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Wednesday, November 14, 2018

Tras las huellas literarias de la generación del Mariel

La editorial Hypermedia lanza en la trigésimo quinta Feria del Libro de Miami su nueva Colección Mariel, que incluye títulos significativos de los autores llegados a Estados Unidos a través del puente Mariel-Miami y que dieron un giro a la literatura escrita por cubanos en este país. Esta mesa cuenta con la presencia de José Abreu Felippe, poeta, narrador, dramaturgo y crítico literario y de teatro, quien nos trae Dile adiós a la virgen, novela que narra el drama de un hombre que quiere abandonar Cuba y al que le han robado su pasaporte. El narrador, poeta, periodista y promotor cultural Luis de la Paz ofrece su colección de cuentos Del lado de la memoria. Por su parte, el narrador, poeta, ensayista y editor Rolando Morelli comparte con el público de la feria Impresiones en el viento, una colección de relatos que reflejan el difícil proceso de adaptación y asimilación de la cultura estadounidense que deben enfrentar los exiliados. Los tres creadores serán presentados por el narrador, ensayista y profesor universitario Enrique Del Risco y por el director de Hypermedia y de la colección Mariel, Ladislao Aguado. [Sunday, November 18 @ 11:45 am. Room 8503 (Building 8, 5th Floor) 300 NE Second Ave., Miami, Fl 33132 United States]


Saturday, January 13, 2018

Un cementerio del exilio

El ahora conocido como el Caballero Rivero Woodlawn North Park Cemetery and Mausoleum es uno de los cementerios más antiguos de Miami. Fue fundado en 1913 por tres de las figuras más importantes en el desarrollo inicial de Miami ―Thomas O. Wilson, William N. Urmey and Clifton D. Benson― establecida como ciudad menos de veinte años antes, el 28 de julio de 1896. En 1926 un reconocido arquitecto funerario McDonald Lovell fue contratado para diseñar el mausoleo principal del cementerio. La Funeraria Caballero, fundada en la Habana en 1857, que fue reabierta en la calle 8 en los años sesenta luego de que sus dueños se exiliaran desde Cuba, en 1990 se fusionó con Woodlawn Park Cemeteries and Funeral Home. Tres años más tarde, en 1993 la nueva entidad adquirió Rivero Funeral Homes fundada en la Habana en 1946 y que para entonces se había convertido en el mayor negocio funerario de la Florida con lo que asumió su actual nombre: Caballero Rivero Woodlawn North Park Cemetery and Mausoleum. Desde antes de estos cambios ya el cementerio situado en la calle 8 de SW entre las avenidas 32 y 33, corta distancia del concurrido restaurante Versailles acogía restos de cubanos, famosos o no fallecidos, en la ciudad.

Allí reposan los restos de los expresidentes Gerardo Machado y Carlos Prío Socarrás, el de los líderes del exilio Manuel Artime y Jorge Mas Canosa, el del afamado caricaturista Antonio Prohías y del bailarín y estrella del American Ballet Theater Fernando Bujones. El Caballero Rivero Woodlawn North Park Cemetery de la 8 calle con la 32 avenida del suroeste es, en mayor medida que otros, el cementerio del exilio cubano.

Recorrido:
Al entrar al cementerio y tomar la senda de la derecha a unos cincuenta metros de la entrada encontramos el mausoleo de Carlos Prío Socarrás (1903-1977) quien fuera el último presidente de la república elegido en elecciones democráticas (1948-1952) depuesto por el golpe de estado de Fulgencio Batista. 


Unos metros más adelante se encuentra la tumba de Jorge Más Canosa una de las figuras más importantes del exilio en las décadas del 80 y 90 del siglo pasado y fundador de la Fundación Nacional Cubano Americana.



Algo más adelante se encuentra el mausoleo principal del cementerio.



