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Monday, December 18, 2017

Condolencias

El PEN CLUB  de Escritores Cubanos en el Exilio lamenta profundamente el repentino fallecimiento del Dr Salvador Larrua, destacado académico, autor e intelectual cubano. El Dr. Larrua, al momento de su deceso era miembro de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio y de otras prestigiosas instituciones académicas y culturales. Reciban, familiares amigos y colegas nuestro mensaje de apoyo y condolencias.
Por la Junta Directiva del PEN-CLUB
                                                                                                     
José Antonio Albertini
Presidente                                                                       

Luis de la Paz

Secretario         

.....................................

Estimado Dr. Lolo
He tenido noticias a través de la RAHA del triste fallecimiento del Dr. Salvador Larrúa. En la Academia Hispanoamericana estamos todos consternados. La historiografía hispana pierde realmente a uno de sus más ilustres investigadores, aunque siempre nos quedará su obra. Quisiera transmitirle mis más sentidas condolencias que hago extensiva a todos los Académicos de la Academia de la Historia de Cuba en el exilio y a los compañeros de la ANLE.
Desde Cádiz un fraternal abrazo

María Felicidad Rodríguez Sánchez
Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Letras y Artes             

Thursday, December 14, 2017

NOTAS DE CONDOLENCIA POR EL FALLECIMIENTO DEL DR. SALVADOR LARRÚA

Reproducimos a continuación un resumen de algunas notas recibidas con relación al fallecimiento de nuestro insigne miembro.

          Apreciado Dr. Lolo:
Acabo de leer con gran consternación y dolor el fallecimiento de nuestro común y buen amigo, Dr. Salvador Larrúa. Descanse en paz y que el Señor le acoja en su seno.
 Guillermo Torres-Muñoz, Canciller
Imperial Orden Hispánica de Carlos V
  -----------------------------Excmo. Sr. D. Eduardo Lolo:Mi estimado amigo:Triste noticia la que nos transmite. A pesar de la distancia, Salvador Larrúa era una persona muy querida entre nosotros. No hace mucho, precisamente, recibíamos su último libro sobre la figura de Juan de Miralles. Sus deferencias hacia la Academia eran continuas. Descanse en paz.En nombre de la Real Academia Hispano Americana y del mío propio, le ruego transmita a sus compañeros académicos y a su familia, nuestro sentido pésame.
Un afectuoso saludo Manuel Bustos Rodríguez, Director
Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Letras y Arte.
  -----------------------------(Fragmento del mensaje del notable historiador español José A. Crespo-Francés)
Salvador era un hombre de Fé, rebelde frente a la injusticia y adalid y defensa de nuestra Historia, como un acantilado, firme frente a la tormenta, sin estar dispuesto a dar un paso atrás. Era un valiente faro anclado a la roca y adentrado en océano frente a la costa, dando luz y solidez a todos los que le mirábamos. Hoy Nuestro Señor se lo ha pedido, que diera ese paso, el último pero no hacia atrás, él nunca lo haría. Ha dado un paso al frente como humilde Soldado de Cristo ante su llamada, y nosotros debemos cerrar filas, cubrir su hueco y seguir adelante en su lucha. José Antonio Crespo-Francés
Aranjuez
  -----------------------------Estimado D. Eduardo: Muchas gracias por confirmar tan triste noticia que, al resultarme inesperada, me causa todavía más pesar. No tuve el gusto de conocer personalmente a D. Salvador pero sí de mantener una comunicación siempre cordial, amena y sincera, entre dos personas unidas por comunes valores e ideas. Nuestra relación se remontaba a 2014 y tuve el placer de proponerle para una condecoración del Capítulo Noble. Por su parte, él había obsequiado a la corporación con diversos ejemplares de algunas de sus obras. A través de las mismas pude corroborar lo que ya me constaba por nuestra correspondencia. Que se trataba de un hombre culto hasta la erudición, profundamente católico, inspirado por hondas convicciones y enamorado de la historia de su país, de la de España y de la cultura hispanoamericana. Me es muy triste recordar en este momento aquellos debates históricos que manteníamos, siempre reivindicando la grandeza de España y de sus países hermanos. Por todo ello, le tenía en gran estima y estaba a punto de tratar con él un tema de la corporación. Con el mayor merecimiento se hizo acreedor de la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica, que en su día le fue concedida por Su Majestad. Lamento mucho su pérdida, de la que informaré a la Diputación del Capítulo Noble. A título personal no dejaré de recordarle en mis oraciones. Le ruego que, por favor, traslade a su viuda, hija y demás familia, la más sentida condolencia de la Diputación, a la que hago especialmente extensiva la mía propia. De nuevo, gracias. Reciba un cordial saludo desde España. Atentamente,
 Federico de Montemayor
Secretariado
Capítulo Noble de Fernando VI
  ----------------------------- ¡Qué triste noticia, por la pérdida irreparable que implica! Como expresión de respeto y homenaje la circularé entre la comunidad de amigos y trataré que se publique la nota en Diario de Cuba y Cubaencuentro, que son periódicos digitales muy leídos por los cubanos del exilio y de la isla. Deposito mi esperanza en que encuentre descanso eterno y que esos 5 tomos con la historia de la Iglesia en Cuba se puedan publicar, por cuestación pública.
Resignadamente, Alejandro G. Acosta
Miembro Correspondiente en México
Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE)
Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.
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Estimados amigos:
     Con profundo dolor lescomunico el fallecimiento de uno de nuestros distinguidos miembros, el querido Salvador Larrúa-Guedes.
Que en paz descanse.
0ctavio de la Suarée



