Sunday, May 14, 2017

Otra vez Arenas

Entrevista a la profesora Perla Rozencvaig que acaba de publicar Hypermedia Magazine:
Otra vez Arenas 

Por Enrique Del Risco

Casi desde que llegué a este país estoy por entrevistar a Perla Rozencvaig. Porque fue justo el día de mi llegada (en julio se cumplirán veinte años), todavía mareado con el vuelo desde Madrid y mis primeros avistamientos de Nueva York, que mi anfitrión y ángel de la guarda en aquellos días me la presentó.
Fue en un restaurante cubano de Nueva Jersey porque eran tiempos en que se cumplía a rajatabla el deber sagrado de llevar a los cubanos recién llegados a un restaurante lo más criollo posible. Mi ángel de la guarda, un viejo joyero cubano, me señaló a la hija de un viejo amigo y colega. “Tienes que hablar con ella. Es la albacea de Reinaldo Arenas”. Y claro, era mucho más que eso. Todos somos siempre más que lo que susurran de nosotros en un restaurante.
Perla Rozencvaig es profesora del departamento de culturas latinoamericanas e ibéricas de Columbia University y vicepresidenta del Centro Cultural Cubano de Nueva York. Su libro Reinaldo Arenas: narrativa de transgresión fue el primero dedicado por entero a la obra de Arenas y su obra crítica incluye trabajos sobre la obra de Enrique Labrador Ruiz, Virgilio Piñera, Severo Sarduy y Zoé Valdés. Desde aquel encuentro en el restaurante nuestros caminos no han dejado de cruzarse, pero es ahora que encuentro tiempo para un interrogatorio que estoy por hacerle desde hace veinte años.
Háblanos un poco de ti. ¿Cuáles son tus raíces familiares? ¿Dónde naciste? ¿Cuándo viniste para Estados Unidos? ¿Cuál es tu formación?
Yo nací en Marianao, La Habana, donde viví hasta que salí de Cuba en 1966. Era entonces una adolescente curiosa y llena de preguntas sobre lo que estaba aconteciendo en mi país. Había terminado la secundaria básica, y cuando mis padres me dijeron que era muy probable que pudiéramos irnos del país por los llamados Vuelos de la Libertad me invadieron sentimientos encontrados. Creo que muchos de los de mi generación que tuvieron una experiencia más o menos parecida podrán entender qué se siente al borde de la despedida de todo lo que ha sido tu mundo, con sus enormes contradicciones, miedos, buenísimos ratos, amigos que no quieres dejar y una propuesta de vida que parecía ser, y lo fue, un salto a otra realidad cultural llena de desafíos que tuve que enfrentar desde que llegué a Nueva York.   
Quizás el provenir de un ambiente muy híbrido, padre judío y madre católica, me dio desde muy joven plena libertad para elegir mi credo y tolerancia para convivir con dos religiones, sentirme a gusto tanto en la sinagoga como en la iglesia. Claro que esto puede tener sus desventajas durante el proceso de formación, pero lo pude resolver, dejándome una ganancia que te la resumo con una palabra que entonces casi no se escuchaba: diversidad. Con mi abuelo materno aprendí italiano y me interesé en el francés. Con mi familia judía, desarrollé casi una obsesión por la historia del pueblo judío.
Escribir, leer, investigar culminaron mis intereses académicos con una maestría en español y otra en filosofía. Finalmente, en 1983 obtuve un doctorado en Columbia University con una especialización en literatura latinoamericana. Hace más de veinte años que enseño en el departamento de literaturas latinoamericana y peninsular de la universidad. Pero esta entrevista no es para hablar de mí sino de ese extraordinario escritor, Reinaldo Arenas, a quien conocí en 1980, unas pocas semanas después de llegar a Miami. Siempre me viene a la memoria un cartel muy publicitado entonces con el rostro de Reinaldo donde éste decía que se había ido de Cuba principalmente para salvar ese rostro, para poderlo distinguir de la máscara que en muchos países a veces te ves forzado a llevar para poder sobrevivir. 
¿Recuerdas el debate que generó en el exilio el famoso diálogo con el gobierno cubano de 1978? ¿Qué pensabas en aquel entonces? ¿Tiene algo que ver el debate de aquellos días con el que ha suscitado los acercamientos de los últimos años?
Recuerdo que en 1978 hubo un diálogo entre Fidel Castro y algunos periodistas de los Estados Unidos que intentaban transmitir las opiniones de las distintas comunidades cubanas radicadas en diversos lugares del país. Siempre he estado abierta al diálogo, aunque sea un diálogo de sordos, como ocurrió entonces. Lourdes Casal, que dirigía la revista Areíto y dictaba clases en Brooklyn College, insistió mucho en la necesidad y el derecho de los que vivíamos aquí de visitar a nuestros familiares. Fidel, por su parte, insistió mucho más en que aquellos ex presos políticos que querían dejar la isla podían hacerlo siempre y cuando el gobierno de los Estados Unidos los aceptara. No recuerdo que pensé entonces, pero a la distancia las palabras de Fidel me parecen ahora premonitorias de sus intenciones de mandar a los Estados Unidos a todos aquellos de los que él quería deshacerse, tal como lo hizo, durante el éxodo del Mariel. Además, ahora veo que la postura intransigente del gobierno, entonces, se ha perpetuado en el debate que continúa sin resolución con respecto a muchas de las cuestiones que entorpecen las relaciones actuales entre ambos países.
¿Qué impacto personal te causó el éxodo del Mariel? ¿Cómo modificó la imagen que tenías de Cuba y los cubanos? ¿Qué recuerdas de la llegada de los marielitos a la Nueva York de aquellos años?
El éxodo del Mariel impactó a toda la comunidad cubana. En un principio, tanto en Nueva York como en Miami, algunos cubanos expresaron preocupación y hasta desconfianza. La llegada de elementos conflictivos, según la prensa de Cuba y de Estados Unidos de entonces, desencadenó algunas reacciones negativas contra los recién llegados. Los cubanos en veinte años de exilio se habían ganado un lugar privilegiado y no querían que esa imagen fuera afectada por estos nuevos refugiados. Sin embargo, en muchas ciudades como Union City y West New York, el grueso del exilio cubano de Nueva Jersey, muchos de ellos empezaron a trabajar en negocios de cubanos.  En Miami, ocurrió lo mismo. Lo cierto es que de los 125 000 cubanos que salieron por el Mariel, un número muy pequeño podían considerarse antisociales. La mayoría le demostró al mundo que era gente trabajadora en busca de un espacio donde volver a empezar. Entre los intelectuales que salieron se encontraba Reinaldo, a quien contacté unas semanas después de haber llegado. Ahí empezó una profunda amistad que duró hasta el 7 de diciembre de 1990, fecha en la que decidió irse, como él decía, para el otro mundo.
Cuando conociste a Reinaldo Arenas, ¿qué impresión te causó?
Primero tuvimos una larga conversación telefónica. Hablaba despacio, pero sin parar. Me pareció que lo conocía desde hacía mucho tiempo. Estaba viviendo con sus tíos. He contado la historia de las tarjetas de presentación otras veces, pero quiero volver a recordarla. Me dijo que su tío le había aconsejado que se mandara a hacer unas tarjetas con su nombre y que pusiera debajo ESCRITOR en mayúscula. Eso le daba horror. Me lo contó alargando algunas sílabas, lo cual le otorgaba un ritmo cadencioso a su manera de hablar que me encantó. Para entonces, yo ya había leído su primera novela Celestino antes del alba, su única novelapublicada en Cuba en 1967, y la primera también de su pentagonía, un ciclo de cinco novelas sobre el acontecer de la historia de Cuba desde la época de Batista hasta un mundo futurista que transcurre después del tiempo de vida del autor. También había leído en francés El palacio de las blanquísimas mofetas (Le palais des tres blanches mouffettes, Ed. du Seuil, 1975), la segunda de la serie, y El mundo alucinante, según la crítica más reconocida, una de las mejores novelas del siglo XX. Pero esta no es parte de la pentagonía. En esta se incluyeron también Otra vez el mar (1982) y dos novelas póstumas El color del verano (1991) y El asalto (1992).
