una y la ineficiencia administrativa en otra. De hecho, en un reciente plebiscito llevado a cabo en Puerto Rico la estatidad ganó abrumadoramente; mientras que para la mayoría de los jóvenes cubanos el vecino del norte constituye su única opción de futuro esperanzadora. Luego de un profundo análisis de la situación descrita, concluye Albertini con estas palabras:
Es admisible, reitero, elucubrar que las dos islas, Cuba y Puerto Rico, de banderas similares y estrellas solitarias, en esta época de globalización desigual y resurgimiento de nacionalismos exacerbados, concluyan sumando, de buen grado, sus luceros a la amplia enseña norteña de las barras y las estrellas.
Armando Valladares pronunciando su Discurso de Investidura
El segundo discurso de investidura estuvo a cargo de Armando Valladares, el destacado poeta e historiador cubano y exembajador de los Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Su libro de memorias Contra toda esperanza es un ícono de la historiografía cubana, habiendo sido traducido hasta la fecha a 18 lenguas. Su alocución se tituló “La alta jerarquía católica y el totalitarismo cubano”. En este discurso, Valladares analiza la política del Vaticano, la Conferencia de Obispos Católicos de los EE.UU. y la dirigencia de la Iglesia cubana (esta última según declaraciones de un controvertido cardenal criollo) a favor de un acercamiento al régimen totalitario cubano y el levantamiento del embargo económico norteamericano sin exigirle nada a cambio al castrismo. Dicha política, disfrazada de un burdo lenguaje demagógico, está relacionada con la forma en que la administración de Obama en sus postrimerías restableció relaciones diplomáticas con el gobierno de La Habana; pero venía cimentándose desde hacía tiempo. Sin embargo, Valladares deja aclarado que esa postura de la alta jerarquía católica no es compartida por todo el clero criollo, como queda demostrado en el ejemplo que cita de Monseñor Pedro Meurice (fallecido arzobispo de Santiago de Cuba) quien comentara que “Nos consideraban una Iglesia de mártires y ahora algunos dicen que somos una Iglesia de traidores”. Y concluye Valladares:
Esa situación, y otras similares por las que atraviesa la historia de la Iglesia cubana desde hace décadas de colaboracionismo con el régimen castrista, parecieran ilustrar las palabras de Pablo VI sobre la auto-demolición y el humo de Satanás en la Iglesia. ¡Que la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, fortifique hasta un grado heroico la fe del rebaño cubano, dentro y fuera de Cuba. Y que a todos nos dé fuerzas para que, pese a tantas pruebas espirituales causadas por actitudes desconcertantes de tan altos eclesiásticos, continuemos rezando el Credo y esperando contra toda esperanza, con la certeza de que las fuerzas del infierno no prevalecerán!
El Dr. Salvador Larrúa fue el último de los nuevos académicos investidos ese día. Es autor de numerosos libros de temas históricos y está considerado el más importante especialista actual en el campo de la historia floridana de tiempos de la Colonia. No resulta sorpresivo entonces que sea el Director del Centro de Estudios de la Florida Colonial, donde ha logrado acopiar muy importantes documentos y datos relacionados con el tema. Sus laboriosas investigaciones en el Archivo de Indias y otros centros de documentación histórica, han abierto las puertas para que nuevos estudiosos continúen sus esfuerzos, siempre encaminados a la indagación y preservación del legado hispano de la Florida. Su discurso, titulado “Floridanos en Cuba, hispano-cubanos en la Florida 1513-1821” lleva la actual relación entre la isla caribeña y la península continental a sus mismos orígenes. Orígenes que rebasan, como demuestra en su alocución, el campo bélico y religioso de todos conocido, sino que va a la economía, la alianza política entre hispanos e independentistas norteamericanos, la cooperación de la monarquía española hasta en el campo del espionaje, etc. Porque es el caso que, a diferencia de otros estados sureños de la Unión, la Florida nunca dejó de ser hispana o, al menos, es lo que hoy conocemos como tal por la labor de los hispanos, fundamentalmente los de Cuba.
