Saturday, June 17, 2017

No todas las carcajadas son iguales: un análisis del humor en Un cubiche en la luna de Iván Acosta

Por Jason Meyler


Jason Meyler
La obra del cubano-americano, Iván Acosta, lleva más de tres décadas desarrollándose y no ha dejado de ser una vigente aportación al conocimiento de la cultura cubana tanto en la isla como en los Estados Unidos. A veces su creación literaria reprocha abiertamente las condiciones cotidianas en Cuba a partir de la Revolución en 1959, como es el caso en su pieza Un cubiche en la luna (1989), y otras veces el dramaturgo le coloca al espectador en un país ficticio que sufre bajo un anónimo gobierno totalitario como en la obra Recojan las serpentinas que se acabó el carnaval (1989). Los Estados Unidos y las innumerables experiencias de exilio no escapan el ojo crítico del dramaturgo y cineasta como se puede apreciar en la adaptación cinematográfica de su obra teatral más conocida, El super (1982).[1] En Rosa y el ajusticiador del canalla (2004), otra obra teatral que estrenó en la gran pantalla en 2009, Acosta destaca la intensidad emocional que provocan ciertos gobiernos en un contexto transnacional. Por último, su obra cosmopolita se enfoca en varios espacios urbanos tan impersonales que resultan familiares a multitudes de gente familiar con las grandes metrópolis de occidente. Las obras No son todos los que están… (1989), Cosas que encontré en el camino [2] o su película, Amigos (1985) podrían tener lugar en Nueva York, Miami, Londres o Buenos Aires. Sus temas no nos alejan de lo familiar cuando examinan la locura, los recuerdos y la supervivencia del ser humano.
El presente ensayo analiza el elemento estilístico que supera los límites físicos y espaciales del escenario. El humor forma gran parte de la rica expresión lingüística de la obra acostiana y merece más atención crítica de la que ha recibido hasta ahora. La comicidad penetra no sólo las palabras de los personajes y los movimientos físicos, sino los pensamientos políticos y los valores culturales también. Para comprobar esta observación, hace falta hacer una mirada que aprecie la complejidad de los momentos durante los cuales o los protagonistas o los espectadores se echan a reír. Ester Sánchez-Grey Alba ha sido hasta ahora la única crítica que ha mencionado la función de lo cómico en la obra acostiana. Su breve comentario sirve para apoyar su argumento sobre el tema del desarraigo en el teatro de Iván Acosta pero no profundiza lo suficientemente en lo que nos ofrece el humor. Ella observa que, “El fino sentido del humor de Acosta crea un balance muy adecuado entre la trágica realidad y la risa, es decir, que la tesis planteada no pierde solidez en ningún momento ni el chiste oportuno interrumpe la tensión dramática” (Sánchez Grey Alba 119). Mientras Sánchez-Grey Alba se enfoca en El súper (como una instancia concreta para su análisis, el presente trabajo difiere del suyo en dos aspectos principales. Primero, éste hace hincapié en la función múltiple del humor y cómo las interpretaciones de lo cómico trascienden las risas temporales. Segundo, este análisis se concentra en Un cubiche en la luna que ha recibido menos consideración crítica, pero que no ha dejado de ser relevante.[3] Mientras un estudio del fenómeno del humor en esta obra puede concordar con la observación más general sobre lo cómico de Sánchez-Grey Alba, hay que explorar la profundidad del “fino sentido del humor” para mejor entender el aspecto crítico de esta obra y la relevancia socio-cultural de ella. Existen varios niveles del humor en Un cubiche en la luna y cada uno de éstos debe recalcar la convicción de que no todas las carcajadas son iguales, que cada iteración de las situaciones humorísticas debe ser analizada cuidadosamente para destacar tanto su subjetividad como su contribución a la totalidad de la obra.
Gabriel Murcia (al fondo), Ricardo Rey, Ileana Fuentes, Iván Acosta y Paul Radelat

 Entre las indagaciones sobre el humor será preciso considerar el argumento convincente de Paul Lewis en su libro Comic Effects: Interidisciplinary Approaches to Humor in Literature. En este valioso trabajo Lewis propone varias aproximaciones al estudio de lo cómico con la observación central de que no hay una sino numerosas maneras de escudriñar el humor en la literatura. Además, observa que los análisis definen parámetros o marcan límites en el estudio del humor que suelen fracasar porque no superan las generalizaciones. Según Lewis, los estudios del humor en la literatura harían mejor en enfrentarse a tres aspectos bien generales sin pensar en ellos como categorías definitorias: (a) hay que determinar la forma en que aparece el humor, (b) se debe cuestionar la función que tiene el humor y, por último, (c) se recomienda una aproximación al humor que lo vea como un emisor de valores (xi). Además, este crítico sugiere que los investigadores de lo cómico deban tomar en cuenta las investigaciones que aparecen en varios campos de estudio. Desde las contribuciones de la psicología a las aportaciones de la literatura, la metodología de Lewis es interdisciplinaria y sirve para analizar Un cubiche en la luna sistemáticamente sin oscurecer ni la trama ni el valor estético del texto dramático.
Otra indagación con que este trabajo aproxima el humor es la conocida “Indagación del choteo” de Jorge Mañach. Esta conferencia pronunciada en 1928 consiste en unas de las primeras deliberaciones sobre la vertiente de humor cubano y sirve como una referencia indispensable para muchos críticos que analizan la comicidad en la cultura cubana.[4] Mañach sugiere que el choteo está basado en los actos de “no tomar nada en serio” y de “tirar todo a relajo” (57). Poco después añade que “[…] las dos definiciones citadas apuntan al mismo hecho externo – un hábito de irrespetuosidad – motivado por un mismo hecho psicológico: una repugnancia de toda autoridad” (58). Sobre el choteo en Un cubiche en la luna, Armando González-Pérez sigue las propuestas generales de Mañach y propone que “El autor [Iván Acosta] emplea en esta obra la ironía y el lenguaje típico del choteo cubano que gran habilidad para denunciar los abusos cometidos por el gobierno fidelista” (27). Efectivamente, hay ejemplos inolvidables de choteo en Un cubiche en la luna, pero esta variación cubana del empleo del humor es una sola función de muchas que el humor acostiano exhibe. La comicidad multifacética subraya el rol clave que la cultura popular estadounidense y cubana tiene en la sociedad contemporánea, satiriza algunas figuras históricas (no políticas) provenientes de varios países y a veces recalca el lugar esencial que tiene el humor en mantener comunidades culturales desde Cuba a los Estados Unidos.
A volar en globo
Esta obra teatral en dos actos sigue al protagonista, Federico, en su empeño de construir un globo casero con pedazos de goma, lonas, hules y otros materiales desgastados. El reto de Federico imita el evento histórico de Matías Pérez, un piloto que voló en un globo en 1856, pero que desapareció en el mar Caribe. El vuelo de este piloto provee el origen del dicho cubano “voló como Matías Pérez” y suministra la materia prima para una cantidad de otras obras teatrales.[5] En la versión acostiana, Federico construye el globo durante los años de 1980 y en una época representada como una de varias dificultades diarias para el pueblo común. Entre ellas hay escasez de vivienda, de comida saludable y de otros bienes comunes. Federico se siente optimista y le dice a la gente a su alrededor que su meta es volar sobre la Plaza de la Revolución el 26 de julio justamente durante el discurso anual del comandante Fidel Castro. De esta manera, Federico podría demostrarles al pueblo cubano y al comandante Castro su ingenio y posiblemente conseguir un apartamento para él y su novia, Silvia. A los vecinos y a la novia, les explica que piensa saludar al comandante desde arriba y luego aterrizar en el Malecón que está más o menos a 18 kilómetros del lugar donde piensa despegar. Las seis escenas del primer acto aumentan la tensión y el misterio sobre la motivación de Federico porque ni los personajes ni los miembros del público se enteran de las intenciones verdaderas del protagonista. Durante un monólogo aparte, Federico explica la necesidad política de tanto secretismo.
FEDERICO: Me da pena con Silvia. Yo la quiero de verdad. El problema es que en este sistema uno no puede confiar ni en su propia sombra. No es que yo no confíe en Silvia. Pero, como dice el refrán, “las paredes tienen oídos”. Todos piensan que voy a aterrizar en el Malecón. Ustedes han sido testigos de todo esto hasta el momento. ¿Y ustedes, qué creen? Ustedes piensan que voy a aterrizar en el Malecón? (Se echa a reír.) (27)
Debe ser obvio a partir de estas risas que el protagonista piensa engañarles a todos con su vuelo. La obra ya desvela su deuda al teatro del absurdo y, según el aparte del protagonista, sería lógico esperar una huida de Cuba para exiliarse. Pero Acosta compone Un cubiche en la luna con tanto humor y acontecimientos bufos que hay pocas dudas de que su obra se relaciona con la corriente del teatro del absurdo que empezó en la primera mitad del siglo XX, y fue comentada brillantemente por el crítico Martin Esslin en los años 1960.[6]
Eric Weitz subraya la importancia de lo absurdo en The Cambridge Introduction to Comedy (2009) y contribuye al análisis de la función que tiene este humor que se acerca a lo absurdo. Al mencionar a Eugène Ionesco y a Samuel Beckett, Weitz afirma que “absurdity is the basis for all humour, so we should not be surprised to find rampant incongruity in worlds manifesting a loss of faith in serious discourses” (151). Es aparente al final del primer acto que el protagonista está harto del nuevo discurso oficial de la línea oficial del estado cubano. En la sexta y última escena del primer acto, el portavoz del gobierno, Enriquito, le habla al público sobre la importancia del vuelo inminente de Federico, pero el mismo pueblo declara su frustración con la oratoria de siempre. La VOZ DEL PUBLICO le dice a Enriquito, “termina de hablar, mi socio, que hace mucho sol” (28). Enriquito deja de hablar y Federico despega en su globo. Un locutor termina el acto al narrar la historia de Matías Pérez y al asociar a este piloto famoso del siglo XIX y su vuelo trágico con el vuelo inminente del protagonista, Federico.
El segundo acto trata la expedición extraordinaria y hace que esta obra deje de imitar fielmente la realidad. La trayectoria de Federico le lleva al espacio y eventualmente, como implica el título, a la luna. Mientras está en la luna, Federico conoce a tres seres: dos humanos y otro ser que es un extraterrestre del planeta de la paz. Como la famosa presencia normalizada de los rinocerontes de Eugène Ionesco, el hecho de que Federico conoce a dos astronautas y a un extraterrestre es incongruente con la realidad y, en estos dos casos, absurdo. Según Lewis es productivo ubicar los orígenes del humor en la literatura en instancias de incongruencias. El humor es una de dos reacciones comunes a cualquier incoherencia – la otra es el miedo. Tanto el humor como el miedo son respuestas psicológicas y a veces físicas que los seres humanos tienen para tratar de resolver los problemas que proporcionan las incongruencias. El enfoque de Iván Acosta tiene que ver casi exclusivamente con lo cómico, pero existen unos ejemplos donde el miedo no se halla tan ajeno del humor.