Acordamos vernos. Le pregunté si podía entrevistarlo y accedió inmediatamente. Pero cuando nos vimos en Miami por primera vez, decidí tan solo escucharlo. Sus historias inconexas, el horror entremezclado con lo lúdico y sobre todo lo creíble de las historias tan inverosímiles que me contaba me hicieron posponer la entrevista para cuando nos reuniéramos en Nueva York.  Fue en casa del cineasta Iván Acosta que nos reencontramos unos meses más tarde. Lo que hablamos entonces salió publicado en la revista literaria Hispamérica en 1981. Lo que ya me había quedado muy claro era que Reinaldo era el personaje más fascinante y complejo de todos los que habitaban el mundo narrativo en el que había volcado todas sus angustias, y obsesiones.
¿Crees que el conocimiento personal del escritor ha influido en tu comprensión de su escritura?
Estoy segura que sí. No puedo dejar de pensar en él cuando leo sus textos, lo cual para nada quiere decir que sus personajes no tengan vida propia. Claro que todos son seres autónomos con plena libertad en el espacio textual. Pero siento que los que más me han impactado, como Adolfina, una de las tías solitarias de El palacio de las blanquísimas mofetas, me recuerdan esa inmensa tristeza y esa inmensa furia de las que Reinaldo nunca pudo librarse. Su desconsuelo y su sordidez lo acompañaban a todas partes, y también su desgarrador sentido del humor. Decía lo que quería, no le importaban las consecuencias. “Yo ya no tengo nada que perder”, me recordaba constantemente.
¿Cómo evolucionó la relación entre ustedes? ¿Por qué crees que te hayas ganado su confianza —en alguien con su fama de desconfiado— como para nombrarte su albacea?
Yo veía a Reinaldo con cierta frecuencia cuando él estaba en Nueva York. Un lugar de encuentro era el restaurante brasileño Cabaña Carioca, en la calle 45 en Manhattan. Corría el año 1984, yo estaba terminando un libro sobre la obra de Reinaldo publicada hasta entonces. Se titula Narrativa de transgresión, y es el primero dedicado totalmente a la narrativa de Reinaldo. Creo que abrió caminos para que otros estudios muy valiosos aparecieran más tarde.
En cuanto a haberme ganado su confianza, creo que sí, que confiaba en mí. El porqué no puedo decírtelo. Es verdad que era desconfiado, pero sabía intuir cuando alguien no era sincero con él. Quizás pensó que yo podía asumir esa responsabilidad. Lo cierto es que me pidió a mí y a Roberto Valero que fuéramos sus albaceas. También el testamento decía que se nombraría una comisión de cinco personas encargadas de velar por su patrimonio intelectual. Así se hizo. En Europa se nombró a Jorge Camacho y a Liliane Hasson. En Nueva York a Dolores Koch, nuestra querida Lolita, quien lo acompañó hasta sus últimos momentos, a Roberto Valero y a mí. La comisión trabajó bastante bien por algunos años. Para mí, que al final me quedé sola de albacea cuando murió Roberto en 1994, lo importante era que se leyera a Reinaldo, que se publicaran sus libros. Los Camacho, en Europa, se ocupaban de las ediciones de sus libros que se publicaban en España, pero yo revisaba, aprobaba y firmaba todos los contratos. Desde 1990 hasta el 2000, cumplí lo mejor que pude lo que le había prometido a Reinaldo.
Hubo conflictos, reclamos de parientes verdaderos e inventados. Abogados que aparecieron para representar a los irrepresentables. En suma, material para una buena novela. Quizás algún día lo utilice, pero todavía no lo he procesado, y no sé si lo haga. La realidad que vivimos, como bien sabes, siempre supera la ficción, pero ficcionalizar la historia es la mejor forma de calar hondo.   
¿Qué otros recuerdos tienes de Reinaldo Arenas en Nueva York? ¿Conociste al grupo que se reunió alrededor de la revista Mariel?
Una imagen de Reinaldo que siempre me viene a la mente es la de él con un ejemplar de la revista Mariel bajo el brazo. Siempre que nos encontrábamos, si coincidía con la publicación de uno de los números de la revista, Reinaldo me llevaba una copia. De abril 1983 a abril 1985, los dos años en los que se publicaron los ocho números de Mariel, Reinaldo se dedicó intensamente a que saliera a la luz contra viento y marea. A muchos cuyos textos leía en la revista los conocí y somos buenos amigos. Con René Cifuentes hablo con frecuencia, también con Miguel Correa.  Con Reinaldo García Ramos, a quien hay que agradecerle la digitalización de los números de Mariel, y con Juan de la Paz sigo en comunicación. Me dolió profundamente la muerte de Roberto Valero, gran poeta, gran amigo. Eugenio Florit supo ver en su poesía temprana la fuerza creativa que poco a poco fue instalándose en su obra posterior.
¿Cómo fue su relación con la clase intelectual norteamericana radicada en la ciudad?
Tuvo una relación muy cercana con Susan Sontag. Se admiraban mutuamente. A Reinaldo le complacía que ella se distanciara de los intelectuales perversamente ingenuos que no querían reconocer que en Cuba había una dictadura férrea sin contemplaciones para ningún tipo de oposición.
¿Y con los intelectuales latinoamericanos?
Creo que Octavio Paz ocupó un lugar muy especial en  la vida de Reinaldo. Tanto, que Reinaldo me pidió que le hiciera llegar a Octavio Paz la entrevista que le hice una semana antes de su muerte, y que él quería que se publicara en Vuelta, la revista literaria que dirigía entonces Octavio Paz en México. De hecho, yo no quería hacerle ninguna entrevista a Reinaldo ese día, pero él, que casi no podía hablar, me dijo que tenía que decirme algunas cosas que quería compartir con la gente que conocía su obra. Lo recogí en un taxi y fuimos a un restaurante cerca de las Naciones Unidas llamado Aux Trois Cavaliers. Eran como las tres de la tarde. Elegí ese restaurante porque a él le encantaba como Felipe, el chef, le preparaba la carne al estilo argentino con un toque francés, decía él. El lugar estaba casi vacío y nos sentamos en una de las mesas del fondo. Te aseguro que Reinaldo llegó casi sin voz, pero paulatinamente, mientras conversábamos, la voz se hizo más fuerte. No sé de dónde le vino tanta energía. Yo, entonces, conecté  la casetera, y esa fue la última vez que lo escuché hablar. Todo lo que dijo apareció en Vuelta en 1991, pero unos meses antes, la entrevista traducida al inglés apareció en Review.
¿Cómo crees que su experiencia en Nueva York influyó o modificó la personalidad y la escritura de Arenas?
En Nueva York, Reinaldo se sintió libre y complacido, al menos durante los primeros años.  Escribía, podía vivir modestamente de su oficio de escritor, haciendo lo que quería. Viajaba, dentro y fuera del país. Siempre que algún profesor lo invitaba a que diera una charla o conferencia en la universidad donde enseñaba, Reinaldo aceptaba la invitación sin esperar, en muchos casos, ningún tipo de remuneración económica. No parecía interesarle mucho el dinero, aunque con el paso de los años, los problemas de vivienda, principalmente, le hicieron tomar conciencia de cuán dura podía ser Nueva York, cuán impersonal ante un drama personal.