En este se encuentra el nicho que contiene los restos del caricaturista Antonio Prohías (1921-1998)

El de Gerardo Machado Morales (1871-1939)


 Y el del tristemente célebre Esteban Ventura Novo (1913-2001):


Cerca de la salida a mano derecha se encuentra la tumba del bailarín Fernando Bujones (1955-2005):


Muy cerca se encuentra la tumba del coronel Emilio Bacardí Lay (1877-1971), quien acompañara a Maceo en la invasión a Occidente y posteriormente fuera vicepresidente de la compañía de ron Bacardí. No confundir con su padre, el patriota, político y escritor Emilio Bacardí Moreau  (1844–1922) quien se halla enterrado en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba.






Saturday, June 24, 2017

ENCADENAMIENTO A LA ENTRADA DEL SERVICIO DE INMIGRACION EN MIAMI

Por Israel Abreu

Mientras que las actividades anteriores se habían llevado a cabo en New York, New Jersey y Washington DC, en Miami hubo otra, ésta organizada por Lázaro Machado (ya fallecido), Secretario Provincial del MR-30-N en La Florida. La fecha escogida fue el 30 de agosto de 1994 y el lugar fue a la entrada del Servicio de Inmigración y Naturalización en el Biscayne Boulevard en la ciudad de Miami. Además de buscar recordarle al mundo la masacre cometida en 1962, protestaban por las conversaciones que en esa época estaban siguiendo funcionarios de los Estados Unidos y Cuba en New York. A los pocos momentos del inicio de la protesta se presentó ante ellos un funcionario de Inmigración preguntándoles qué querían. Lázaro Machado le dijo que traían un documento y que solo se lo entregarían al Director local de Inmigración, Sr. Dan Cadman. El portavoz le transmitió su solicitud al Director, quien mandó a que entrara una comisión de los protestantes. Entró Lázaro Machado al frente de dicha comisión y le entregó el documento al Sr. Cadman. A la salida de la oficina Machado dio una breve conferencia de prensa y cada cual se fue a su casa satisfecho del deber cumplido. 
De derecha a izquierda: una mujer no identificada, Marcos Avelleira (fallecido), El Cabito Oliva, Hidalberto Sánchez, Ricardo Vázquez, Lázaro Machado “Trajín” (fallecido) y varios otros no identificados. 



Saturday, April 8, 2017

Mirror, Mirror on the Wall


                                       
By Gustavo Pérez Firmat

            One of the landmarks of Cuban Miami is a restaurant called Versailles, which has been located on Eighth Street and Thirty-fifth Avenue for many years. Just about the only thing Versailles shares with its French namesake is the mirrors on the walls. One goes to the Versailles not only to be seen, but to be multiplied. This quaint, kitschy, noisy restaurant that serves basic Cuban food is a paradise for the self-absorbed:  the Nirvana of Little Havana. Because of the bright lights, even the windows reflect. The Versailles is a Cuban panoptikon:  you can lunch, but you can't hide. Who goes there wants to be the stuff of visions. Who goes there wants to make a spectacle of himself (or herself). All the ajiaco you can eat and all of the jewelry you can wear multiplied by the number of reflecting planes – and to top it off, a waitress who calls you mi vida.
            Across the street at La Carreta, another popular restaurant, the food is the same (both establishments are owned by the same man) but the feel is different. Instead of mirrors, La Carreta has booths. There you can ensconce yourself in a booth and not be faced with multiple images of yourself. But at the Versailles there is no choice but to bask in self-reflective glory.
            For years I have harbored the fantasy that those mirrors retain the blurred image of everyone who has paraded before them. I think the mirrors have a memory, as when one turns off the TV and the shadowy figures remain on the screen. Every Cuban who has lived or set foot in Miami over the last three decades has, at one time or another, seen himself reflected on those shiny surfaces. It’s no coincidence that the Versailles sits only two blocks away from the Woodlawn Cemetery, which contains the remains of many Cuban notables, including Desi Arnaz’s father, whose remains occupy a niche right above Gerardo Machado’s. Has anybody ever counted the number of Cubans who had died in Miami? Miami is a Cuban city not only because of the numbers of Cubans who live there but also because of the number who have died there. The living can always move away; it’s the dead who are a city’s permanent residents, for once they stop living there, they never stop living there.