Hablando se entiende y se ríe la gente
Las primeras observaciones sobre Un cubiche en la luna toman como punto de partida la ubicuidad del humor lingüístico, el juego de palabras en muchos sentidos. Desde las referencias culturales hasta los refranes multiculturales, Iván Acosta tergiversa las palabras e intenta hacerle reír al público lector a la misma vez que le invita a contemplar el lado cómico del sufrimiento cotidiano. Esta obra teatral no tardar en ubicar el lector en un ambiente tan humorístico como incongruente con su título. Según la definición de Marcos A. Morínigo de la palabra “cubiche” en su Nuevo diccionario de americanismos e indigenismos, el sustantivo “cubiche” se emplea para referirse a un cubano “festivamente” (227). Con jerga conocida, el título llama la atención al pueblo cubano y a los interesados en la cultura cubana. La segunda parte del título – en la luna - alude al segundo acto de la producción donde dominará la fantasía espacial. La combinación de la íntima referencia cultural con un anuncio poco sutil sobre dónde se encontrará al protagonista cubiche es graciosa y sirve para fomentar la anticipación de una cómica obra teatral que desarrolla temas cubanos.
Las primeras palabras habladas en Un cubiche en la luna también apelan a los cubanos con un lenguaje tragicómico. El primer intercambio entre Federico y un amigo hace referencia a una figura famosa en el hablar cubano. Perucho, el amigo, entra en el escenario y lo saluda a Federico preguntándole: “¿Qué dice el futuro, Matías Pérez?” Ésta es una de muchas referencias a Matías Pérez y al dicho cubano “voló como Matías Pérez” a lo largo del primer acto. La alusión repetida caracteriza las intenciones quijotescas de Federico y empieza a prefigurar unos resultados irreales. Hace décadas D.C. Corbitt investigó este dicho cubano y en 1941 publicó un breve escrito en Hispania sobre cómo Matías Pérez, un aeronauta cubano nacido en Portugal, llegó a cobrar tanta fama en la isla caribeña. No era el primer cubano que navegó un globo, sin embargo su fracaso en 1856 le dejó al pueblo cubano un refrán que tiene más de 150 años en uso. Corbitt explica el significado diario del dicho de esta manera: “[…] when some person proposes to do something fantastical or theatrical, he will probably be reminded that he will fly like the immortal aeronaut. If the grand attempt fails, the commentators will shrug their shoulders and say, ‘Voló como Matías Pérez’” (280 bastardilla original). La incongruencia que resulta de llamarle a Federico “Matías Pérez” es la primera iteración cómica en la obra de Acosta y funciona para contextualizar la acción en una específica leyenda cubana. Las siguientes referencias a Matías Pérez no obran sólo para hacerle a uno dudar del éxito de Federico de volar en su globo casero sino que le recuerdan al público del cómico sueño del protagonista. Federico sabe lo que le pasó a Matías Pérez y no obstante sigue con la construcción casera de un globo y con la certeza resuelta de que puede lograr volar como Matías Pérez con diferentes resultados que la desaparición y la supuesta muerte de su precursor. Las múltiples referencias a Matías Pérez en la obra no le distraen al protagonista pero sí aumenta el efecto cómico que espera el público en el segundo acto. Entonces, la alusión al piloto del siglo XIX habla a una comunidad específica que conoce el uso del refrán porque pertenece a su hablar diario. Los que están mínimamente familiarizados con los acontecimientos de Matías Pérez pueden sonreír al percibir la dirección lúdica en Un cubiche en la luna. Los lectores no cubanos y / o los sin conocimiento ninguno de Matías Pérez tendrán un resumen de su historia en la sexta escena.
Otro ejemplo del humor lingüístico se puede escuchar a lo largo de la obra en la comunicación diaria entre los personajes. El diálogo entre Federico y un anónimo agente de la comunidad habanera es un típico ejemplo del juego de palabras que penetra el teatro acostiano. El oficial del gobierno sospecha que los planes de Federico irán en contra de lo aceptado por el gobierno castrista en los años 80. Sin embargo, él desea salir de la isla que presencia el éxodo del Mariel y la llegada de miles de cubanos a las puertas de la embajada peruana en 1980. El agente cree que si le echa una mano a Federico, él podrá acompañarlo en su vuelo. Cuando el agente sugiere que le pueda conseguir unos tanques de oxígeno para su proyecto, le explica que:
AGENTE: Vaya, no es legal, pero tampoco es ilegal. En este caso esto es un poco legal, pero es legal. Porque lo que tú estás haciendo es legal, ¿es o no es? Por lo tanto, no es ilegal. ¿Entiendes?
FEDERICO: (Medio confuso.) Lo entiendo perfectamente, compañero. (17)
Éste es un ejemplo de muchos donde los protagonistas juegan con las palabras. La audiencia se ríe de la yuxtaposición de palabras o del hecho de que el agente no quiere discutir abiertamente la legalidad de lo que le propone a Federico. El humor lingüístico de este intercambio se aprovecha de una incongruencia física que se puede leer en la acotación. Mientras las palabras implican que comprende la cuestión de legalidad, su cuerpo muestra confusión.