El Dr. Larrúa a punto de recibir su Diploma de manos de E. Lolo
El Dr. Larrúa, sin embargo, lleva su presentación mucho más acá de las fechas que anuncia en su título con una especie de corolario que abarca los tiempos modernos. De lo que se desprende que la presencia cubana en la Florida responde a mucho más que a factores geográficos y circunstancias políticas actuales. Resume así Larrúa su tesis:
Dentro de la Historia de la Florida merece especial atención el vínculo con Cuba. (…) muchas páginas de la historia de Cuba se escribieron en la Florida igual que la historia de la Florida no se comprende sin el aporte cubano. Ambas crónicas son inseparables desde comienzos (…) la presencia o la influencia de cubanos en Estados Unidos no data de la llegada de Castro al poder, sino de mucho antes, inclusive desde la Revolución encabezada por George Washington contra la corona británica, que hubiera demorado años o tal vez no hubiera podido ganarse sin la ayuda financiera y las tropas de la isla de Cuba y el aporte militar de los Reales Ejércitos, la Real Armada, y el apoyo logístico y económico de la Corona de España.
El Discurso de Respuesta estuvo a cargo del Dr. Octavio de la Suarée, destacado autor y profesor universitario de larga y exitosa trayectoria. En la actualidad, el Dr. de la Suarée funge como Secretario de la AHCE y fue recientemente electo Editor del Anuario Histórico Cubano-Americano que comenzará a publicar la institución en el otoño de este año. Nuestro Secretario comenzó resumiendo en unas pocas palabras el nexo existente entre los tres discursos de investidura al señalar que los mismos “discuten sucintamente las relaciones socio-culturales cubano-estadounidense desde tres puntos de vista diferentes”, los que pasa seguidamente a reseñar y glosar para resumir que:
… estos tres ensayos destacan claramente las relaciones e intercambios entre cubanos, floridanos y estadounidenses a través de su historia como ahora mismo y en un futuro ojalá no lejano. Salvador Larrúa-Guedes demuestra los primeros, frecuentes y continuos logros, el ir y venir entre la península y la isla… Armando Valladares, con su sentida denuncia contra una organización no material (“Mi reino no es de este mundo”, dicen), que frecuentemente pierde el sentido de su misión en la tierra, como demuestra la historia… José Antonio Albertini con su oportuno grito de alarma cuando consideramos el cariz que puede tomar el futuro de las dos alas, Cuba y Puerto Rico. Por supuesto, que en última instancia, serán los cubanos de la isla los que decidan el camino a seguir cuando se acabe la pesadilla castrista. Y a la vez tienen que darse cuenta, tarde o temprano, si no lo han hecho todavía, de este milagro cubano del otro lado del Estrecho de la Florida y opten por emularlo.
Una vez investidos los tres nuevos académicos, se procedió a la entrega de la Orden al Mérito “Enrique Ros” a la organización “Cuba Archive/Archivo Cubano”, representada por María Werlau, su Directora Ejecutiva.
María Werlau recibiendo el reconocimiento
Esta entidad no-gubernamental y sin fines de lucro, viene desde hace años documentando las muertes y desapariciones de cubanos por causas políticas desde 1952 hasta la fecha. También investiga y hace pública la trata de profesionales y explotación humana por parte del gobierno cubano totalitario, en un conocido negocio de exportación sustentado en el tráfico de seres humanos. Todos los casos son investigados con seriedad profesional, sin importar la ideología o militancia de las víctimas. Los resultados van entonces a una base de datos, constantemente actualizada, que puede consultarse gratuitamente. Cuba Archive/Archivo Cubano sintetiza así sus principios rectores:
Esta iniciativa defiende el derecho intrínseco de cada persona a vivir en libertad y con seguridad. Parte de la premisa que la búsqueda constructiva de la verdad ayuda a promover una cultura de respeto por la vida y el estado de derecho, lo que ayuda a prevenir más atrocidades.