            The Versailles is a glistening mausoleum. The history of Little Havana – tragic, comic, tragic-comic – is written on those spectacular specular walls. This may have been why, when the mirrors came down in 1991, there was such an uproar that some of them had to be put back. When the time comes for me to pay for my last ajiaco, I intend to disappear into one of the mirrors (I would prefer the one on the right, just above the espresso machine). My idea of immortality is to become a mirror image at the Versailles.

Wednesday, April 5, 2017

Los espejos del Versailles



 Por Gustavo Pérez Firmat

Por muchos años uno de los puntos de referencia de la Cuba del Norte ha sido un restaurante llamado Versailles, situado en la esquina de la Calle Ocho y la Avenida 35, justo en el corazón de La Pequeña Habana. Lo único que el Versailles comparte con su homónimo francés son los espejos en las paredes. La gente va al Versailles no sólo para ver y ser vista, sino para multiplicarse. Tal vez por eso, cuando retiraron algunos de los espejos en 1991, se produjo un revuelo tal que la gerencia se vio obligada a ponerlos nuevamente en su lugar. Este pintoresco restaurante, mezcla de Cuban kitsch y Cuban kitchen, es un paraíso para los narcisos del patio: Nirvana de la Pequeña Habana. Allí la cena siempre es escena; todas las prendas que quieras lucir más todas las mariquitas que puedas deglutir multiplicadas hasta la saciedad por las superficies reflectoras. Y, de contra, una camarera que te dice, "mi vida".
            Cruzando la calle está La Carreta, otro concurrido restaurante con un menú casi idéntico, pero con un mood muy distinto.  Si el Versailles es visibilidad, La Carreta es discreteo: no hay espejos, escasean las ventanas y la iluminación es tenue. Refugiado en un reservado, disfrutando una medianoche a media luz, el retraído parroquiano de La Carreta no es ni mirón ni mirado.  
            Durante muchos años he alimentado la fantasía de que los espejos del Versailles conservan la imagen de todo aquel que ha pasado por allí, como cuando apagamos el televisor y las huellas borrosas de lo que estábamos viendo quedan en la pantalla. El salón de los espejos es también la casa de los espíritus. No por casualidad el Versailles se encuentra a sólo dos cuadras del Cementerio Woodland, que guarda los restos de muchos cubanos célebres, entre ellos el padre de Desi Arnaz, cuyas cenizas reposan en un nicho situado encima del de Gerardo Machado, y mi abuela. 
            En muchas ocasiones los demógrafos han numerado la población cubana de Miami. Pero ¿se le ha ocurrido a alguien contar el número de cubanos que han muerto en Miami? Si la ciudad es una pequeña Habana, no es sólo por los cubanos que allí viven, sino también -y sobre todo- por los que allí han muerto. Los vivos siempre podemos mudarnos; los muertos no. Ellos son los únicos residentes permanentes de verdad.  Aunque la dictadura castrista terminara mañana mismo y todos los exiliados regresáramos a nuestra patria, Miami seguiría siendo una pequeña Habana. Nuestros muertos así lo han determinado.

            El Versailles es una montería de recuerdos. La historia de la Cuba del Norte ‑triste pero feliz‑ está grabada en sus refulgentes paredes. Cuando me llegue el momento de tomar mi último chocolate y pagar lo poco que debo, quisiera desaparecer en uno de esos espejos. (Preferiría el que está detrás del mostrador, junto a la máquina de hacer espresso.) Mi ambición y mi esperanza es ser un reflejo en el Versailles.

Monday, October 31, 2016

Calle 8, un símbolo del destierro cubano

Por Pedro Corzo
Es más que evidente que la Calle 8 trasciende para muchos de nosotros su identificación numérica o definición de camino entre dos filas de construcciones. Calle 8, cuando se contempla en el tiempo y espacio histórico del destierro cubano es un símbolo, una historia con atributos de leyenda que el pueblo de la isla lejos de su entorno natural ha cultivado con dedicación y esmero, con sudores y lágrimas, pero también con sueños y desencantos.