No hay perplejidad, sin embargo, cuando los protagonistas se refieren a la cultura popular. Entre los mejores ejemplos, se destacan las dos menciones del superhéroe, Superman. La primera consta de la explicación que Federico le da a Silvia cuando éste imagina su propio vuelo:
FEDERICO: […] Imagínate: 26 de julio, Plaza de la Revolución. Fifo y su tabacón dando muela por el micrófono. Muchos aplausos. De pronto Fidel hace así y ve algo volando en el cielo. Es un OVNI, no. Es un pájaro, no. Es superman [sic], tampoco. Ta-ta-ta-tá… Es Federico, volando en su globo rojo, blanco y azul, como la bandera. […] (7)
La segunda referencia a Superman ocurre en la segunda escena del segundo acto después de que Federico haya alunizado. Cuando los dos astronautas están al punto de alunizar también, el protagonista se esconde detrás de una gran roca lunar y se pregunta, “¿Qué será eso? Es un avión, es un pájaro, un cohete. Superman no puede ser” (33). Mientras la primera mención al superhéroe imagina al protagonista como Superman, la segunda confunde la llegada de una nave espacial con el conocido superhombre. Más importante es ver cómo las dos remisiones cómicas crean un contexto cultural para la acción de la obra. Elias Domínguez-Barajas propone en una investigación sobre los proverbios en una comunidad mexicana que, “it is through our use of language that not only do we get things done collectively but also through it that we coidentify socially” (1). Esta afirmación se aplica a Un cubiche en la luna y subraya la utilidad del lenguaje al identificarse socialmente. El comentario también resuena con el aspecto del humor como expresión de valores que considera importante Paul Lewis. Las menciones de Superman crean una sensación de comunidad entre los hispano-hablantes y las referencias culturales que comparten.
Iván Acosta

Chistes lacerantes
While tragedy typically interrogates the mettle of the human constitution under pressure from life’s ‘great questions’, comedy remains essentially drawn to the more quotidian concerns of the individual as social animal. Eric Weitz The Cambridge Introduction to Comedy A veces el humor en Un cubiche en la luna se burla más intensamente de las condiciones diarias en La Habana. Por ejemplo la tercera escena del primer acto está repleta del choteo que trata asuntos físicamente dolorosos. En una reunión del poder popular el secretario que dirige la reunión pide comentarios de los residentes de la vecindad durante la sesión de quejas.
HOMBRE SIN DIENTES: (Con problemas al hablar) Compañero, mi problema es un problema de dientes. (Todos los que asisten a la reunión se ríen)
 SECRETARIO: Orden, orden, exprésese mejor compañero.
HOMBRE SIN DIENTES: Hace tres meses me tomaron las medidas de la boca para hacerme una caja nueva. Y éstas son las tristes horas que aún no me la han entregado.
SECRETARIO: Secretaria, apunte eso ahí, que es importante. Compañero, haremos todo lo posible que esté revolucionariamente a nuestro alcance para que le resuelvan lo de su dentadura. Mientras tanto, coma con la dentadura vieja.
HOMBRE SIN DIENTES: Es que se quedaron con la vieja también. (Una voz grita, “que le den sopa en botella”. Todos se ríen.) (14)
Luego en la misma escena, un personaje llamado “Otro compañero” se queja de la escasez de alimentación saludable.
OTRO COMPAÑERO: Compañeros, lo mío es un problema estomacal.
SECRETARIO: ¿Qué le sucede compañero Cheo? ¿Está padeciendo del estómago?
 OTRO COMPAÑERO: No, compañero, estoy padeciendo de hambre. (Todos se ríen.)
SECRETARIO: Corten el relajo, corten los chistecitos, ¡carajo!
OTRO COMPAÑERO: No es ningún chistecito, compañero. Es cierto. Con la cantidad de carne que están repartiendo ahora, no alcanza ni para darle sabor a una sopita […] (ibid.)
Estas dos situaciones humorísticas se aprovechan de situaciones atormentadas y son reacciones a unas incongruencias que pueden provocar o el humor o el temor. En estos casos parece que las incongruencias inducen las dos emociones de humor y de grima – un miedo de no poder comer y de no poder comer bien. Otra vez parece que el autor encuentra una manera de presentar el lado cómico de una situación dolorosa en la vida diaria de los personajes. El choteo en estos dos casos recuerda el contexto penoso en que viven los protagonistas, desafía la autoridad local y expresa opiniones ciertamente anti-castristas.
En una parodia aún más seria de las circunstancias diarias del pueblo cubano, Acosta inyecta al personaje secundario de Enriquito una mentalidad casi robótica. Enriquito estudió en Rusia y cada vez que entra en el escenario actúa como si estuviera en la presencia de oficiales militares del gobierno castrista. Se cuadra cada vez que acaba de hablar, denuncia el capitalismo y recalca la vigencia de la Revolución cubana. Federico le tiene compasión y le comenta humorística y compasivamente a su novia que a Enriquito “le quemaron el coco en Rusia” (20). El comentario sobre el acto de lavar el cerebro oscila entre el humor y la crueldad, especialmente cuando Enriquito repite palabra por palabra un comentario sobre el significado del término “libertad”. Dos veces en una misma escena éste dice lo siguiente a los mismos personajes:
ENRIQUITO: […] Libertad es un nombre muy significante. La libertad que vive Cuba desde el 1959. La libertad que tiene el pueblo cubano para escoger entre la milicia, el ejército, los comités de defensa, etc., para defender la Revolución, a aprobar o a desaprobar con sus gritos y sus aplausos lo que proponga el primer secretario, el general de las fuerzas armadas y presidente, compañero doctor Fidel Castro Ruz. (Se cuadra. […]) (19 y 24)
Al pronunciar este mini-discurso al pie de la letra pocos momentos después, Enrique parece más robótico que al principio de la obra. Se representa el dolor en que vive una parte particular del pueblo cubano, pero se presenta con leves toques de humor. Recuerda las deliberaciones de Albert Bermel y su entendimiento del concepto de comic agony. En su libro del mismo nombre, este crítico sugiere que comic agony represente una tangente de la categoría clásica de tragicomedia. Mientras las obras tragicómicas alternan entre momentos trágicos y cómicos, comic agony entreteje las dos ramas teatrales a tal punto que no se distinguen entre los fenómenos trágicos y los cómicos (Bermel 4). En Un cubiche en la luna es fácil reírse mientras los compañeros del hombre sin dientes se burlan del hombre desafortunado. A la misma vez, es difícil olvidarse de la escasez endémica de alimentación y de recursos médicos que puedan remendar la situación.