Friday, December 8, 2017

NOTA DE DOLOR: FALLECE EL DR. SALVADOR LARRÚA GUEDES

Salvador Larrúa (izquierda) momentos antes de que Eduardo Lolo presentara uno de sus libros en 2016.
Por Eduardo Lolo

El Dr. Salvador Larrúa Guedes, uno de los historiadores cubanoamericanos más importantes de las últimas décadas, falleció en la ciudad de Miami al mediodía del 7 de diciembre. Había nacido en la ciudad de Camagüey el 29 de mayo de 1942 y se caracterizó por una prolífera obra historiográfica y una sólida fe religiosa católica que le valió la persecución del gobierno castrista, a resultas de la cual partiría finalmente al exilio.

En Cuba fue periodista a cargo de la Sección de Economía de la revista Palabra Nueva (órgano del Arzobispado de La Habana), colaborando con temas de Historia, Historia de Cuba, e Historia de la Iglesia. Fue, simultáneamente, Profesor del Seminario Mayor de San Carlos y San Ambrosio de La Habana, así como Director, profesor y fundador de la Cátedra de Humanismo y Sociedad del Convento Dominico de San Juan de Letrán, de la misma ciudad.

Como investigador histórico, ya desde su país natal se caracterizó por un profesionalismo de alto calibre, como demostró en la ampliación y reconstrucción del Archivo Histórico de los PP. Dominicos, la catalogación y clasificación de la Biblioteca de la Iglesia Merced, su Museo y su Archivo Histórico, la reconstrucción y ampliación del Archivo Histórico de la Casa Central de los Padres Paúles en Cuba y del Archivo de la Delegación Franciscana de Cuba, etc.

Una vez en el exilio, fue Director del Centro de Estudios de la Florida Colonial Hispana y de su Archivo Histórico (el mayor Archivo Histórico Colonial de EE.UU.) y Director de la Revista Herencia Colonial de la Florida. Se destacó, asimismo, como Miembro y asesor histórico de la Comisión de Canonización de los Mártires de la Florida. (Martyrs of Florida Missions).

Como escritor, Larrúa fue autor de casi medio centenar de libros, la mayoría de ellos de temas históricos relacionados con la Iglesia Católica en Cuba y la temprana y determinante presencia hispana en la Florida. Entre ellos cabe destacar Grandes Figuras y Sucesos de la Orden Franciscana en Cuba, Historia de la Virgen de la Caridad del Cobre, Reina, Madre y Patrona de la Isla de Cuba e Historia de la Florida Colonial Hispana. Su última obra publicada se titula Juan de Miralles. Biografía de un Padre Fundador de los Estados Unidos, con la que continuaba su esfuerzo por dar a conocer la presencia determinante de los hispanos en el país que lo acogía. Al morir deja inédita, entre otras obras, una voluminosa Historia de la Iglesia Católica en Cuba de 5 tomos.


Su importancia en el campo de la historiografía hispana fue reconocida allende los mares. De ahí que haya sido condecorado con la Cruz Oficial de la Real Orden de Isabel la Católica, investido Comendador de la Imperial Orden Hispánica de Carlos V, y electo Académico Correspondiente en los EE.UU. de la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras, entre otros muchos premios y distinciones.


Le sobreviven su esposa Noemí García, su hija Vivian Larrúa y varias nietas. A todas ellas, nuestras condolencias y los deseos de un descanso eterno para Salvador. Cuba, la Florida y el Catolicismo pierden con su partida a uno de sus más destacados y fecundos estudiosos.