El portero, publicada en 1987, es su primera novela que se desarrolla en Nueva York. Juan, un refugiado cubano, es portero en un edificio de lujo de Manhattan. Él les abre la puerta a los residentes, y penetra en sus vidas, descubriendo desolación, desencanto. Pero lo interesante es que Juan trata de enseñarles que no todo está perdido. La búsqueda de un espacio liberador, sin embargo, se la proponen los animales de los residentes, dejando al lector confundido de por qué Juan se asocia con los animales y rechaza al final a los humanos y a la sociedad que han creado.  Podría leerse este rechazo como una terrible desilusión de la ciudad donde las luces de esplendor del principio se van apagando a su alrededor. Claro que saber que tenía SIDA lo golpeó profundamente.
Si uno lee en sucesión el artículo “Un largo viaje de Mariel a Nueva York”, que escribió Arenas al poco tiempo de llegar a la ciudad, y su “Adiós a Manhattan”, escrito poco antes de morir, uno siente su progresivo desencanto con la ciudad.
Como te dije antes, los primeros años que pasó en Nueva York, especialmente de 1980 a 1983, lo cautivaron. El descubrimiento de la nieve, comer frutas tropicales en medio del manto blanco que cubría las calles y el desenfreno de la ciudad que no paraba nunca, dominaron sus recuerdos de ese primer contacto con Nueva York. Así lo dice en sus memorias, pero también en 1983, cuando tiene que enfrentarse al dueño del edificio donde vivía en la calle 44, Nueva York se vuelve una ciudad desalmada. Se vio obligado entonces a mudarse al 324 W de la calle 43, un edificio de seis pisos sin ascensor, donde él ocuparía el apartamento del fondo del sexto piso. Esta fue su última morada en la ciudad que lo deslumbró y de la que se desencantó por razones personales. El SIDA con sus horrendas repercusiones físicas, el debilitamiento del cuerpo y la mente, que luchaba por no dejarse vencer antes de terminar su obra, como constantemente repetía, alargaron su estancia en Nueva York hasta 1990, pero fueron años sórdidos, muy tristes, sobre todo desde el 1988 hasta el final.
De hecho, recibía a muy poca gente en su apartamento. Y a medida que la enfermedad avanzaba, a casi nadie. Pero Enrico Mario Santí, entonces profesor de Georgetown University, lo visitaba con cierta frecuencia. Entre 1988 y 1989, yo estaba compilando una serie de estudios críticos sobre su obra junto con Julio Hernández Miyares. Esta colección de textos Reinaldo Arenas: alucinaciones, fantasías y realidad fue publicadaen 1990. Reinaldo pudo asistir a su lanzamiento en The Americas Society. Para todos los allí presentes fue sorprendente que fuera a la presentación, pero así fue. 
¿Era idéntico el Reinaldo Arenas que conociste al que él representaba en sus libros? ¿Cuáles eran las mayores diferencias que había?
Idéntico, no. Pero muchos de sus personajes transmiten lo que creo era su esencia. Tienen su furia, su dolor. Celestino, por ejemplo, ese niño hipersensible de la primera novela de la pentagonía es víctima de violencia doméstica, al extremo que se crea un doble para liberar sus miedos. En la casa donde convivía con las tías abandonadas por sus maridos y un abuelo abusador, Celestino describe a su madre como madre bella, madre fea. Madre a quien ama, pero también rechaza. Esta ambivalencia de sentimientos hacia la madre la pude percibir en sus relaciones con ella cuando vino a Nueva York a visitarlo a principios de los 80. También,  recordaba con cierto humor sórdido que su padre lo había abandonado antes de cumplir los dos años. Igual ocurre en la novela con Celestino. 
Creo que vale recordar que en el magnífico documental Seres extravagantes, de Manuel Zayas, este entrevista al padre de Reinaldo, quien reconoce que había abandonado a su mujer y a su hijo cuando el niño era muy pequeñito. Además, el continuo metamorfoseo de Fortunato en su tía Adolfina, en la segunda novela de la pentagonía, revela su orientación sexual mediante la frustración de la tía y el sobrino que no logran encajar en un mundo hostil hacia los dos. En El asalto, la última novela de la pentagonía, él y la madre comparten un parecido que convierte a los dos en seres despreciables, perversos, una característica de la condición humana que obsesionaba a su creador.
La rebeldía de sus personajes, tanto en lo personal como en lo político, es puro Reinaldo. Me cuesta hablarte de las mayores diferencias entre ellos y él. Quizás en la voz de Reinaldo, cuando rescataba algunas de sus experiencias vividas en Cuba y después en los Estados Unidos, yo logro encontrar una calma, una tranquilidad, que nunca llegué a percibir en la palabra escrita. Algo así como si el sonido de las palabras no correspondiera a toda la vorágine que se desencadenaba en casi toda su escritura.
¿Cuáles son los últimos recuerdos que tienes de Arenas en vida?
Recuerdo que me pidió un par de pantuflas antes de salir por última vez del hospital. Roberto, mi marido, se las llevó. Me dijo que Reinaldo le había asegurado que no regresaría en ninguna circunstancia a ningún hospital, y lo cumplió. Yo lo vi por última vez, como te dije antes, en el restaurante donde hablamos de su obra. Se sintió capaz de compartir conmigo lo que representaba para él haber finalizado su obra. Escribir definió en gran parte su vida, llena de tragedia, pero también llena de la satisfacción plena de haberles dado vida a personajes realmente inolvidables. Con un lenguaje poéticamente combativo, con imágenes alucinantes y transmisoras del desenfreno del mundo que le tocó vivir, el legado literario de Reinaldo ocupa un lugar de merecido reconocimiento entre las voces más vibrantes de la narrativa cubana, latinoamericana y universal.
¿Qué es lo que hace insustituible la presencia de Arenas en las letras cubanas, latinoamericanas o latinas en los Estados Unidos?
La prosa de Reinaldo se destaca porque sin sacrificar su extraordinario valor estético contiene una preocupación política y social que da constancia de una realidad más íntima, más profunda  cuanto más absurda y distanciada está de las leyes de causalidad, motivando al lector a que revalorice su propia circunstancia, a que defienda sus creencias ideológicas tal como él lo hiciera con sus acciones y sus personajes. Eso hace su obra insustituible, y enormemente apreciada por una comunidad de lectores cubanos, latinos en general, incluyendo a la comunidad latina en los Estados Unidos. También hay que mencionar que muchos de sus libros han sido traducidos a más de veinte idiomas, incluido el sistema Braille para ciegos. Se lee a Reinaldo a nivel global.
A mí me complace muchísimo incluirlo en mi curso de identidades caribeñas. Los estudiantes aprenden sobre la historia cubana a través de sus ficciones, lo cual enriquece su conocimiento de los hechos con la libertad que caracteriza examinar el dato histórico desde la perspectiva del discurso literario.
¿Tienes algún proyecto pendiente con la obra de Reinaldo? ¿Hay alguna faceta del escritor que deba ser estudiada?
Por el momento, sigo releyendo algunos de sus textos que siempre me sorprenden porque siempre descubro algo en lo que antes no había reparado. Hay mucho por hacer todavía con el cuerpo narrativo y con su poesía. Creo que su legado literario es de gran motivación, como lo demuestran algunas tesis en proceso que andan por ahí.