Carcajadas culturales
In the realm of comic agony the best works I know consist of substantial content molded by playful forms. The pain remains, but it has been transcended, triumphed over. The creating artists step outside their agony and make toys of it, put it through hoops and somersaults, racket it around on unprecedented landscapes. They seek more effectual, and if they are fortunate, more durable ways to convey it then by whining or pleading or weeping. Albert Bermel Comic Agony
La geopolítica de los Estados Unidos, Rusia y Cuba forma el enfoque de la última serie de instantes cómicos analizados en el presente trabajo. En el segundo acto radica la mayoría de un humor que se burla de las culturas y las políticas de estos tres países. Este acto comienza con pura fantasía ya que Federico Asunción de la Tierra se encuentra alunizando en su globo Libertad. Poco después de que el protagonista baja de su globo en la luna, un astronauta de los EEUU y un cosmonauta de Rusia alunizan en su cohete en una misión supuestamente amistosa. Desde comedia física a las burlas de los estereotipos sociopolíticos brilla el humor acostiano en este último apartado. En la segunda escena del segundo acto, Federico hace una lista de la alimentación que su novia le había preparado para su breve vuelo sobre la Plaza de la Revolución:
FEDERICO: […] (FEDERICO comienza a sacar las cosas de una caja.) ¿Qué me habrá metido Silvia en esta caja? Seis boniatos, cuatro papas, dos mazorcas de maíz. Ya puedo hacer un ajiaco. Un poco de ron para calentarme. Una barra de pan, está más duro que una piedra. Agua. Una latica de sardinas, azúcar, café. Turroncitos de coco, esto sí que está bueno. Una banderita cubana. Una foto de Silvia. (La besa.) Y un pedazo de bacalao, fo, qué peste. […] (33).
Poco después se le acercan el cosmonauta y el astronauta y el segundo hace una referencia graciosa al pescado:[7]
ASTRONAUTA: Don’t get any closer… El ser viviente [Federico] está solo seis pies de nosotros. He stinks like codfish. Mucha peste de bacalao. (35)
Mucha gente sabe el olor del bacalao, pero pocos podrán creer que el aroma penetra el traje espacial de los astronautas. El humor que crea el comentario del astronauta estadounidense es cultural y permite, como los proverbios y el lenguaje que analiza Domínguez Barajas, que la gente que conoce bacalao se identifique. Pero mientras el público lector estaría riéndose sobre el cubano, el astronauta estadounidense y el cosmonauta ruso no escapan de las carcajadas. Más que nada se anota una gran incongruencia: estos dos deben ser bien profesionales ya que se encuentran juntos en una misión a la luna. Sin embargo, los dos se luchan, se discuten y se ridiculizan al absurdo una vez en la luna. Luchan sobre el tamaño de las banderas nacionales que piensan poner en un asta. Los dos están atados por un cordel y los dos se arrastran en distintos momentos para crear una sensación tan absurda como cómica. En otro instante, los dos intentan convencer a Federico que venga con ellos a sus propios países. Las acotaciones dicen todo.
VOZ DE RUSIA: (Con acento ruso.) Esta es la Base Stalin. Llamando desde la Unión de Países Socialistas Soviéticos. Contestando, contestando. En primer lugar, hacer contacto con ese camarada celenista. Segundo lugar, mostrarle una foto de Lenin y una de Marx. Y sin que el camarada yanqui se dé cuenta. Averigua si el camarada celenista habla ruso. (Los dos bajan de la nave. Comienzan a llamar a FEDERICO como si este fuese un perrito. El ruso tiene una foto de Marx y Lenin. El americano tiene un billete gigante con la foto de Lincoln.) (ibid.)
Por fin, el americano le suplica que venga él otra vez diciendo
ASTRONAUTA: Tú venir [sic] con nosotros a América y haremos en Hollywood una gran película acerca de tu vida. Te pasearemos por la quinta avenida de Nueva York. Serás el hombre más famoso del mundo. […]
COSMONAUTA: Tovarich, Federico. No le pongas atención a las promesas del camarada yanqui. Recuérdate del lema revolucionario, “yanquis go home”. Oye echa para acá. Yo te prometo que si tú bajas conmigo a la tierra, en Rusia te daremos el premio Lenin de la Paz. Haremos un grandioso desfile en la Plaza Roja de Moscú. El próximo año lo declararemos como el Año del Cubiche en la Luna. Serás el hombre más honrado de todos los países socialistas. ¿Qué te parece tovariche? (38)
Federico se niega y después los dos astronautas se discuten de nuevo.
ASTRONAUTA: La fuerza no, no, no. Hay que dejar que él mismo decida democráticamente.
COSMONAUTA: Tú trátalo democráticamente. Que yo lo trataré totalitariamente. (Coge un bate en la mano.
EL COSMONAUTA avanza hacia FEDERICO. EL ASTRONAUTA lo aguanta por un brazo.) (ibid.)
La sátira circense en estas escenas ejemplifica varias partes que los psicólogos Roger J. Kreuz y Richard M. Roberts examinan en la definición de sátira. Según ellos la sátira sirve para ridiculizar un sujeto para subrayar sus defectos (100), pero a la misma vez, la sátira intenta comentar sobre un estado del mundo (102). Las representaciones del cosmonauta y del astronauta apuntan sus mayores defectos de no poder confiar uno en el otro y de tratar de aprovechar uno del otro en nombre de sus países. Los dos astronautas representan los sentimientos estereotípicos de los rusos y los estadounidenses a finales de la Guerra fría con las referencias a Marx, los dólares estadounidenses, la Plaza Roja y la quinta avenida de Nueva York. Al fin, Federico decide que no irá ni con el estadounidense, ni el ruso. Después de una cómica llamada de Fidel Castro, Federico todavía niega regresar a la Tierra con la nave espacial.
El humor en este segundo acto se burla de los peores aspectos de las culturas estadounidense y rusa y cubana. Estos momentos crean el contexto para el desenlace de la obra teatral. Federico, el cosmonauta y el astronauta presencian la llegada inesperada de un extraterrestre. El protagonista decide ir al planeta de la paz con su novia Silvia (a quien le trajo el extraterrestre) en oposición a las opciones restantes de la Tierra. Federico opta por otro planeta porque según el extraterrestre no existen la codicia, la guerra, el odio, etc., sino la paz. Esta decisión se burla de las tres culturas representadas al final de la obra. No todas las carcajadas en esta obra de Iván Acosta eran iguales pero parece que Federico, el que rio último; rio mejor. Al considerar el humor en Un cubiche en la luna, reverbera la siguiente conclusión de Paul Lewis en su análisis del humor:
humor is not one but many things: humor marks the boundaries of our sense of the real, reveals our values, solidifies our social and psychological identities, supports our maturation and enables us to learn – serving as a weapon, an embrace, an evasion, a lesson, a puzzle and a game. (Lewis 156)
En el análisis de la obra acostiana, se hallan varias funciones del humor, pero entre las más llamativas es su sátira. No sólo se burla de los Estados Unidos y de Rusia, sino de su patria, Cuba, también. Resta la punzante pregunta que discute Eric Weitz: ¿Tienen la comedia y lo cómico la capacidad de desafiar y de cambiar los discursos dominantes en nuestras sociedades? (196). Iván Acosta no ha dejado de iluminar lo ridículo en la situación geopolítica en que se hallan los cubanos y su diáspora, y se espera que su crítica no vuele como Matías Pérez, sino como Federico Asunción de la Tierra.


Notas:
1. Vincent Canby documenta que El super estrenó en 1977 en el Cuban Cultural Center de Nueva York; Leon Ichaso y Orlando Jimenez-Leal dirigieron la obra que fue adaptada por Ichaso y Manuel Arce. El filme estrenó en 1979. La versión teatral aparece impresa en 1982 por Ediciones Universal, Miami.
2. Se presentó esta obra en el mes de junio de 2009 en el I Festival de Teatro Cubano en un Acto en la ciudad de Nueva York y luego en Marquette University en octubre de 2010.
3. En el año 2000 Sydney Ladensohn Stern reporta para The New York Times que Un cubiche en la luna sigue siendo una obra relevante en los Estados Unidos y que el grupo teatral Orígenes de Westchester, Nueva York presentó esta obra en español en los suburbios de la ciudad de Nueva York.
4. Ver el artículo de Gustavo Pérez Firmat, “Riddles of the Sphincter: Another Look at the Cuban Choteo,” que apunta otras deficiencias en la conferencia de Mañach. La tesis de Pérez Firmat sugiere que Mañach intenta purificar la imagen del choteo al evitar consideración de los subtextos más escatológicos e indignos.
5. Entre otros títulos se hallan, El ingenioso criollo Don Matías Pérez por José R. Brene y Matías y el aviador por Félix Lizárraga.
6. Esslin mantiene que la frase teatro del absurdo no marca un consciente movimiento estético, sino una agrupación de dramaturgos con preocupaciones, ansiedades, emociones y pensamiento en común (4).
7. Citando a Samuel Hazard y su libro Cuba a pluma y lápiz, José Luis Luzón llama al bacalao el plato nacional de Cuba (26).