El resumen del acto estuvo a cargo del Dr. Eduardo Lolo, Presidente de la AHCE, quien dio las gracias a la Universidad “Rafael Belloso Chacín” por su generosa hospitalidad y dio la bienvenida a los nuevos académicos a nombre de la Junta Directiva de la Corporación. “Cuba y Venezuela hoy compartimos en tierras de libertad lo que nos está vedado en nuestros queridos países: soñar futuros con dignas raíces de historia que también nos quieren destruir”. De los nuevos académicos dijo: “Como institución seguimos logrando que aquellos a quienes honramos con la membresía, nos honren con su presencia.” También destacó la importancia de la desinteresada labor de la organización galardonada con la Orden al Mérito “Enrique Ros” a favor de rescatar del olvido las impunes monstruosidades del castrismo con el fidedigno registro de las mismas. Por último, recordó la importancia de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio más allá de su función intelectual, como elemento de apoyo a los jóvenes cubanos víctimas del fracasado tinglado totalitario. Concluyó al respecto el Dr. Lolo:
Las nuevas generaciones de cubanos, confundidas, frustradas y escépticas como consecuencia del largo adoctrinamiento estéril en que se formaron, necesitan de todos nosotros. El catequismo castrista no dio resultado, pero ha fomentado una “doble moral”, un escepticismo y una apatía que hace que muchos de nuestros jóvenes hasta rechacen a José Martí y hayan perdido su amor por Cuba. Cierto que, con la excepción de los valientes opositores, siguen repitiendo forzados las mismas consignas oficialistas de siempre; pero ya ninguno se cree el viejo cuento. Es más, las endémicas carencias materiales han traído como resultado que para muchos de ellos sólo lo material sea importante; lo abstracto, un absurdo; el mañana, una utopía. Según la óptica generalizada de los jóvenes cubanos de la actualidad sólo existe el hoy, desgajado irremisiblemente del ayer, sin extensión o reflejo futuro alguno. Es nuestro deber recuperar, mediante un historiar objetivo, libre de toda retórica pueril, el legado cubano que muchos de nuestros jóvenes desconocen o rechazan; volver la vista atrás para andar hacia adelante; pasar de la nostalgia del anteayer a la nostalgia del pasado mañana.
De izquierda a derecha: Pedro Corzo, Salvador Larrúa, José A. Albertini, Armando Valladares, Eduardo Lolo y Octavio de la Suarée

Sunday, August 6, 2017

II. De lo real maravilloso… venezolano

Por Alejandro González Acosta

Entre los personajes de la Venezuela de hoy, algunos provienen de las sombras del ayer: así como Bolívar topó con Boves, Páez y Santander, hoy Capriles, Ledezma y López se enfrentan a Maduro, Cabello y Padrino.
En la Historia, las casualidades sólo son aparentes: si uno busca debajo, se revelarán lazos que vienen del pasado y oponen a los actores. Precisamente ese legado nos reserva grandes sorpresas para el presente. Por esos curiosos guiños de la Historia, hoy ocupan posiciones principalísimas dos grandes figuras de la oposición que pertenecen, documentadamente, a la familia de Simón Bolívar: Leopoldo López es tataranieto de Concepción Amestoy Palacios, sobrina del Libertador, y Henrique Capriles desciende de un hermano natural de este, Juan Agustín Bolívar, quien casó con Ana María Chacín y de ahí viene la progenie. Mi buen amigo, el documentado historiador y bravo periodista Don Antonio Herrera-Vaillant, publicó un gran libro sobre esto: El nudo desecho. Compendio genealógico de El libertador (Caracas, Academia Nacional de Historia e Instituto Genealógico Venezolano, 2010). Ahí incluye toda la información del caso, abundante y fidedigna. Ironía reveladora y suprema: dos descendientes auténticos de Bolívar encabezan hoy la oposición contra el “bolivarianismo” adulterado por Chávez y comparsas.
El origen de Maduro no sólo es oscuro (muchos aseguran que es colombiano), mas eso es lo de menos: la verdad, él ni cuenta. Pero Chávez, su mentor, la sombra sobre la que cabalga, afirmaba que descendía de un célebre bandolero (para él, un “héroe y un revolucionario”), una suerte de Facundo venezolano, el forajido Maisanta (Pedro Pérez Delgado, 1881-1924); Chávez se declaraba bisnieto materno de Maisanta, pero sin documentos, sólo de oídas y por sus dichos. Pero también se decía descendiente de la familia Unda o Hunda, y detrás de esto hay una anécdota, hasta ahora no revelada, que linda con lo real maravilloso americano y aún lo excede, para convertirse en un capítulo surrealista de la historia no escrita de América Latina, y que hoy publico por primera vez, accediendo a varios amigos quienes me lo han pedido insistentemente.