Ante la muerte del historiador Hugh Thomas

Recomendamos un buen artículo dedicado por el Diario de las Américas a la muerte del historiador inglés recientemente fallecido. También este blog ha recogido otras opiniones de miembros o no de nuestra academia:


Carlos Alberto Montaner, escritor cubano:


Thomas llegó a Cuba con el propósito de escribir un ensayo breve sobre la revolución de Fidel Castro. Pero pronto se dio cuenta de la importancia que tuvo en la conformación de ese hecho el gangsterismo estudiantil, y en éste el machado, y lo que pesó en la dictadura de Machado la mal cerrada aventura de la fundación de la República. Fue tirando del ovillo hacia atrás hasta llegar a la toma de La Habana por los ingleses. Ahí se detuvo y a partir de ese punto comienza su libro Cuba: la búsqueda de la libertad. Es un libro serio, bien investigado, con unos cuantos errores menores que no disminuyen la importancia de la obra. Sigue siendo un gran manual de la historia cubana contemporánea. 
Nos vimos varias veces. Nos hablamos por teléfono otras. Siempre me pareció una persona buena y generosa que simpatizaba con nuestra lucha y detestaba el comunismo cubano, fenómeno que conocía a fondo. De ahí una reseña muy inteligente que le hizo a un libro de Jorge I. Domínguez [profesor de la Universidad de Harvard]. Recuerdo que se preguntaba si los cubanos de a pie, los que sufrían el horror y la estupidez del castrismo, se sentirían retratados en esos estudios académicos trufados de estadísticas. La barbarie era mucho más honda.

Luis Israel Abreu, Vicepresidente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio

El pasado 6 de mayo del presente año 2017 falleció en Londres, Inglaterra, el escritor, historiador, politólogo, novelista y diplomático, Hugh Thomas, nacido en Windsor, Inglaterra, en 1931. Fue miembro de los dos partidos más importantes de Inglaterra, el Partido Conservador y el Partido Laborista. El hecho que haya militado en ambos partidos se debió a la búsqueda de un equilibro en el cual fuera el pueblo el que saliera ganando; Thomas rechazaba categóricamente los extremos. De 1954 a 1957 representó a Inglaterra en las Naciones Unidas desde cuya posición visitó muchos países, entre ellos España, lo que le sirvió para conocer más de cerca al resto de los países hispanoamericanos. En 1981 entró en la Cámara de los Lores como miembro del Partido Conservador, aunque terminó ocupando su escaño como independiente pues ninguno de los dos partidos le satisfacía plenamente. Escribió prolíferamente sobre España y varios países latinoamericanos siendo algunos de sus libros más codiciados La Guerra Civil Española (1961) y La Lucha por la Libertad de Cuba (1971). También escribió sobre Hernán Cortés, Moctezuma, los aztecas, etc. Y escribió dos novelas acerca de Cuba: Habana en 1984 y Klara en 1988. En fin, escribió decenas de obras de gran calibre. Su gran conocimiento acerca de los asuntos hispanos lo llevó a ser miembro de La Real Academia de la Historia de España, desde 1994.
En cuanto a su rechazo al castro comunismo lo entendemos pues, aparte de su filosofía profundamente democrática, están sus relaciones con cubanos del exilio como con el escritor y analista político, Carlos Alberto Montaner y Frank Calzón, Director Ejecutivo del Centro por una Cuba Libre, entre otros.
Nuestro más sentido pésame a los familiares de nuestro amigo Hugh Thomas. Que en Paz Descanse, él se lo merece.