Obras citadas
Acosta, Iván. El super: (tragi-comedia). Miami, FL: Ediciones Universal, 1982.
-----. Un Cubiche En La Luna: Tres Obras Teatrales. Houston, TX: Arte Público Press, 1989.
------ Amigos. Dir. Iván Acosta. Perf. Blanca de Abril, Luisa Gil y Juan Granda. anicote Productions, 1985
Bermel, Albert. Comic Agony: Mixed Impressions in the Modern Theatre. Evanston, IL: Northwestern University Press, 1993.
Brene, José R.. Pasado a La Criolla Y Otras Obras. La Habana, Cuba: Letras Cubanas, 1984.
Canby, Vincent. "The Screen: El Super, A Cuban-American Tale." New York Times (1923-Current file): 58. ProQuest Historical Newspapers: The New York Times (1851-2008). 29 de abril de 1979. Internet. 12 de junio de 2012.
Corbitt, D.C. “How Matías Pérez Flew.” Hispania 24.3 (1941): 277-280.
Cosas que encontré en el camino. Por Iván Acosta. Dir Mario Colón. Perf. Frank Rodríguez. Straz Tower Hall Theater, Milwaukee, WI. 7 de octubre de 2010.
Domínguez, Barajas Elias. The Function of Proverbs in Discourse: The Case of a Mexican Transnational Social Network. New York, NY: Mouton de Gruyter, 2010.
Esslin, Martin. The Theatre of the Absurd. Edición Actualizada. Garden City, NY: Anchor Books, 1969.
González-Pérez, Armando. “Ansias de libertad en Un cubiche en la luna y El super de Iván Acosta.” Ollantay Theater Magazine 3.1 (1995): 24-36.
Ichaso, Leon, Orlando Jiménez-Leal, Manuel Arce, Raymundo Hidalgo-Gato, Zully Montero, Reynaldo Medina, Elizabeth Peña, e Iván Acosta. El super. New York, NY: New Yorker Video, 1989.
Kreuz, Roger J. y Richard M. Roberts. “On Satire and Parody: The Importance of Being Ironic.” Metaphor & Symbolic Activity 8.2 (1993): 97-109.
Ladensohn Stern, Sydney. "Theater: Giving Theatrical Voice to Hispanic Residents." New York Times (1923-Current file): WE13. ProQuest Historical Newspapers: The New York Times (1851-2008). 7 de mayo de 2000. Internet. 12 de junio de 2012.
Lewis, Paul. Comic Effects: Interdisciplinary Approaches to Humor in Literature. Albany, NY: State University of New York Press, 1989.
Luzón, José Luis. “Comer y beber en La Habana colonial.” Caravelle 71 (1998): 23-36.
Matias y el aviador. Por Félix Lizárraga. Dir. Jorge Luis Morejon. Perf. Adrian Ruz y Cesar Santos. Promoteo Theatre, Miami, FL. 13 de junio de 2003 – 19 de julio de 2003.
Morínigo, Marcos A. Nuevo diccionario de americanismos e indigenismos. Argentina: Editorial Claridad, 1998.
Pérez Firmat, Gustavo. “Riddles of the Sphincter: Another Look at the Cuban Choteo.” Diacritics 14.4 (1984): 67-77. 
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Wednesday, June 7, 2017

MAYO ES EL MES MÁS CRUEL

(Conferencia pronunciada por el Dr. Eduardo Lolo en la Sociedad Pro-Cuba de Elizabeth [New Jersey], el 21 de mayo de 2017, con motivo del 115o Aniversario de la proclamación de la República de Cuba.)
Según el primer verso de “The Waste Land” ‒el famoso poema de T.S. Eliot‒ “Abril es el mes más cruel”. Sin embargo, para los cubanos el mes más cruel no es abril, sino mayo. Ese mes cae fulminado, en desigual combate por la independencia de Cuba, quien “♫… no debió de morir. ¡Ay, de morir! ♫” y, un día después, a 7 años de distancia, se llega a la realización de un sueño sublime que se convertiría en horrible pesadilla: el advenimiento de una República que traía en sí misma el germen de su propia ruina. De ahí que sea una celebración agridulce, en que se combinan la alegría y la tristeza, el decoro del inicio que hoy celebramos con la ignominia que daría al traste con la República. Mirar hacia uno obviando el otro componente de la dicotomía resultante constituiría un ejercicio de retórica demagógica. Caricias y golpes parten de una misma fuente: la mano que se tiende amorosa o se recoge en un puño crispado. Entender el paso histórico cubano del sueño a la pesadilla es la única forma de evitar que nuestros sueños de hoy también se conviertan en pesadillas de mañana. Toda celebración del pasado sin la mirada puesta en el futuro se torna una conmemoración pueril.
Sin embargo, comprender la trágica metamorfosis señalada no resulta fácil. Hay que analizar la herencia recibida por la república (tanto lo bueno como lo malo) a fin de separar el codicilo decoroso del legado infame. Sólo así podremos avistar por qué el bochorno terminó venciendo la honra.
Comencemos con la Colonia. España trajo a Cuba tanto lo bueno como lo malo de su civilización: de la hoguera de la Inquisición, al apostolado bondadoso de hombres como Bartolomé de las Casas. La ambición y la avaricia, desgraciadamente, pudieron más que la bondad, y nuestros indios desaparecieron en lo que no puede calificarse sino como genocidio, tanto voluntario como involuntario; esta última modalidad como consecuencia de nuevas enfermedades importadas que actuaron a manera de verdugos. A ello habría que unir las autoinmolaciones colectivas por aquellos aborígenes que prefirieron morir libres antes que vivir esclavos. Al final, de ellos sólo nos quedaron, históricamente obstinados, algunos topónimos, incluyendo el nombre de la nación que amamos.
Para suplantar a los indios, los colonialistas dieron fuerza a una de las prácticas más perversas en la historia de la humanidad: la trata de esclavos comprados en África. Con el advenimiento de los criollos, una suerte de ciudadanos libres de segunda clase comenzaron a sufrir el asfixiante yugo colonial ensamblado allende la Mar Océana. Sus justos reclamos a la Metrópolis fueron siempre respondidos con negaciones y, cuando cegadas las avenidas civiles optaron por la rebelión, con el terror. Hay hechos del todo vergonzosos: el Fusilamiento de los Estudiantes de Medicina (probadamente inocentes todos del ‘crimen’ que se les achacó), el asesinato mediante el garrote vil del bardo Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) por la simple autoría de un poema, la larga pena carcelaria impuesta y luego el destierro del adolescente José Martí por la escritura de una carta a un condiscípulo, la Reconcentración de Weyler, etc. etc. El número de víctimas va de miles a cientos de miles, según la fuente. La razón de entonces, el imperio de la sinrazón.
Paralelamente a lo señalado, la Colonia hizo de la Isla de Cuba un sitio próspero y moderno. Cuando Nueva York era todavía prácticamente una aldea insalubre, La Habana era una ciudad con acueducto, alcantarillado, calles adoquinadas y alumbrado público. A sus teatros (que nada tenían que envidiarle a los de Madrid) venían de gira afamadas compañías teatrales de Europa. Los intelectuales florecían y fundaban instituciones de alto nivel como la Sociedad Económica de Amigos del País. Cuba fue la primera nación iberoamericana que usó máquinas y barcos de vapor (1829) y la tercera del mundo (después de Inglaterra y los EE.UU.) que tuvo ferrocarril (1873). Fue un médico cubano quien primero hizo una operación quirúrgica aplicando anestesia con éter en Iberoamérica (1847) y en 1881 Carlos J. Finlay descubriría el agente transmisor de la Fiebre Amarilla. El tabaco y el azúcar cubanos alcanzaron fama internacional. Y estos son unos pocos ejemplos de los alcances científicos, sociales, urbanísticos y culturales de la Cuba Colonial. Todos los cuales convivían, paradójicamente, con la más atroz represión política. Los dictados de las autoridades eran inapelables, por muy injustos que fueran; los crímenes políticos no sólo quedaban impunes, sino que eran galardonados.

Esos aspectos negativos de la Colonia fueron denunciados por cubanos y españoles dignos por igual. Se buscó inútilmente reformar el sistema y, cerradas todas las puertas, se comenzó la lucha por la independencia. La Conspiración de los Rayos y Soles de Bolívar, la expedición dirigida por Narciso López, la Conspiración de la Escalera, el Grito de Yara, etc. fueron actos heroicos, no pocas veces desesperados, de esos criollos que no podían seguir viviendo en la ignominia. El último esfuerzo independentista, fomentado y dirigido en sus inicios por José Martí, llega a un punto de estancamiento que hacía imposible la victoria a ninguno de los dos bandos en pugna. Teddy Roosevelt, un joven neoyorquino de visión histórica, empuja entonces al reticente gobierno norteamericano a tomar parte del conflicto, de donde resulta la derrota de la España colonialista.