En 2002, ya siendo Vicente Fox Quesada Presidente de México, llegaron aquí dos personajes venezolanos en una extraña y enigmática misión de “alto secreto”. Mi buen amigo Guillermo Tovar de Teresa, portentoso erudito y Cronista de la Ciudad de México, me llamó y pidió que fuera a verlo, pues quería comentarme algo muy importante, pero no podía hacerlo por teléfono. Ya en su casa, Guillermo me contó: “Mi primo Santiago Creel -entonces Secretario de Gobernación- me solicitó ayuda en un asunto muy delicado y debo pedirte tu reserva. Te recomendé a ti como la más persona indicada para ayudarnos, por lo siguiente: como te has dedicado a investigar sobre la descendencia de Moctezuma II hasta la fecha, resulta que han llegado a México dos enviados de Hugo Chávez con la tarea de documentar que él es su heredero…” Mi expresión de asombro no perturbó a Guillermo: “México no desea problemas con ese señor, quien tiene mucho poder y dispone de cuantiosos recursos. Por eso mi primo Santiago me encomendó que buscara alguien conocedor del tema -tú- y manejáramos todo esto muy discretamente. Se trata de persuadir, sin agraviar ni molestar, a los dos enviados de Chávez, que desean les brindemos documentos probatorios en el Archivo General de la Nación, para sustentar su reclamación”. En México -debo aclararlo- el AGN se encuentra bajo la jurisdicción administrativa de la Secretaría de Gobernación, entonces al mando de Santiago Creel Miranda, primo de Guillermo.
Los enviados venían con un maletín repleto de dinero para financiar su empresa, y nos lo mostraron a Guillermo y a mí en la primera entrevista que tuvimos en la casa de éste. Querían documentar una tradición según la cual un descendiente de Moctezuma II había pasado a Venezuela a mediados del siglo XVI. Decían que buscaban un documento antiguo donde aparecía un tal “Francisco de Moctezuma”. Les comentamos que, en efecto, en un expediente del AGN aparecía un “Francisco Moctezuma”, registrado aproximadamente en 1630, quien fuera cacique de un pueblo llamado Tepeji de la Seda, entonces en el obispado de Puebla y hoy en el Estado de Oaxaca. Según los emisarios, este señor llegó al puerto de Coro y allí se estableció al casarse con una vecina, de cuya unión provenía la familia actual de los Unda (o Hunda).
Maisanta tuvo un hijo natural con una tal Claudina Infante, quien como no fue reconocido tomó el apellido de su madre y se le llamó Rafael Infante; este a su vez tuvo otra hija natural con Benita Frías Frías, la cual como tampoco fue reconocida, se llamó Rosa Elena Frías, madre de Hugo Chávez; pero esta Benita era también hija natural de Juan Pablo Frías y Marta Frías. Este Juan Pablo, abuelo materno de Chávez al parecer, era hijo de Eloy Hunda Márquez, de Guanare, con Eliza Frías, y tampoco fue reconocido legalmente. Es decir, resultaba evidente para nosotros que además de ser falso el vínculo de Moctezuma II con los Hunda, interferían además varias uniones no legalizadas.
Para ellos, ese “Francisco de Moctezuma” era sin dudas el descendiente principal y legítimo del antepenúltimo tlatoani azteca, que su descendencia actual eran los Hunda y que uno de ellos había sido el padre del abuelo materno de Hugo Chávez y, por tanto, sin más complicaciones, este era su heredero y, al mismo tiempo, tenía derecho para reclamar la corona azteca, proclamarse Emperador de México y demandar se devolvieran al país (más bien, a él) los estados de California, Texas, Nuevo México, Arizona… Todo esto era demasiado para asimilarlo por Guillermo y yo.
Tiempo después, toda esta gestión fue publicada en la página de la “Sociedad Genealógica León de la Cordillera”, situada en la ciudad de Boconó, en Trujillo, presidida por Rafael Ángel Romero Merino, donde se menciona como responsable y enlace de la misma en el Palacio de Miraflores, residencia oficial del Ejecutivo, a “Freddy Baptista”, (Freddy Jacob Baptista González), quien entonces se presentaba como “Asesor Personal” de la Presidencia, y hoy, al parecer según vi en la red, es el Coordinador del Partido Vente Venezuela (opositor) en el estado de Vargas…
Guillermo y yo escuchábamos imperturbables: apenas nos mirábamos de reojo, pero nos esforzábamos por ser corteses conteniendo la carcajada…
Después de esta vinieron varias entrevistas más, pues decidimos dosificarle la argumentación -aunque conocíamos suficientes elementos negativos desde el principio- para no desairarlos tajantemente, y provocar lo que temían Creel y Fox: que Chávez se fuera a molestar.
Comenzó entonces una delicada persuasión para ir desmontando uno a uno -y en varias sesiones, contando con la generosa anfitrionía de Guillermo en su palacio, verdadero museo, que hoy parece tendrá finalmente un destino seguro- fuimos induciéndolos para que fueran ellos mismos quienes “descubrieran” la verdad… Realmente fue un fino trabajo de diplomacia histórica y genealógica, como lo definió Tovar.