Margarita García Ph.D., Profesora Emérita, Department of Psychology, Montclair State University, miembro de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio

Yo usaba el libro de Hugh Thomas (Cuba: The Pursuit of Freedom) como fuente de datos, no como lectura de historia. Es decir, no lo leía seguido, sino lo consultaba cada vez que me hacía falta corroborar algo. Me dicen que así lo usaba la Sección de Intereses de los EEUU cuando alguna persona quería hacerse pasar por expreso político.
Lo que yo más recuerdo de Hugh Thomas fue su respuesta a un comunicado mío en el cual yo le pedía me dijera  de donde el había sacado el dato que Estrada Palma era cuáquero, porque yo no lo pude encontrar en ningún lugar.  En realidad esa información empezó con Thomas.  El me respondió rápidamente diciendo que como él no se acordaba de donde lo había sacado, era posible que fuera “un error mío” (es decir, de Thomas).
Yo consideré esa respuesta como muy decente.

Frank Calzón, activista

Hugh Thomas monumental historia de Cuba sigue siendo considerada un libro contrarrevolucionario por la dinastía castrista, empeñada en la re escritura y manipulación de la información como todos los regímenes totalitarios. Hugh Thomas defendió la causa de la libertad en todas partes y se solidarizó con los que dentro de las cárceles castristas sufrían la represión más despiadada. Como sucedió en la Unión Soviética los cubanos descubrirán la verdadera historia de su país en el libro de Thomas cuando puedan decidir el destino de su país.



Enrique Del Risco, miembro de Academia de la Historia de Cuba en el Exilio

Cada vez que me preguntan qué libro resume mejor la historia cubana no se me ocurre otra respuesta que Cuba or the Pursuit of Freedom. Y no es que lo considerara un dechado de perfecciones: además de la discutible elección de comenzar por la toma de La Habana por tropas inglesas en 1762, contiene una notable cantidad de errores de fechas y de nombres y alguna que otra ligereza en sus análisis. No obstante, la destreza para reunir y conectar toda la información existente hasta el momento en que compuso su relato, la insobornable agudeza con que iba desarmando viejos y nuevos mitos de la historiografía nacional y la gracia con que expuso sus hallazgos lo dejan todavía sin competencia a la hora de orientar a un lector novicio entre los vericuetos del pasado cubano. Leerlo con apuro y clandestinaje en la Cuba monologante de mi juventud fue un verdadero privilegio por el que le estaré siempre agradecido. Sobre todo ahora que se ha despedido tras 85 años de vida fecunda en la que (entre muchas cosas) hizo por Cuba algo que ningún cubano ha conseguido: darnos un pasado inteligible, legible, creíble.

Saturday, May 13, 2017

MIEMBRO DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO PRESENTA NUEVO LIBRO

Por Amado Rodríguez


El Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, institución no lucrativa enfocada desde 1999 al estudio, rescate histórico y divulgación de la lucha del Pueblo Cubano contra el régimen totalitario  que lo subyuga desde 1959, presentó el pasado 3 de mayo el libro Confrontación,en el salón de conferencia del New Professional Technical Institute, Miami, donde a pesar de ser un miércoles, a la 6 de la tarde, constó con una notable asistencia

El libro, Confrontación, tiene la autoría de Pedro Corzo Eves, -inspirador y presidente del "Instituto",  periodista y escritor-, quien  integró  los testimonios de más de 300 hombres y mujeres protagonistas directos de una lucha que se desarrolló en la acción cívica, así como una fuerza clandestina y  guerrillera,  que se inició en el año de 1959. Historia que el régimen totalitario cubano de manera sistemática y mandataria ha ocultado, adulterado y tergiversado.

Confrontación, como su título expresa, es un libro que va mostrando a través de los testimonios y las circunstancia donde se realizan los mismos, cómo se fue generando la lucha de un sector del pueblo que saliendo de un régimen dictatorial y con toda la esperanza de alcanzar otra vez el estado de derecho perdido, decidió enfrentar un gobierno que sin justificación alguna se caracterizó por implantar un régimen totalitario y autocrático, vesánico e iconoclasta, que aún, inconcebiblemente, perdura.

En este acto, es fundamental destacar la intervención del presentador Luís Felipe Rojas, un joven cubano, nacido y formado bajo el régimen totalitario y su absoluto adoctrinamiento quien expresó: “Cuando yo nací ya toda esta lucha histórica y heroica había acaecido. Nosotros solo conocíamos lo que de ella nos contaba el régimen:.. de bandidos y contrarrevolucionarios, y de los héroes que lo enfrentaron… Cuando por primera vez pude conocer una versión diferente de los sucesos históricos del ayer, comencé a entender a esa otra parte de mi propia familia que siempre estuvo opuesta al régimen, fue una luz que deslumbraba en la oscuridad y exigía buscar y averiguar con la ayuda de quienes tenían esa otra información, lo sucedido en nuestra historia, armar y ordenar el rompecabezas que se nos creaba,  concretar nuestros criterios, y  reorientar nuestra conducta. Así inicié  mi lucha dentro de Cuba por la libertad y respeto a los derechos humanos, por el periodismo independiente, escribiendo, dialogando, y hoy estoy con ustedes, protagonistas de esa gesta, y agradeciendo la labor de divulgación y enseñanza, que como a mí y a tantos otros, ayudó, y ayudará a salir de la oscuridad de la doctrina totalitaria”.
 
Por su parte, Ramiro Gómez Barrueco, ex-preso político, escritor y director del Instituto, autor del prólogo de esta obra y también presentador, expresó en un momento de su intervención: .... "las generaciones presentes y futuras, si no conocen el origen de la tragedia, no nos van a comprender y jamás no van a aceptar...". En otro punto de su alocución, recrea una imagen al decir que el libro Confrontación, hay que verlo como un mecanismo que  " abre huecos en la cortina de desinformación y odio, que le cierra las puertas al pueblo cubano y lo tiene condenado a la esclavitud de la ignorancia".

El libro Confrontación”,  es la otra mejilla, semi oculta, coloreada en oscuro, del único rostro del Pueblo Cubano a partir de 1959, con su historia atroz y a su vez de valor y  abnegación, de esperanza y cubanía, que clama y exige redención. Y sin dudas, como expresa Ángel de Fana, ex-preso político, editor y  moderador del acto: “este libro me encanta y aun cuando pasen muchos años, seguirá siendo útil, porque nos ilustra sobre los acontecimientos de ese tiempo, que  nos enseña a nosotros mismos, que somos protagonistas,  de tantos hechos y sucesos que desconocemos, realizados por otros protagonistas, en otros  o los mismos lugares, o diferentes tiempos". 