El período de la Intervención Norteamericana se caracterizó, como el colonial, por la combinación de luces y sombras. Por el lado positivo propició el desarrollo de la infraestructura sanitaria y educativa de acuerdo con las prácticas estadounidenses, entonces a la vanguardia del mundo, por lo que los programas de enseñanza y la salud pública alcanzaron niveles que ni siquiera la Europa de entonces tenía. El primer tranvía y el primer automóvil que se conocieron en Latinoamérica circularon en la Habana en el año 1900. La administración se compuso en base a los conocimientos y los méritos de los aspirantes, no por favores políticos como era común en los demás países latinoamericanos de la época, en práctica todavía increíblemente vigente. No en balde todo el adelanto alcanzado por Cuba en unos pocos años.
De manera paralela se le impuso a la joven nación en tránsito a la república el afrentoso Tratado de París y la deshonrosa Enmienda Platt. El Tratado de París (que no firmó ningún cubano, dicho sea de paso) hizo permanentes el robo de medios y haciendas a los mambises, cuyas propiedades confiscadas por el gobierno colonial habían sido distribuidas entre los integristas (tanto españoles como criollos) a manera de pago o pitanza por la lealtad o la traición de los premiados, según el caso. Hasta donde tengo entendido, es el único ejemplo en la Historia de la Humanidad en que los vencidos se quedan con las propiedades y haciendas que le arrebataran injustamente a sus legítimos dueños, los vencedores. La Enmienda Platt, por otra parte, daba al gobierno de los EE.UU. la potestad de intervenir militarmente en Cuba cuando le pluguiera, como si fuera una colonia en el traspatio en vez de una república independiente. Y bien que hizo uso de esa autodispensada concesión impuesta a los cubanos, aunque hay que reconocer que casi siempre a regañadientes.
Así, pues, la República de Cuba nacida el 20 de mayo de 1902 recibe como herencia un alto grado de desarrollo tecnológico, educativo, sanitario, urbanístico, social y cultural que venía fomentándose desde la Colonia y fue incrementado por la Intervención Norteamericana. Pero, al mismo tiempo, un lastre político que incluía el caudillismo, la intransigencia, la injusticia, la corrupción, la violencia, la impunidad y otros elementos negativos afines cimentados y practicados durante siglos. No en balde Máximo Gómez, una vez arriada la bandera de los EE.UU. e izada la cubana en la ceremonia oficial de instauración de la nueva nación, dijo: “Creo que hemos llegado.” Dicha expresión es, incuestionablemente, dubitativa: implica que el hablante no está convencido de que lo que va a decir a continuación sea un hecho; hay más deseo que certeza; se aspira, esperanzadoramente, a que lo que aparezca al término de la frase se haga realidad, mas no se está seguro. Mucha razón tenía el veterano soldado en dudar del resultado de su propia heroicidad: no, no se había llegado del todo.
Sin embargo, el aspecto negativo del legado recibido no pudo arruinar lo mucho bueno presente en el otro polo histórico del codicilo. Los alcances de la República de Cuba entre 1902 y 1958 basados en la herencia positiva harían una relación sorprendente pero tediosa por su dimensión. Veamos algunos pocos ejemplos de décadas disímiles:
La Habana fue la primera ciudad del mundo en tener telefonía con discado directo en 1906. Un año después estrena el primer Departamento de Rayos X de Iberoamérica. En mayo de 1913 despega de La Habana el primer vuelo aéreo internacional en Latinoamérica. En 1918 se promulga la primera Ley de Divorcio aprobada en América Latina. En 1922 Cuba fue la segunda nación del mundo en inaugurar una emisora de radio comercial y la primera en radiar un concierto de música y presentar un noticiero; seis años después ya tenía 61 emisoras de radio, convirtiéndose en el primer país del mundo en número de emisoras por cada cien mil habitantes. En 1937 Cuba decreta por primera vez en Iberoamérica leyes que establecen la jornada laboral de 8 horas, el salario mínimo y la autonomía universitaria. En 1940, Cuba se convierte en el primer país de Hispanoamérica en tener un presidente de raza mixta blanca-negra (Fulgencio Batista), electo democráticamente por sufragio universal cuando la gran mayoría de su población era de la raza blanca, adelantándose en 68 años a los EE.UU. (Paradójicamente, es el mismo personaje que en 1952 daría un golpe de estado a otro Presidente electo democráticamente, convirtiéndose en dictador).
Cuba fue igualmente el primer país en Iberoamérica en otorgar el derecho al voto a las mujeres y legislar la igualdad entre sexos y razas. Fue el segundo país del mundo en emitir señales comerciales de televisión (1950) en blanco y negro y luego a color (1958). El primer hotel del mundo con aire acondicionado central se inauguró en La Habana en 1957 (el Hotel Riviera) y un año antes el primer edificio de apartamentos fabricado de hormigón (El FOCSA). En 1954 Cuba ocupa el tercer puesto en Iberoamérica en el consumo de carne per cápita y un año después se convierte en el segundo país latinoamericano con menor mortalidad infantil. En 1956 la ONU reconoce a Cuba como la segunda nación de Iberoamérica con los más bajos índices de analfabetismo, y el siguiente año como la mejor del área en número de médicos per cápita, el mayor porcentaje de viviendas electrificadas y el más alto consumo calórico diario por persona. En 1958, Cuba es el país de Iberoamérica con más automóviles y más electrodomésticos por cada cien mil habitantes, así como el que contaba con más kilómetros de líneas férreas por kilómetro cuadrado. Durante los años cincuenta, Cuba tenía el segundo lugar en entradas per cápita de Iberoamérica, superando, por ejemplo, a Italia y más del doble a España. A pesar de su pequeño tamaño y que sólo tenía 6.5 millones de habitantes, Cuba ocupaba en 1958 la posición 29 entre las economías mayores del mundo. El desarrollo de la prensa escrita y las artes fue igualmente asombroso. Para no seguir alargando la relación, baste recordar que a finales de los años cincuenta La Habana era la ciudad del orbe con el mayor número de salas de cine (358) superando a Nueva York y París, que ocupaban el segundo y tercer lugar, respectivamente.
Y aunque todo lo anterior no implica que la Cuba republicana fuera el Paraíso Terrenal, no es menos cierto que resulta difícil de entender y doloroso de reconocer que prácticamente todo lo anterior se haya revertido dramáticamente, en extraña degeneración del mármol en barro. Ello se debió al hecho de que las deficiencias en el orden político arrastradas desde la Colonia, y de algu-na forma mantenidas por la Intervención Norteamericana, siguieron en la república un desarrollo semejante a los aspectos positivos señalados. Por un lado, de lo bueno se pasó a lo mejor; por el otro, de lo malo a lo peor. La interrupción periódica del orden constitucional en forma de cuartelazos, asonadas palaciegas, revueltas caudillistas, intentos de perpetuidad en el poder, corrupción administrativa a todos los niveles y otros males resultantes destruyeron la República no obstante todos sus logros. Junto al sueño sublime hecho realidad, se fue agigantando una pesadilla no menos real. Al final vencieron las sombras, que devoraron hambrientas casi todas las luces cultivadas desde la Colonia.
El pueblo cubano, sin embargo, no ha permanecido inerte ante la largo tiempo atrás cimentada debacle de su historia. En la etapa colonial sirven de ejemplo máximo los mambises; los cuales, aunque siempre en franca minoría dentro de la población, y atacados por integristas, anexionistas y autonomistas, nunca cejaron en su lucha, a pesar de saberse discriminados, marginados o simplemente ignorados. La Colonia los despojó de todos sus bienes materiales y la Intervención Norteamericana sancionó inapelablemente el indigno pillaje; pero no pudieron hurtarles su patriotismo ni oscurecer su sueño.
Más adelante, durante la república, no fueron pocos los que denunciaron y se enfrentaron a la corrupción, el compadrazgo, el caudillismo y otras aberraciones semejantes o consecuentes que aniquilaron el sistema republicano. Cierto que sus esfuerzos fueron vanos; pero no los principios que los motivaron. Valgan de muestra los jóvenes estudiantes universitarios, quienes no dudaron en más de una ocasión en empuñar bisoños las armas cuando todas las vías civiles les fueron cerradas.
Los decenios del castrismo han sido la culminación de la pesadilla, catalizada por la institucionalización de la represión y el miedo como método de (des)vida permanente, como corresponde al terrorismo de estado como sistema político. Casi todos los alcances de la Colonia, la Intervención Norteamericana y la República inaugurada en 1902 se revirtieron por completo. Un ejemplo ilustrativo es la destrucción de la industria azucarera cubana, famosa internacionalmente desde tiempos coloniales. En los años 50 Cuba tenía unas 160 fábricas (llamadas centrales en Cuba) que eran capaces de producir unos 7 millones de toneladas de azúcar anuales, por lo que llegó a elaborar el 25% de la fabricación mundial del producto y recibir el sobrenombre de “la azucarera del mundo” por sus exportaciones. En el año 2011, como resultado de medio siglo de economía socialista, solamente quedaban 56 centrales en pie, de los cuales únicamente 39 estaban en funcionamiento. No en balde la pro-ducción de ese año fue de alrededor de un millón de toneladas (cifra semejante a la lograda en 1894 bajo la administración colonial) para un 0.7% de la producción mundial. Cuba, el principal exportador del producto del mundo, hasta ha tenido que importar azúcar para cubrir su magro consumo nacional racionado. De ahí el sarcasmo trágico del título paródico de un documental que intentó registrar la debacle totalitaria: Arte nuevo de hacer ruinas.
Pero, incluso en lo pudiera catalogarse como la peor etapa de la Historia de Cuba, no han faltado hombres y mujeres que han sido capaces de desarrollar una dignidad y un valor que mantienen vivo el sueño sublime. Unos blandiendo armas; otros esgrimiendo ideas; miles padeciendo la cárcel injusta; muchos ofrendando sus vidas; más de un millón desviviendo en el exilio; son los que, según la fórmula martiana, tienen en sí el decoro de muchos.
Este 20 de mayo de 2017 nada bueno podemos esperar de las supuestas reformas actuales del castrismo y su parásita ‘nomenklatura’, de vergonzoso nepotismo; mas no todo está perdido. Aunque penetrados por indignos agentes de policía y enfrentados al aceitado régimen de terror totalitario y la generalizada inercia pánica de una población horrorizada por décadas, una nueva generación de cubanos en la Isla aporta novedosos elementos y energías a una visión histórica que parecía perdida en el país. Organizados en no por pequeños menos dignos grupos de defensores de derechos humanos o Damas de Blanco empuñando gladiolos, convertidos en escritores y artistas disidentes o contestatarios, fundando embriones de partidos políticos democráticos, actuando como periodistas o bibliotecarios independientes, dedicando clandestinamente sus noches frente a una computadora de harapos cibernéticos como novatos ‘blogueros’ o experimentados cibernautas, etc., lo cierto es que en la Cuba de hoy está tan vivo como antaño el sueño sublime de los mambises.
Juntos el exilio y el insilio tenemos por delante una tarea única: demolida la herencia positiva, el desgaste de la negativa nos permite la segunda oportunidad de comenzar desde cero un diferente intento republicano inmune a toda pesadilla. Las condiciones están dadas y las herramientas al alcance de todos: el ideario martiano. La República instaurada en 1902 fracasó por lo que no tuvo de Martí; consecuentemente, otra tentativa en verdad martiana haría libre de pesadillas una nueva Cuba.
Por lo tanto, no es lógico que miremos hacia la república malograda con el objetivo de repetirla, por cuanto entonces renovaríamos las condiciones que la frustraron. Dijo Martí: "Aquí no somos desterrados, sino fundadores". Se trata de una exhortación a lograr y mantener una postura históricamente activa en el exilio, lejos del derrotismo o el consumismo que amenaza con devorarnos, y en alianza con quienes en la Isla han tomado heroicamente la antorcha de la supuestamente perdida dignidad nacional. En el caso de Martí resulta evidente que su intento era fundar aquella “república con todos y para el bien de todos” a la que dedicó toda su vida hasta entregarla en la manigua. En el nuestro, continuar ese objetivo martiano trunco por el banquete de tiranos en que devino la República de Cuba.
Pero, eso sí: mucho cuidado. No podemos dejar que la nostalgia del ayer nos ate las manos hoy. Debemos cultivar (tanto aquí como allá) la nostalgia de pasado mañana. Es decir: mirar hacia adelante, laborar todos juntos a fin de incorporar, verdaderamente, el legado positivo de la república de ayer a la república de pasado mañana. Lejos de la tierra que nos viera nacer, debemos ser parte activa en la fundación de la República que debió ser y sólo lo sería a medias hasta 1959 para dejar de serlo del todo desde entonces, convertida en feudo de oligarcas totalitarios aupados ‒utilizando el léxico martiano‒ por petimetres prebendados, pensadores canijos y bribones inteligentes, tanto criollos como de nacionalidades múltiples. En el exilio, aliados a los que luchan en el insilio, tenemos la posibilidad de asentar las bases de la constitución de otra Cuba; la Cuba martiana pospuesta. Es tarea de todos los cubanos dignos aunar voluntades en un mismo esfuerzo fundacional para que la república de pasado mañana llegue sin engaños y nuevas falsificaciones a la tierra libre que nos ha sido negada.
Sí, el 20 de mayo de 1902 fue la culminación de un sueño sublime que se convirtió en pesadilla. En este nuevo 20 de Mayo, sigamos militantes en la consecución del sueño y esquivemos la pesadilla. Decía Calderón de la Barca en uno de sus títulos que “la vida es sueño”. Invirtamos los términos y comencemos un nuevo amanecer histórico en que el sueño sea vida. Por Cuba siempre.
¡Soñemos!