Antes de andar y desandar esa calle geográficamente extranjera pero que en humanidad y cultura es cubana, es preciso visitar el gran mundo de la Calle 8, Miami, que es una especie de Meca para los que perdieron el aliento y las esperanzas y quieren moldear su vida con sus propias manos.


Miami, es la primera frontera para la mayoría de los que de una forma u otra repudiaron el régimen castrista. Desde 1959 la ciudad se convirtió en una especie de santuario para luchar contra la dictadura o como punto de partida para iniciar una nueva vida. A poco los nuevos ciudadanos provocaron en la ciudad del río una seria transformación, un cambio radical que fue más allá de sus dimensiones como urbe o como centro de producción y servicios.

Pudiéramos afirmar que si el cuerpo, la estructura de la ciudad cambió, su psiquis sufrió igual modificación porque los nuevos habitantes aportaron ideas, conductas y hábitos que fueron conformando una sociedad diferente que a su vez engendraba otros cambios por el acceso siempre renovado de desterrados e inmigrantes de todo un continente. Miami de centro turístico de carácter nacional se transformó en foco de atracción permanente para peregrinos, exiliados y viajeros de cualquier parte del mundo y particularmente de América.


Miami se hizo puente y encrucijada. Puerta nueva para el comercio y las finanzas y para muchos una especie de capital de las América; pero para todos, el acceso primero y principal en el que dos culturas diferentes empezaban a conocerse. La villa se hizo tierra de Las América, diferente a cualquier otra metrópoli de esta nación que atrae a inmigrantes porque su cosmopolitismo posee una raíz específica, un peso propio que a pesar de la diversidad de sus renovados habitantes no ha perdido.

Retornemos a la Calle 8 con su simbolismo y realidades. Desayunar en el Versalles, almorzar en un virtual Centro Vasco y cenar en un resucitado Málaga. Caminar desde el dowtown hasta la Universidad Internacional de la Florida. Imaginemos los años transcurridos, los sueños acabados, los rostros envejecidos y las despedidas eternas en el Woodland o en el Graceland Memorial.

Pero también hay que pensar en las alegrías, en los sueños cumplidos, en las amistades forjadas y en los amores de ensueños. En los planes de lucha, en las ilusiones del poder nunca conquistado, en traiciones, en las amistades perdidas, en reuniones y marchas, en concentraciones, en lutos y carnavales, todo eso  es  Calle 8.

Ediciones Universal y el teatro Tower, el monumento a la memoria de los combatientes de Playa Girón, y estemos un rato en el Parque del Dominó, pasando por la Farmacia Santa Clara.

Para algunos la Calle 8 es emblema de lo más conservador y extremista del pensar y quehacer político cubano, es predio de locura y reacción, de entreguismo a mensajes y promesas ajenas a la raíz de la nación cubana y de ahí que los resultados o frutos históricos que derivan de la Calle  sean a veces temas de agrios debates. 


Para otros, sin negar los errores y desaciertos que pueda albergar el oficio de haber laborado en esa arteria su significado es casi metafísico porque es una vía repleta de sentimientos, de amores a una tierra que no pueden abandonar las generaciones que ya se han marchado ni expatriar las que están llegando; un lugar donde no habría espacio ni para respirar si las ilusiones y desencantos pudieran materializarse.

Pero para todos, cuando llega el momento de la meditación, de la reflexión descansada y el apasionado yo se duerme; la Calle 8 es sin duda alguna un reducto de la nación cubana. Punto mágico de la cubanía transterritorializada donde la política, los dictados coyunturales sobre estrategias y tácticas y las opiniones sobre las personalidades que en un momento determinado han simbolizado tesis o actitudes pierden todo su valor y solamente nos concretamos en el deseo y la voluntad de ellos y la nuestra por regresar a la raíz, por enterrar la nostalgia por lo perdido porque ya lo habríamos encontrado.

Esa Calle 8 está indisolublemente ligada a la nación cubana. Más allá de su grandeza o deterioro físico es elemento importante de nuestra historia reciente y parte de nuestro futuro como nación. Esa vía es la estampa histórica de los cubanos en Miami, y esta ciudad al igual que Hialeah es expresión concreta de una tribu que se niega a perder su raíz, su originalidad y orgullo como pueblo.