Pedro Corzo, autor del libro, inició su intervención,  definiendo la visión de conjunto de la lucha contra el régimen totalitario que la obra representa y su construcción por encima de ideologías. A su vez describe cómo desde el principio cubanos de todas las tendencias, intentaron buscar solución a la crisis que se presentaba vertiginosamente, por medio de la lucha cívica, que se inició en el mismo año 59 y cómo fueron silenciados y  reprimidos, para  dejar sólo el camino de la confrontación armada, consciente el régimen de sus recursos.

En otro punto de su intervención resaltó el  criterio ampliamente compartido de la necesidad de rescatar la historia para divulgarla al mundo, pero en particular, para llevarla a los que están dentro de Cuba. Y en este aspecto, hizo una mención especial a Hugo Araña, un colaborador de esta obra que se encuentra en Cuba y que nos hizo llegar varias de las entrevistas que aparecen en el libro.

En otro momento Pedro Corzo sentencia cómo todos los que enfrentaron al régimen totalitario, independiente del método que su conciencia les dictó, lo hicieron por convicción. También hizo una aclaración categórica: los que iniciaron el enfrentamiento, haya sido cívicamente, en la clandestinidad  o alzados en armas, lo hicieron con la conciencia plena y única de su responsabilidad por Cuba, no por otros factores, ni por nada ajeno a ese compromiso.

El evento, gracias al apoyo técnico de Wenceslao Cruz, fue trasmitido en directo a las redes internacionales, en consecuencia  no solo hubo preguntas y comentarios del público presente, sino que de manera simultánea se pudo compartir  y dialogar con personas que nos acompañaban desde otros lugares del ámbito nacional e internacional.

La amplia divulgación de obras como esta, facilitará el conocimiento del desigual enfrentamiento y  el sacrificio inmenso del Pueblo Cubano que lucha por su libertad.


Tuesday, May 9, 2017

Un cubano alcalde de París, la historia lo enterró y ahora lo rescata

Por William Navarrete*

El 5 de octubre de 2015, Anne Hidalgo, la alcaldesa de París, y otros ediles del Ayuntamiento de la capital, inauguraron en la esquina de la calle Saussure y el bulevar de Pereire, en el distrito XVII de la capital francesa, la calle Severiano de Heredia. Todo el que levante la vista hacia las dos tarjas que a lo largo de esta arteria peatonal existen podrá leer algunos de sus cargos: ‘‘Diputado del Distrito XVII. Presidente del Consejo de París (1879). Ministro de Obras Públicas (1887)’’.
Nacido en La Habana, en 1836, y educado en París desde los 11 años de edad aproximadamente, este otro Heredia cubano (menos conocido que sus dos primos poetas, José María Heredia y Heredia y José-María de Heredia) fue, por así decirlo, el primer hombre de origen africano en obtener una cartera de ministro en un gobierno europeo y el único nativo del continente americano que ha ocupado el relevante puesto de la Alcaldía de París.
 El gesto, para estos tiempos en que el lenguaje de la diversidad o de la ‘‘mixité’’ (como se llama en francés al fenómeno de integración racial a nivel de instituciones) está de moda, tiene mucho de significación política. Y como suelen hacer los de la política, echar mano al único alcalde de París con orígenes africanos y rendirle homenaje más de un siglo después tiene bastante de ganga.
Hijo de la esclava y el amo
Poco se sabe de la infancia de Severiano de Heredia. Los autores que han abordado su biografía (tanto en español como en francés) afirman que fue bautizado en la parroquia de Jesús del Monte, en aquel entonces en los campos aledaños a La Habana, el 4 de enero de 1837, como hijo de los esclavos liberados Henri Domingo de Heredia y Beatriz de Cárdenas (quienes llevaban entonces los patronímicos de sus amos). En el acta de bautizo aparece como padrino Ignacio de Heredia Campuzano, terrateniente y propietario de esclavos, quien estaba casado con la normanda Madeleine Godefroy, con quien no tuvo hijos. El conde de Jaruco, en Historia de familias cubanas, menciona a Severiano como hijo adoptivo (e insinúa que natural) del mencionado Ignacio, y añade que Severiano tomó como segundo apellido –ignoro la razón– el de ‘‘Arredondo’’.


Muchos afirman que era más bien hijo del amo con Beatriz, su esclava, algo que explica por qué el amo decide adoptarlo desde su más tierna edad. Los Heredia formaban parte de un clan de terratenientes de la isla vecina de La Española, establecidos en Cuba después de los episodios de la revolución haitiana. Severiano es primo en grados diversos de José María Heredia y Heredia (1803-1839), el cantor del Niágara y En el teocalli de Cholula, uno de los poetas cubanos insignes del siglo XIX, y también de José-María de Heredia (1842-1905), de similar importancia en el ámbito literario francés.
Después de la muerte de su padre adoptivo (o biológico) en 1848, Severiano viaja con su madre a París y se instala definitivamente en la Ciudad Luz.
Estudios y vida parisina
Severiano de Heredia estudia en uno de los mejores institutos de París: el Lycée Louis-le-Grand, sito en el bulevar Saint-Michel, oficializado con sus correspondientes cartas patentes por el Rey en 1563. Allí estudia durante nueve años, aprende la retórica y será recompensado con un Premio Honorífico en 1853.