Nueva York, primavera de 2017.






Monday, June 5, 2017

Cuba y el Canal de Panamá

                


 Por el Dr. Antonio A. Acosta*

Al Dr. Pedro García Valdés, mi profesor en la Escuela Normal para Maestros de Pinar del Río, en Cuba, de quien aprendí estos datos históricos, le envío mi respetuoso recuerdo y mi acendrada admiración a su memoria.

El Canal de Panamá es sin duda una de las obras de ingeniería más importantes y útiles que el hombre haya realizado y un indiscutible orgullo para toda América.  Como diría el eminente arqueólogo e historiador cubano Dr. Pedro García Valdés: “para que pudieran besarse a su antojo los dos océanos y tener lugar como consecuencia del divorcio de los dos continentes”.
Ingeniero Aniceto García Menocal

            Para la feliz culminación de esta obra dos cubanos tuvieron una contribución extraordinaria.  Ellos fueron el ingeniero Aniceto García Menocal, oficial de la Marina norteamericana, y el Dr. Carlos Finlay, eminente investigador médico.

            Después de estas premisas como introducción al tema a desarrollar, veamos algunos detalles relevantes:  Cuando el Conde Fernando de Lesseps – constructor del Canal de Suez en 1869 – se hallaba en la cima de su popularidad y prestigio, invitó a varios representantes de naciones para exponerles su idea de construir un canal en Panamá; y así, con la categoría de Congreso Internacional, se efectuó en París en el año1879 el singular evento.  Los Estados Unidos de América enviaron una comisión constituida por sus más brillantes ingenieros, entre ellos nuestro coterráneo Aniceto García Menocal.

            El Congreso fue presidido, por supuesto, por el Conde de Lesseps, quien elocuentemente expuso su proyecto de hacer en Panamá un canal a nivel, como el que había construido años antes en Suez, todos parecían estar de acuerdo con el experimentado ingeniero y diplomático francés.  Se encontraban en tan importante reunión delegados de España, Francia, Alemania, Inglaterra, Holanda e Hispanoamérica, cuando para sorpresa de todos pide la palabra García Menocal para expresar firme y respetuosamente su desacuerdo con el plan de Lesseps, exponiendo profesionalmente que la región del istmo no era igual a la zona de Suez, y que el canal que en Panamá se construyera debía ser por esclusas, dada la diferencia de nivel entre los dos océanos.  A pesar de tan brillante exposición, el congreso terminó aprobando el proyecto del ingeniero francés y juzgando equivocado a García Menocal.