Miami es para algunas personas una especie de ghetto y pueden hasta llegar a aplicarles el calificativo en el tono más despectivo posible sin percatarse que el término es el rechazo consciente de una minoría a perder su identidad e integrarse a una sociedad que le absorbería por completo.

Si Miami es un ghetto cubano, la calle 8 es su reducto más importante porque más allá de la política y la ideología, el sentido de cubanía ha permeado la arena y el cemento que la forman al punto que si algún día lo cubano y el cubano desaparecieran de esa calle la herencia que ellos labraron permanecería en ella. 


Wednesday, August 31, 2016

LA TORRE DE LA LIBERTAD


Por Eduardo Lolo

Separan Sevilla de Miami o La Habana de Sevilla miles de millas de mar embravecido como un toro de lidia o un indio rebelde. Sin embargo, un edificio de larga historia bilingüe las une: la Torre de la Libertad/Freedom Tower, respirando historia sobreviviente en medio de los nuevos rascacielos de pasado por construir del Downtown de Miami. La edificación se encuentra situada en el número 600 de Biscayne Boulevard y fue en su tiempo la construcción más alta de la Florida.

El vetusto edificio, construido en 1925 para albergar el periódico The Miami News es, en realidad, una torre que sigue el estilo del campanario de la Catedral de Sevilla con una fachada ricamente ornamentada. Cierto que en su tope falta algo parecido a la famosa escultura sevillana, como si la Giraldilla del Castillo de la Fuerza de La Habana no hubiera querido tener competencia en el Nuevo Mundo. De todas formas, como se vería años después, pupilas habaneras suplirían con su reflejo húmedo de la Giraldilla (ya vestida de nostalgia) la escultura faltante en la cúpula.

The Miami News permaneció en el lugar hasta 1957, en que trasladó su sede a otro edificio. Durante todo un lustro la torre quedó en silencio, como a la espera de los silencios de las miradas del destierro. Estas comenzaron a llegar en 1962 cuando el gobierno de los Estados Unidos decide utilizar la torre como centro de procesamiento de refugiados cubanos huyendo del régimen totalitario impuesto en la Isla por el régimen de Fidel Castro. Entonces se le llamó The Miami Cuban Refugee Emergency Center. Los cubanos recién llegados eran allí procesados legalmente y se les ayudaba para su asentamiento en los Estados Unidos. El centro brindaba, entre otros servicios, ayuda financiera, atención médica, cursos educacionales, así como cuidado infantil. Fue en esa época cuando los cubanos comenzaron a llamar el edificio la Torre de la Libertad, nombre que luego se haría popular y permanente, inclusive en inglés. Entre 1,500 y 2,000 cubanos refugiados llegaban todas las semanas al centro de emergencia allí establecido, por lo que teniendo en cuenta que estará en funciones hasta 1974, puede considerarse que decenas de miles de cubanos “sin Patria pero sin amo” cruzaron el umbral de la Torre de la Libertad en busca de ayuda, esperanza y orientación.

En 1976 un abogado neoyorquino compra el edificio vacante, cuya propiedad cambia luego varias veces de mano para pertenecer a diversas instituciones bancarias. Durante más de una década la torre quedó, prácticamente, en el olvido. Al permanecer desocupado el edificio por tan largo tiempo, su deterioro se hizo evidente, particularmente por ser víctima del vandalismo de elementos antisociales. Un consorcio saudí adquiere en 1987 la depauperada torre para convertirla en oficinas y salón de festividades y reuniones, emprendiendo su reconstrucción. Esta, sin embargo, queda incompleta, y comienza a hablarse de la demolición del edificio con el objetivo de utilizar su terreno para la construcción de un rascacielos, como los que terminarían fijando el paisaje urbano de la zona.