Para ese entonces es un joven rico y consentido. Alguien que vive de sus rentas, pues ha heredado la plantación cubana de Santo Cristo y un centenar de esclavos. Puede permitirse lujos, frecuentar la ópera, los cafés en donde se mide el pulso de la vida mundana y la brillante sociedad parisina de esa época. Es un diletante perfecto que escribe, de vez en cuando, críticas de arte para Le Gaulois, u otros textos para la Revue de París, y sueña con convertirse en escritor. Posee una villa en el bulevar Pereire y a juzgar por lo que de él cuenta su vecino y contemporáneo, el editor y escritor Maurice Dreyfous, en su libro de memorias Ce que je tiens à dire (Lo que tengo que contar), publicado en 1912, era un ser ocioso que prefería pasar el día callejeando más que otra cosa.
Influencia de la masonería
Para entender la trepidante carrera política de Severiano habrá que remontarse a la influencia de la francmasonería en este ámbito. En 1866, dos años antes de casarse con Henriette Hanaire, entra en la logia Estrella Polar, perteneciente a la orden del Gran Oriente de Francia. De sus diferentes cargos y funciones desempeñadas en el seno de dicha orden, de la que llegó a obtener el alto grado de Rosa Cruz en 1870, da cuenta Jean-Marie Mayeur en su diccionario biográfico Los parlamentarios del departamento del Sena durante la Tercera República (en francés). Sabido es que el apoyo de esta cofradía o institución iniciática (incluso en la época actual) es una pieza clave para llegar a ocupar puestos políticos de relevancia en la sociedad francesa.
Hoy una calle de París lleva el nombre de Severiano de Heredia.
Cortesía William Navarrete
A ello se añadirá un contexto político particularmente turbulento, marcado por la guerra franco-prusiana de 1870, el fin del Tercer Imperio tras la derrota de Napoleón III y el comienzo de la llamada Tercera República. Por sentimiento patriótico, tal vez porque ya tenía previsto lanzarse en política, solicita y obtiene por decreto de ese año la nacionalidad francesa. Poco después, en abril de 1873, un mes antes de que ocupe la presidencia el general Patrice de Mac-Mahon, duque de Magenta, Severiano obtiene el cargo de Consejero municipal, en representación del barrio de Ternes (distrito XVII de París). Es su primer puesto de importancia en esta esfera.
Carrera política
A partir de su primera nominación, el cubano (si nos atenemos a que nació en la isla de Cuba, entonces bajo la égida de España), naturalizado francés, será representante del departamento del Sena (que incluía entonces la capital actual y algunas municipalidades limítrofes) y en 1879 es elegido presidente del Consejo de París, un puesto que equivale hoy al de alcade. Tenía 42 años y había sido designado por los ediles de un Ayuntamiento que se reunía entonces en el palacio de Luxemburgo por haber sido incendiado el original por los communards en mayo de 1871 (y no reconstruido hasta años después).
A principios de la Tercera República, la función de alcalde había dejado de existir. París se había enfrentado al Estado durante los episodios sangrientos de la Comuna y había quedado administrada por una asamblea de consejeros o representantes dirigidos por un presidente cuyas funciones eran aproximadamente las de un alcalde de antes y de nuestro tiempo.
Severiano de Heredia fue reelegido diputado del distrito XVII en 1881 y, finalmente, ministro de Obras Públicas en 1887, año en que comenzó la construcción de la Torre Eiffel, al final del mandato de Jules Grévy.
Durante ese periodo y la década siguiente se hará eco de las ideas más progresistas en aras de la separación del Estado de la Iglesia, en favor de la libertad de la prensa, de la escuela pública, se destacará en la creación bibliotecas municipales y se convertirá en portavoz de la necesidad de un Estado laico. Llegó incluso a presidir la Asociación Filotécnica, después de que lo hicieran Víctor Hugo y Jules Ferry. Compartía, además, las ideas de este último, pero lo perseguía su pasado esclavista, el hecho de que su fortuna personal se fundara en la explotación de la mano de obra esclava y en la economía colonial de la plantación, algo que sus detractores evocaban constantemente para desacreditarlo.
En el universo de las rencillas políticas no le sobraron enemigos. ‘‘El mulato del Elíseo’’, como a menudo le llamaban, era caricaturizado en la prensa por los sectores conservadores, y hasta por los propios socialistas de la época.
Rescatado de las tinieblas
El empeño de Paul Estrade, profesor universitario e hispanista, influyó en la decisión de la Alcaldía de París de rendir homenaje a este olvidado de la historia. De la misma manera que su pariente José-Maria de Heredia, también nacido en Cuba, fue el primer extranjero en ocupar un sillón en la Academia de la Lengua francesa, Severiano había sido el primer hombre de color en encabezar un ministerio europeo.
Por razones inexplicables, tal vez porque a fines del siglo XIX Europa se repartía África durante la conferencia en Berlín (1885) y porque la política colonial entraba en contradicción con su permanencia en un puesto gubernamental, el hijo de esclavos afrocubanos se convirtió en un personaje incómodo.
De las tinieblas del olvido lo rescata el profesor Estrade en un libro que lleva en portada una de las caricaturas inspiradas en él: Ce mulâtre cubain que Paris fit maire (Ese mulato cubano que París convirtió en alcalde), publicado en las ediciones Les Indes savantes, en 2011 (por ahora sólo en francés).
Y no porque no hubiera referencias de él en la prensa y en diferentes tras publicaciones, sino porque hasta entonces a nadie parecía importarle mucho la vida y obra de tan singular personaje.
Descendencia y herencia
Severiano de Heredia muere arruinado en 1901, en el mismo barrio en que comenzó su carrera política, muy cerca del parque Monceau. Se dice que invirtió lo que quedaba de su fortuna en el desarrollo del automóvil eléctrico (en lo cual también se adelantó a su época). Tuvo dos hijos de los que el varón murió pequeño y la hija, Marcelle de Heredia, fue una célebre neurofisiológica que tuvo sólo un hijo adoptivo: el pintor Carlos Lapicque, fallecido en 1998.
Al entierro de Severiano asistieron algunos miembros del gobierno y del cuerpo diplomático de Haití (Cuba se encontraba entonces bajo administración norteamericana durante el primer periodo de ocupación), encargado de dirigir las exequias. Nunca obtuvo la Legión de Honor, ni ninguna de esas altas órdenes francesas que pasan de mano en mano por alianzas y favoritismos. Y en el cementerio de Batignolles, en un mausoleo de piedra en forma de caseta, fue enterrado sin que su nombre figurara por ello durante mucho tiempo en la lista de personalidades y hombres ilustres que acoge el camposanto.

Panteón de Severiano de Heredia 
Quedan muy pocas calles disponibles en una ciudad tan densa como París y los olvidados tienen que conformarse con pedazos de plazuelas o calles peatonales que son más bien aceras. De hecho, la de Severiano tiene una sola manzana y un café moderno (L’Iguane) como única referencia. Por otra parte, el cementerio de Batignolles lo ha incluido finalmente en su lista de personalidades, tal vez la mejor prueba de que comienzan a rendir honores merecidos a este hombre singular, nacido en la mayor de las Antillas.

*Escritor cubano residente en París. El texto, tomado de El Nuevo Herald, es reproducido aquí con autorización expresa del autor.