El tal Francisco Moctezuma llevaba ese apellido como muchos habitantes en México, pues al ser vencido el señorío azteca, generalmente escogieron el que desearon, no sólo autóctono, sino hispano: numerosos indígenas entonces se apropiaron (por bautizo o por declaración propia) de apellidos de la aristocracia española, como Álvarez de Toledo, Castilla, Aragón, de la Cerda, Manrique de Lara, Ponce de León, incluso Cortés y Alvarado, entre muchos más, y a veces también como homenaje de pleitesía o compadrazgo… pero sin que fueran miembros legítimos del linaje, ni mucho menos. Otros decidieron llamarse Moctezuma, sin ser descendientes legítimos ni aún sanguíneos del personaje. Hoy, documentados debidamente, sí hay descendientes del tlatoani por línea de varón, asunto que ha trabajado estupendamente mi buen amigo Don Javier Gómez de Olea y Bustinza[1], Director de la Real Academia Matritense de Genealogía y Heráldica (RAMHG); y de los descendientes por línea femenina de Isabel Tecuichpoh Moctezuma, me he ocupado yo[2], y con muchos de ellos mantengo actualmente contacto y amistad.
A ese Francisco “Moctezuma” espurio, ya en Venezuela, le añadieron (o se otorgó él mismo) el “de” nobiliario, pero en México nunca lo usó porque no podía: no era un hidalgo. Un aspecto poco conocido -o intencionalmente olvidado- es que España aceptó, respetó y mantuvo las dignidades nobiliarias indígenas, sustituyendo el vasallaje de los antiguos señores por el de los monarcas hispanos y sus representantes directos, los virreyes. En las Leyes Nuevas de Indias, los reyes españoles cuidaron de proteger a los súbditos de todos sus reinos (México, Perú y los otros dominios en América), y les reconocieron y concedieron la condición de “reinos de ultramar”, con semejantes derechos y deberes que los peninsulares. Pero entre estos, introdujeron como novedad la creación -no imitada por ningún otro imperio- de crear los Cabildos de Españoles y de Indios: eran entidades de justicia paralelas y con igual valor jurídico, que sólo diferían en su campo de acción y aplicaban sentencias entre semejantes.
Este Francisco Moctezuma (sin “de”, a secas) en realidad era un indígena -o mestizo- vecino de Tepeji de la Seda, sin ningún parentesco con el tlatoani, quien se caracterizó por maltratar extraordinariamente a sus sirvientes, compatriotas y vecinos, con gran crueldad; a tal extremo, que fue expulsado del pueblo y desterrado, según constaté en el expediente conservado en el AGN: así llegó a Coro y se afincó allí. Ese es el antepasado documentado de la familia Hunda. Hasta ahí sí existe una secuencia probatoria, pero esta se rompe por la declaración unipersonal y sin sustento de Maisanta, quien tuvo dos hijos naturales con la ya mencionada Claudina Infante; uno de ellos, Rafael Infante. De esta suerte, Hugo Chávez se declaró descendiente al mismo tiempo de Maisanta (su ídolo infantil) y de Eloy Hunda, según él, heredero de Moctezuma II. En realidad, Claudina Infante era una mujer que, como muchas infelices más, seguía a las tropas en las interminables guerras civiles venezolanas, y estaba ofrecida “a todo servicio” de los militares.
Maisanta (así llamado porque utilizaba con frecuencia la frase “Madre Santa”, pero que sólo atinaba a pronunciar torpemente “Mai Santa”), fue uno de tantos caudillos rurales de la violenta historia venezolana, pero sí está documentado que El último hombre de a caballo, como se le llama ahora, fue un bandolero que se afilió a distintos partidos políticos o facciones según sus conveniencias, y solía cambiar de bando de acuerdo con las coyunturas, hasta que fue finalmente apresado y murió en prisión, encadenado y al parecer “envenenado con vidrio molido” puesto en su comida, pero esto no está probado. Lo que sí está documentado es que desde la cárcel envió numerosas peticiones de clemencia a su vencedor, reconociendo y arrepintiéndose de sus muchos delitos y crímenes, prometiéndole fidelidad absoluta si lo perdonaba. Nunca ocurrió: Juan Vicente Gómez fue mucho más atinado que Rafael Caldera…
En resumen, Hugo Chávez decía ser descendiente de Maisanta y de Eloy Hunda a la vez; pero esta familia Hunda (o Unda) sí eran descendientes documentados del tal Francisco Moctezuma (sin el “de”), expulsado de Tepeji de la Seda por el cruel maltrato contra sus compatriotas indígenas, y luego avecindado en Coro, mas este no tenía nada que ver con el monarca azteca, de quien usurpó el apellido, en lo cual no fue ciertamente el único. De hecho, entre los auténticos descendientes probados de Moctezuma II actuales, ninguno exhibe tal apellido, pues el linaje ha pasado por línea femenina a la actualidad. Los únicos que, mediante privilegio real, conservan por tradición el apellido en primer lugar dentro de su nombre -de acuerdo con los requisitos del mayorazgo- son los Duques de Moctezuma de Tultengo, residentes en España.