Jorge Mas Canosa, creador de la Fundación Nacional Cubano Americana (posiblemente la más influyente organización del exilio cubano de todos los tiempos) adquiere el edificio en 1997 con el fin de evitar su destrucción y convertirlo en monumento a los refugiados cubanos. Sin embargo, a la muerte del conocido líder la organización por él creada se desmorona y el proyecto queda inconcluso. La edificación vuelve, entonces, a cambiar de dueños ‒y correr de nuevo el riesgo de ser derribada‒ hasta que en el año 2007 es donada por sus últimos propietarios (una compañía llamada 600 Biscayne LLC y el urbanista Pedro Martín y su familia) al Miami Dade College, que completa su restauración. Por gestión de políticos e intelectuales cubano-americanos, en 2008 el edificio fue designado National Historic Landmark, con lo cual se garantiza su integridad.

El Miami Dade College decide, sabiamente, hacer de la Torre de la Libertad un centro cultural de gran escala que involucre no solamente a sus educandos, sino a la comunidad y los turistas que visitan el downtown de Miami. A resultas de la labor de la administración, la facultad y los estudiantes de la institución, en 2012 se inaugura el Museo de Arte y Diseño, un local de exposiciones de 15,000 pies cuadrados, y se instalan en el edificio las oficinas del Festival Internacional de Cine de Miami. Dos años después se inaugura la  Cuban Exile Experience & Cultural Legacy Gallery, especie de vitrina histórica donde se destaca la experiencia de dolor y éxito combinados del exilio cubano y su notable desarrollo tanto en lo económico y político como en lo cultural.

La Torre de la Libertad ha sido utilizada para importantes eventos multitudinarios tales como el velorio de Celia Cruz en 2003 (al que asistieron cientos de miles de personas a rendirle tributo), y otros de categoría política como la entrega de la Medalla del Presidente al Rey Felipe VI de España en 2015. Se han presentado varias exhibiciones de grandes maestros del arte de todos los tiempos tales como Salvador Dalí, Francisco Goya y Leonardo Da Vinci, etc. En exhibición permanente se encuentra el Mural del Nuevo Mundo, la espectacular recreación de un deteriorado tapiz original de los años 20 del siglo pasado que cubre unos 40 pies. La obra conmemora el encuentro entre europeos e indios en la Florida, por lo que las figuras centrales son Juan Ponce de León y el Jefe de la Tribu Tequesta ante un mapa de América rodeado de alegorías.

En la actualidad la Torre de la Libertad es visitada por miles de personas anualmente, quienes no tienen que pagar in un solo centavo para disfrutar de sus exhibiciones, aunque se permiten donaciones. La mayoría de tales visitantes son cubanos exiliados o sus descendientes. Entre los primeros, hay muchos que no es la primera vez que cruzan su umbral, pues ya lo habían hecho a su llegada a los Estados Unidos con la respiración entrecortada del destierro. Para ellos, ahora ancianos de pupilas laceradas de pasado, la ornada puerta no conduce a un museo, sino a un hito de sus propias vidas: el paso del horror de lo dejado atrás, a la esperanza de una nueva vida en libertad. Los jóvenes cubano-americanos descubren, sorprendidos, que hubo un tiempo en que los rostros de sus mayores carecían de arrugas; aunque no sus almas, reflejadas nítidamente en las miradas todavía húmedas de las viejas fotos en blanco y negro de la exhibición permanente. A todos dan la bienvenida las huellas adoloridas de decenas de miles de refugiados de futuros entonces inciertos, emboscados por lo desconocido.
Gracias a la solidaridad del pueblo norteamericano representada en la Torre de la Libertad, los exiliados cubanos sobrevivieron y, en sentido general, alcanzaron el éxito vital que les fuera escamoteado o vedado en su país. Luego, en justa reciprocidad agradecida, han logrado la supervivencia del edificio original pese al hostil asedio de modernos rascacielos.

Y no podía ser de otra forma. Se informa a los visitantes que “Though it operated in that capacity [as a Cuban refugee center] for only 12 years, the building has become an icon representing the faith that democracy brought to troubled lives, the generosity of the American people and a hopeful beginning that assured thousands a new life in a new land”.

De ahí que la erguida edificación sea conocida como Torre de la Libertad/Freedom Tower, a manera de eterno registro bilingüe de lo mejor del trágico y solidario encuentro histórico entre los pueblos de Cuba y los Estados Unidos.