Thursday, September 21, 2017

SALVADOR LARRÚA Y LAS RUTAS HISTÓRICAS DE LA FLORIDA*

Por Eduardo Lolo

Hurgar en el tiempo y revelar lo olvidado u oculto requiere capacidad intelectual, paciencia, focalización y hasta una pizca de buena suerte a la hora de sumergirse en viejos archivos de folios carcomidos de tiempo. Dar a conocer lo descubierto de una forma seria y amena al mismo tiempo que cautive por igual a eruditos y lectores no especializados, demanda un cuarto elemento tan determinante como los anteriormente señalados: vocación literaria apareada al talento. La conjunción de todo ello se manifiesta de una primera lectura de Don Pedro Menéndez de Avilés: el Adelantado de la Florida, del Dr. Salvador Larrúa-Guedes.
         La dedicación de Larrúa a la historia floridana no es nada nuevo. Sus estudios se centran, fundamentalmente, en la raíz hispana del actual estado norteamericano; raíces llenas de heroísmo, sueños de aventureros, misiones místicas, choques ‒la mar de las veces sangrientos‒ de civilizaciones disímiles y la visión adelantada de unos hombres de tenacidad a toda prueba. Por esa dedicación a desempolvar exitosamente el génesis hispano de la Florida es que el autor ha recibido importantes reconocimientos de la propia España tales como la Cruz Oficial de la Real Orden de Isabel la Católica, la Cruz de Caballero de Justicia del Capítulo de Fernando VI, el grado de Comendador de Número de la Imperial Orden Hispánica de Carlos VI, etc. De ahí que no sorprenda que el libro que comentamos haya sido publicado por el Centro de Documentación Histórica de la Florida Colonial.
         Don Pedro Menéndez de Avilés: el Adelantado de la Florida consta de 15 capítulos y 7 anexos. Es una biografía que se nutre de lo ya conocido, a lo que el autor añade lo descubierto en sus investigaciones en archivos coloniales y crónicas olvidadas. Cada aporte del biografiado a su tiempo, cada éxito o fracaso en su odisea, sus luchas y requiebros aparecen conectados de forma tal que, a pesar del carácter gigantesco del personaje, queda siempre, en primer plano, la persona. Y en ello considero reside el principal logro del libro. A veces, con el paso del tiempo, la misma obra de los hombres que soñaron en grande los convierte en estatuas de rigidez histórica. La vida, convertida en epopeya, tiende a despojarla del hálito siempre asociado a la duda, enemigo primado del héroe y contrincante de su primera batalla. Pero en esta biografía se conjura ese despojo: más allá de los honrosos títulos otorgados al personaje queda siempre, en primer plano, Pedro Menéndez, el rebelde adolescente devenido en aventurero que alcanza su punto culminante como ser humano mediante el sufrimiento inextinguible por la desaparición del hijo. Con independencia de todas las justificaciones ideológicas y religiosas de su gesta floridana, está la esperanzadora búsqueda del vástago perdido, que el afligido padre supone se encuentra en la península infestada de aborígenes belicosos y europeos enemigos tan peligrosos como los cocodrilos que afloraban a cada paso. No hay curva en el camino por hacer que el pesaroso padre no escudriñe en su búsqueda; es la pregunta que siempre hace a quienes encuentra. Larrúa nos recuerda, reiteradamente, esa epopeya pecho adentro, tanto o más heroica que la de la espada, por estar desprovista de título alguno.
         El historiador, sin embargo, no se circunscribe a relatar la biografía del Adelantado. El telón de fondo a su aventura devenida en proeza alcanza, a veces, un justificado primer plano, pues sin aquel no habría podido existir esta. La naturaleza hostil que recibía a los sorprendidos colonizadores españoles, las cruentas batallas de fuente ideológica contra los hugonotes, y los casi siempre inútiles intentos evangelizadores de jesuitas y franciscanos enfrascados en la conquista de almas, ocupan un espacio similar a los esfuerzos por sobrevivir o dominar la primera. Larrúa no minimiza las matanzas ejecutadas y sufridas por todos los bandos, según las peripecias bélicas de encuentros y desencuentros. Sin llegar a los extremos de las conquistas de México y el Perú, la Florida tuvo su cuota de sangre derramada, con la particularidad de que la europea fue, a veces, obra de las hostilidades entre los propios europeos. No es de extrañar, entonces, que algunas páginas de este libro sangren historia en vez de registrarla, pues tal parece que de tanto leer y releer crónicas contemporáneas a los hecho que narra, Larrúa no ha podido evitar ser influenciado por las mismas. ¿O estamos en presencia de un venturoso recurso estilístico premeditado?