Aparte de la vanidad y la soberbia, adquiere proporciones gigantescas la ignorancia de Chávez, lo cual es perfectamente entendible y perdonable, pues a fin de cuentas era un militar con un origen muy humilde, pero no así sus asesores, supuestamente ilustrados: era imposible que ni aunque fuera “descendiente” de Moctezuma II Xoyocotzin tuviera la plenitud de los derechos dinásticos -que fueron negociados en su momento con su legítima línea de varón- sino, peor aún, que el mal llamado “imperio mexicano” (en realidad era una Triple Alianza de ciudades, con una serie de pueblos tributarios) NUNCA se expandió más al Norte del Bajío, y sólo controló zonas muy específicas del actual México. Algunos guerreros llegaron más al sur, pero jamás establecieron un dominio permanente y estable. Los belicosos tarascos y purépechas de Michoacán, por ejemplo, nunca se sometieron a los aztecas y sus aliados, y los orgullosos tlaxcaltecas tampoco.
Sus asesores debieron aclararle a Chávez que cuando la soberanía de México alcanzó por el norte hasta la Bahía de San Francisco de California -por las misiones de los religiosos evangelizadores- sólo fue durante el virreinato, como Nueva España, nunca como parte del supuesto “imperio azteca”. Por otro lado, tampoco existió una corona real azteca, pues ni aún el mal llamado “Penacho de Moctezuma” lo fue[3]: el tlatoani portaba como símbolo de su autoridad religiosa, un tocado como banda triangular de oro adornado con turquesas (chalchihuite) llamado xiuhuitzolli, que representaba la eternidad del tiempo.
Entre sus sueños de gloria egocéntrica y megalomaníaca, Chávez acarició convertirse según esto en “Emperador de México” y por tanto en el legítimo monarca de todas las etnias latinoamericanas, desplazando incluso a un Evo Morales y reclamar a Estados Unidos la “devolución” de los territorios en su momento cedidos por el México ya independiente después de la desastrosa guerra de 1847, y ratificados por Don Benito Juárez después.
Guillermo Tovar resumió todo este affaire en una frase irónica, aludiendo al disparate de la pretensión de Chávez: es “genealogía-ficción”. Finalmente, los emisarios regresaron a Venezuela y desconozco cómo habrán informado al “tlatoani” carioca el resultado de sus gestiones. Pero después se publicó en Venezuela este asunto por la Sociedad Genealógica “El León de la Cordillera” (ya mencionada), con una encendida polémica que hasta obtuvo una precisa evaluación de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía.[4]
Guillermo y yo sentimos la íntima satisfacción de comprobar que, al menos por esta vez, los menospreciados estudios genealógicos y heráldicos sirvieron para prestarle un servicio práctico a México, evitando quizá un enfrentamiento internacional con un sujeto especialmente dañino y peligroso.




[1] Es sumamente valioso su ensayo: “La Casa de Moctezuma: la descendencia primogénita del emperador Moctezuma II de Méjico”, Revista de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas. Nº 38, San José de Costa Rica, Imprenta Nacional, Noviembre del 2000. Pp. 186-257. Se trata de un estudio que no dudo en calificar como definitivo sobre el tema.
[2] Un primer acercamiento mío al tema es: “Los herederos de Moctezuma”, Boletín Millares Carlo. Instituto Agustín Millares Carlo, Las Palmas de Gran Canaria, Nº 20, 2001. Pp. 151-158.
[3] Sobre este asunto he publicado un artículo: “El penacho del México antiguo”, Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, México, UNAM, Vol. XVIII, Nºs 1 y 2, 1er. y 2do. Semestres de 2013. Pp. 219-223.
[4] Editorial: “La genealogía al servicio de la política”. Boletín de la RAMHG, Año XVII, Nº 62, 1er. trimestre de 2007.