Tuesday, August 2, 2016

"LA ERMITA DE LA CARIDAD DEL COBRE EN MIAMI" por el Dr. Eduardo Lolo


Entrada de la Ermita de la Caridad del Cobre a través de una ‘escolta’ de palmas reales.
(Foto: Circe Lolo)

LA ERMITA DE LA CARIDAD DEL COBRE EN MIAMI

El 8 de septiembre de 1961, unos 30,000 cubanos exiliados convirtieron el Estadio de Miami en una improvisada iglesia católica al asistir a una misa para celebrar en su día a la Virgen de la Caridad del Cobre, como era tradicional en su país. Unas horas antes había llegado desde la Isla, de donde la sacaron clandestinamente en un bote unos cubanos huyendo del sistema totalitario castrista, una réplica de 16 pulgadas de alto de la talla original venerada en el Santuario del Cobre, cerca de Santiago de Cuba. Con todo el fervor religioso de los recién llegados y la connotación patria, dicha reproducción hizo su entrada en el estadio. Los presentes juraron entonces construirle un santuario que la albergara, para lo cual comenzaron a recaudar fondos sacados de sus entonces muy exiguos ingresos financieros (“quilo a quilo”, en el argot popular cubano). La construcción comenzó en 1967 y se terminó en 1973, ubicada junto a la Bahía de Biscayne con la siguiente dirección: 3609 South Miami Ave., Miami, FL 33133.


Vista de la Ermita de la Caridad del Cobre desde una de las edificaciones anexas.
(Foto: Circe Lolo)
La edificación remeda una vetusta tienda india estilizada, levantada junto al mar. El mural de 747 pies cuadrados que adorna el altar mayor fue obra de Teok Carrasco y consta de 63 figuras relacionadas con la historia de Cuba (desde los aborígenes hasta los balseros actuales) siendo el centro de atención una imagen de la Virgen de la Caridad. También aparece de manera destacada, y en la parte superior, Felix Varela. Otras figuras que sobresalen son las de José Martí y Carlos Manuel de Céspedes. En primer plano frente al mural, siempre iluminada, puede verse la reproducción venerada, ataviada ricamente.


Mural en el altar de la Ermita de la Caridad del Cobre.
 En primer plano y bajo una brillante iluminación: la imagen venerada
(Foto: Circe Lolo)


Al fondo de la ermita ha sido construida una especie de muralla divisoria del mar que hace recordar al malecón de La Habana. Quizás a resultas de ello, en los últimos años se ha generalizado la costumbre de verter las cenizas de cubanos fallecidos en el exilio en las aguas que bañan el fondo de la ermita, como si por milagro de la Virgen del Cobre los cubanos pudieran retornar a Cuba disueltos de las olas del mar compartido por la Bahía de Biscayne y la Bahía de la Habana. Para quienes así lo requieran, las autoridades eclesiásticas de la ermita ofician el correspondiente rito religioso para verter las cenizas. No resulta extraño entonces que los familiares dolientes acudan al lugar para orar por sus allegados cuyos restos cremados fueran allí vertidos.

Malecón al fondo de la Ermita de la Caridad del Cobre.
(Foto: Circe Lolo)
En tiempos recientes la ermita ha sido mejorada notablemente con otras edificaciones anexas que la complementan. Muchas bodas, bautizos y dedicaciones de misas de cubanos o sus descendientes se llevan a cabo frecuentemente en el templo o los salones complementarios. En la actualidad, los criollos exiliados que viven en el sur de la Florida no pierden la ocasión de saludar a la Patrona de Cuba en su santuario miamense, como lo hicieron en un estadio ellos mismos o sus ascendientes tantos años atrás. Y es muy raro que un cubano residente fuera de la Florida, de visita en Miami, no vaya a presentarle sus respetos a Cachita (como se le llama familiarmente a esta versión mariana), simbolizada en una antigua reproducción cuyo viaje de olas y esperanzas tanto que hace recordar a muchos cubanos el suyo propio.



(Investigador: Eduardo Lolo)