            Al llegar a los Estados Unidos García Menocal elevó un informe  a su gobierno exponiendo y razonando sus ideas y al mismo tiempo entusiasmándolo a realizar la obra del canal por ser de gran beneficio para esta nación y para el mundo.

            La compañía francesa hizo caso omiso de las alegaciones del ingeniero cubano y comenzó la obra de acuerdo con los planos de Lesseps; pero muy pronto los propios ingenieros franceses se percataron de que no era posible la realización de dicha obra, siguiendo el proyecto aprobado, o sea, el canal a nivel, y tuvieron que aceptar el plan del cubano Aniceto García Menocal, que consideraba la construcción de esclusas, como actualmente existe en Panamá.
Trabajos del canal de Panamá


            Más tarde el gobierno de los Estados Unidos se hizo cargo del proyecto hasta su exitosa culminación en el año de 1914.  El canal enlaza Colón (en el Atlántico) con Panamá (en el Pacífico) y tiene una longitud total de 81 Km., una anchura que oscila entre 91 y 300m. y se eleva a 26m. sobre el nivel del mar, durando su travesía ocho horas aproximadamente.  Es de apuntar que los restos de García Menocal fueron llevados al cementerio de Arlington,  en Washington D.C. donde este país entierra a sus hijos ilustres.

            El otro cubano de esta encomiable historia fue el prestigioso médico Dr. Carlos J. Finlay.  Recordemos que esa región del istmo era malsana y de alto riesgo para la vida humana, y así fue bautizada con el nombre de Tumba de Españoles.  En 1509 murieron también centenares de holandeses y franceses en ese inhóspito lugar.  En el siglo XVIII los ingleses dirigidos por Nelson sufrieron un tremendo descalabro.  De los 200 hombres que venían con Nelson murieron 187.  La fiebre amarilla era una enfermedad alarmante y parecía imposible continuar la obra en esas condiciones.  Dice el Dr. García Valdés que de los 186,000 hombres que empleó la compañía francesa en la construcción de las obras, fueron atacados de fiebre amarilla 52,000 y hubo años que la virulencia de la enfermedad fue tanta que se elevó al 60%.  Era una enfermedad mortal.
Doctor Carlos J. Finlay


            Para llevar a cabo la gigantesca obra era necesario sanear la zona del istmo.  Ya había muerto el director del canal Mr. Boyer y el supervisor Mr. Johnson , ambos de fiebre amarilla.  Y he aquí la importancia histórica del Dr. Finlay, quien haciendo investigaciones médicas con otro eminente galeno - el Dr. Claudio Delgado - , concluyeron que la temible fiebre amarilla estaba siendo transmitida por el mosquito Aedes aegipty.  Se saneó el área y se acabaron las muertes provocadas por la mencionada enfermedad.

            A pesar de que el Director de Sanidad de La Habana dio todas las facilidades para que se comprobara este singular descubrimiento, dos médicos norteamericanos no creyeron en la veracidad de las conclusiones obtenidas y se hicieron picar por mosquitos contaminados con la enfermedad; a consecuencia de esto los dos adquirieron la fiebre amarilla.  Uno de ellos, el Dr. Lazear, murió de la misma.

Así Finlay alcanzó
la fama por su talento;
pues su gran descubrimiento
con la epidemia acabó.

Y García Menocal,
con sus esclusas geniales,
escaló los pedestales
en la obra del canal.


Queremos concluir estos comentarios  diciendo que sin la contribución de los dos insignes cubanos no hubiera sido posible la realización de esta obra magistral, o al menos, se hubiera demorado muchos años para su culminación.



*El Dr. Antonio A. Acosta, es graduado de la Universidad de La Habana, Cuba, y de la Universidad de Montclair en New Jersey.  Ejerció la enseñanza en Cuba en todos los niveles, desde la primaria hasta la universitaria, así como en este país, donde ha sido profesor en seis universidades de New Jersey y New York.  En la actualidad está jubilado como Director del Departamento de Idiomas Mundiales en la Emerson High School de Union City, N.J.  Educador; poeta y escritor, es autor de cuatro textos para la enseñanza del Programa de Equivalencia para la Escuela Superior, así como de diez poemarios, siendo el último “De la Soledad a tus Orillas”, publicado en el 2015.  Ha recibido importantes premios en Estados Unidos, España y Francia. 

El profesor Acosta es Presidente de la Delegación de New Jersey-New York del Colegio Nacional de Periodistas  Cubanos del Exilio.  

Sunday, June 4, 2017

Ceremonia de investidura de la doctora Perla Rozencvaig





La doctora Rozencvaig recibiendo el diploma que la acredita como miembro de la academia de manos de su presidente el doctor Eduardo Lolo

De izquierda a derecha: la doctora Perla Rozencvaig, el de la academia presidente el doctor Eduardo Lolo y el vicepresidente Israel Abreu

Saturday, June 3, 2017

Encadenamientos (tercera parte): En el monumento a George Washington

Por Israel Abreu

Al año siguiente, y después de hacer un mesurado estudio de otros lugares apropiados para realizar un encadenamiento decidimos que el mejor lugar era el Monumento a George Washington en Washington DC. La fecha escogida fue el 10 de septiembre de 1989 y el número de los encadenados serían cinco. Debido a que el Movimiento 30 de Noviembre tiene miembros en varios estados de los Estados Unidos, se decidió llamar a Miami para ver si algunos de allá querían y podían venir a Washington a encadenarse.  Vinieron dos de Miami por lo que el número de cinco se completaría con tres residentes de New Jersey/New York. Los dos de Miami vinieron para New Jersey y desde aquí fuimos en un van hasta Washington seguido de otro con personal de apoyo y un tercero con periodistas del área de New Jersey/New York.  Llegamos a la entrada del Monumento, nos pusimos en cola para subir y, una vez en la cúspide por el interior, yo extraje las esposas y procedí a encadenarlos unos a otros. Muy pronto las autoridades cerraron la entrada al público y fueron a convencernos para que nos desencadenáramos. No opusimos mayor resistencia ya que allí no había muchos turistas y, además, las autoridades nos trataron con menos rudeza que en la Estatua de la LIbertad en Nueva York. 

En el mirador de la cúspide del Monumento a George Washington, de izquierda a derecha: Orestes Calle, Marcelo Cuervo (ya fallecido), Jesús Pita, Gloria Lassales y Armando Ferrer -Rigo- (ya fallecido)

Friday, June 2, 2017

Encadenamientos (segunda parte): En la Estatua de la Libertad. -

Por Israel Abreu

El encadenamiento en la corona de la Estatua de la Libertad fue efectuado el 27 de agosto de 1988. Cinco fuimos los escogidos para encadenarnos: Carlos Calvo, Marcelo Cuervo, Onel Guarton, Jorge Dulzaides e Israel Abreu. Nos acompañaron varios miembros del 30 de Noviembre los que se situaron en lugares especiales para alertarnos de lo que pasaba, entre ellos Rolando Infante,  Eglys Santos, su mamá y mi esposa Miriam. También colaboraron otros hermanos del exilio, como Enrique Encinosa, quien vino desde Miami a ayudarnos a organizar el evento.  Cuando llegamos a la corona de la Estatua sacamos las esposas que llevábamos ocultas, nos esposamos y tiramos las llaves al precipicio. Un poco después de encadenamos cerraron el acceso a la Estatua y llamaron a la policía del lugar. Como no cedimos con las autoridades de la Estatua llamaron a la policía de New York la que llegó tan pronto como pudo. Las llaves de las esposas no aparecieron por lo que los policías extrajeron afilados alicates y las cortaron. Nos bajaron de la corona por el elevador y nos llevaron a las oficinas del Cuartel de Seguridad, nos acusaron de escándalo público y todo terminó con una multa de $250.00 por cada uno de los encadenados.

De derecha a izquierda, Carlos M. Calvo, Marcelo Cuervo (ya fallecido), Onel Guarton, Jorge Dulzaides (solo se ve parte de su cabeza) e Israel Abreu leyendo la proclama que se distribuyó a la prensa y al público en general