         Paralelamente a la intensificación de la barbarie arriba referida –y aunque parezca una paradoja–, los europeos impusieron una ideología que prohibía la antropofagia, el homicidio ritual, el incesto y otras aberraciones sociales comunes en las civilizaciones indígenas. Pero, más importante que todo ello, trajeron unas lenguas provistas de la más poderosa de las herramientas del hombre: la palabra escrita, con todas las implicaciones culturales, sociales, económicas y científicas que tal herramienta trae aparejadas.
         El contrasentido, sin embargo, no se detiene ahí. Aquellos europeos (pocos) y aborígenes (en multitudes) que murieron durante el proceso de colonización, lo hicieron sin saber que daban vida, con sus muertes, a un hombre nuevo (que es algo mucho más importante que un Nuevo Mundo) el cual habría de sustituir en el continente, como fuerza social, a unos y otros. De esa sangre derramada y combinada surgirían, a corto plazo, un Inca Garcilaso de la Vega, una Sor Juana Inés de la Cruz; y a largo plazo, un Hidalgo, un Bolívar, un Martí, un Darío, y todos nosotros, los criollos. De manera tal que cada 12 de octubre celebramos, también, el Nacimiento de América como tal, ya que aunque Colón erró su camino a las Indias, abrió –sin saberlo ni proponérselo– el que condujo a la creación del hombre americano. De acuerdo con lo anterior, la polémica efemérides se torna entonces la celebración de un parto. Sangriento y lleno de dolores y sentimientos encontrados como todo parto; pero con el final –siempre asombroso– de una nueva vida lograda.
Los doctores Salvador Larrúa y Eduardo Lolo
         Los anexos de Pedro Menéndez de Avilés: el Adelantado de la Florida constituyen otro acierto de la biografía que anuncia el título, en tanto la rebasan cronológicamente o complementan con alegatos y documentos originales, según el caso. Del Adelantado se adelanta, entonces, parte de la historia posterior al biografiado y hasta sus propias palabras en la reproducción de su Memorial para la creación del Sistema de Flotas, el testimonio de uno de sus subordinados en la odisea floridana, y la descendencia del personaje biografiado en una muy detallada relación.
Pero, más allá del ruido de sables iracundos y el silbido de flechas desconcertantes, queda el asombro del encuentro entre el Uno y el Otro, paradójicamente siempre plural y beligerante en direcciones múltiples en que el Uno y el Otro hasta se combatían a sí mismos. Esa visión inicial del Otro quedó determinada por dos elementos condicionantes: por un lado, la imagen físico-social real del aborigen americano, nada homogénea; por el otro, la herencia cultural del vidente europeo, de indiscutibles raíces medievales, donde aún quedaba sin delinear la frontera entre ciencia y magia, entre lo posible y lo imposible. En ese confín apenas esbozado quedó ubicado, señoreando, lo nuevo en tanto que desconocido, que en la América de fines del siglo XV significaba todo, desde el canto sorprendente de un ave de colores alucinantes hasta el enigmático discurso de bienvenida (o rebeldía) de un cacique semidesnudo, a veces tan sorprendente y alucinante como el canto y los colores del ave que herían las visiones de estreno europeas.
Por lo anterior quiero destacar, como elemento final, que no podía faltar en la saga del Adelantado Pedro Menéndez de Avilés uno de esos hechos históricos insólitos de tiempos de la Colonia que de alguna forma habrían de preludiar el realismo mágico que caracterizaría la literatura hispanoamericana siglos después. De todos es conocido que Cristóbal Colón tiene dos sepulcros ocupados: uno en Sevilla (España) y otro en Santo Domingo (República Dominicana), siendo honrado en ambos lugares a pesar de que resulta imposible que un mismo cuerpo se encuentre sepultado en dos mausoleos a miles de kilómetros de distancia uno del otro. Con relación a Pedro Menéndez sucedió algo igualmente fuera de lo común. Por expresa voluntad del Adelantado su cadáver fue enterrado en Avilés, en una especie de vuelta total de la noria de su vida. Pero una vez exhumados sus restos, en vez de desecharse el viejo ataúd, por expresa solicitud americana este fue regalado por el Alcalde de Avilés a la ciudad de San Agustín, en la Florida. En estos momentos, debidamente restaurado, el sarcófago vacío se encuentra expuesto (“para asombro y gozo de los visitantes”, según Larrúa) donde en 1565 el Adelantado asistiera a la primera misa en tierras floridanas para proceder a la fundación de la ciudad más antigua de lo que hoy llamamos Estados Unidos. Sus restos reposan en Avilés, pero basta la sombra pertinaz de su cuerpo inerte en un viejo ataúd para mantener su presencia en tiempo y espacio en el peldaño esencial de su epopeya: la Florida. En Europa descansan sus cenizas; en América, el hálito tenaz de su gesta.


*Publicado originalmente en la Revista de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (RANLE), Vol. V. No 10, 2016. Págs. 357-361.