Monday, May 8, 2017

FALLECE EL HISTORIADOR HUGH THOMAS

Despachos de prensa dieron a conocer el fallecimiento el día 6 de este mes del historiador y narrador británico Hugh Thomas (1931-2017), uno de los hispanistas más prolíferos, profundos y objetivos del siglo XX. Su historia de la Guerra Civil Española (The Spanish Civil War, de 1961) fue, desde su primera edición, un clásico de la historiografía. El autor haría una edición ampliada en 1977, igualmente exitosa. Según los entendidos, nadie nunca había escrito de manera tan seria sobre un tema que, desde un principio, había dividido no solamente al pueblo español, sino también a quienes pretendieron describirla. De España daría a conocer conquistadores y emperadores; de América, conquistados y sojuzgados hasta por los propios criollos. Sin propaganda política. Con dolor humano.
Nuestro pequeño país fue su otro amor intelectual. Cuba, su ensayo en 3 volúmenes aparecido en 1973, ponía al desnudo las medias verdades históricas sobre Cuba de la intelectualidad europea de la época, deslumbrada por la maquinaria propagandística castrista y sus corifeos. Nunca el castrismo había sido denunciado internacionalmente con tanta seriedad y profundidad. Su voluminoso ensayo demostró que, en realidad, cada media verdad terminaba eclipsada y finalmente extinta por su implícita media mentira siamés.
Pero su apego al país de la palma real fue más allá de su destacada labor historiográfica. No satisfecho con la épica de su ensayística, escribió la novela Havana (1984), en la cual las personas, convertidas en personajes, como que completaban los hitos históricos del período en que enmarcara su ficción.
Los libros de Hugh Thomas permanecen vedados en la Cuba castrista. Pero habrán de ocupar un lugar cimero en la historiografía nacional cuando se puedan leer en libertad las obras de este británico “aplatanado” por las letras al país que supo amar en la distancia tanto del tiempo como del espacio.
Vaya hasta su esposa y el resto de su familia el mensaje de dolor compartido que embarga a los historiadores cubanos del exilio. Porque es el caso que, desde nuestro punto de vista, ha muerto Hugh Thomas, el historiador cubano que supo desenmascarar y retar a duelo la infamia.

Dr. Eduardo Lolo, Presidente
Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Corp.


El primer exiliado cubano

Por María Teresa Villaverde Trujillo *

«El Padre Varela tuvo un profundo sentido de la libertad y de la justicia humana comparable solamente a la de su heredero laico, José Martí»
(Dr. Leví Marrero)
"...aquel patriota entero, que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio, vino a morir cerca de Cuba, tan cerca como pudo…"
(Jose Martí, fragmento del articulo publicado en el periódico "Patria")

El Padre Varela nació el 20 de noviembre de 1788 –según algunos historiadores posible en la calle nombrada "Obispo"- en la ciudad de La Habana, hecho que aún no ha quedado verificado. En su bautismo, asentado en el Libro Sexto de Blancos con el número 866 folio 203 en la Parroquia del Santo Angel Custodio el niño fue nombrado Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales.
A la temprana edad de tres años muere la madre y el niño con sus dos hermanas, queda al cuidado de su abuelo quien pronto fue trasladado por su trabajo como militar a San Agustín de la Florida llevando con él al pequeño Félix. Al momento de empezar sus estudios secundarios, ya de regreso en La Habana, aunque se suponía que entrara en una academia militar Félix solicita ingresar en un seminario para hacerse sacerdote -devoción que sentía desde muy temprana edad-.
Se formó en las aulas del Seminario de San Carlos y San Ambrosio, y en la Real y Pontificia Universidad de La Habana. A los 23 años fue ordenado sacerdote en la Catedral de La Habana. Seguidor del pensamiento de su maestro José Agustín Caballero, hombre que marcó el camino para los estudios filosóficos en Cuba; sustituyéndolo en el Seminario cuando tenía 24 años de edad.
En 1814 escribe Instituciones de filosofía electiva, obra en cuatro tomos, donde insistía en la importancia de la ciencia para el conocimiento, aún cuando Varela consideraba que entre “Verdad de fe” y “verdad de razón”, debería primar la primera.
En 1818 se publica Lecciones de Filosofía y Miscelánea filosófica en 1819. Abogaba por una ciencia que girara en torno de los hechos y no de las palabras, y por un lenguaje científico que fuera totalmente comprensible.

El Sacerdote ante las Cortes
En 1821 el Padre Varela fue elegido para representar a Cuba en las Cortes de España, donde reclamó la abolición de la esclavitud con indemnización; y defendió el más aún osado planteamiento, la independencia de las colonias americanas en guerra. Al restablecerse el absolutismo regio en España, las Cortes quedaron disueltas y se firmó por Decreto Real aplicar la pena de muerte por traición a todos los diputados. El Padre Varela huyó a Gibraltar y de ahí a los Estados Unidos, donde residió el resto de su vida convirtiéndose en el primer exiliado cubano.
Ejerció el ministerio sacerdotal en la ciudad de Nueva York durante 30 años con admirable abnegación. Trabajando arduamente fundó escuelas, edificó iglesias, y evangelizaba a los pobres. Defendió la fe católica ante el avance de otros grupos religiosos. Se le nombró a una parroquia en la zona donde vivían inmigrantes de Irlanda, en la época cuando las diferencias étnicas y religiosas prevalecían fácilmente.
Igualmente inició una ardua labor en pos de la independencia de Cuba. Fue fundador de El Revisor Político y Literario. También llegaron a circular siete números del periódico independentista El Habanero prohibido en Cuba al igual que El Mensajero Semanal el que había publicado junto a José Antonio Saco. Publicó el periódico The Protestant Abridger and Annotator (1830) -donde defendía la fe católica frente a los ataques de los protestantes- y The Catholic Exporter and Literary Magazine, en unión de Charles C. Pérez (1841-1843). Colaboró en la Revista de La Habana, en el Diario del Gobierno, El Universal de Madrid, y el Repertorio Médico de La Habana; al igual que en otros periódicos, en inglés y en español. Usaba como seudónimo "Un paisano suyo".

Una obra para el futuro
Entre 1835 y 1838 se publicaron los dos primeros tomos de lo que se considera su última obra, Cartas a Elpidio, el testamento ideológico en el que legó a futuras generaciones la esencia de su ideario. El tercer tomo de esta obra, dedicado al fanatismo, no llegó a publicarse hasta 1944.
En una de las Cartas a Elpidio el Padre Varela había expresado:
"...fórmase ya en el horizonte de mi vida la infausta nube de la ancianidad y allá a lo lejos se divisan los lúgubres confines del impero de la muerte. La naturaleza, en sus imprescriptibles leyes me anuncia decadencia y el Dios de bondad me advierte que va llegando el término del préstamo que me hizo de la vida. Yo me arrojo en los brazos de su clemencia, sin otros méritos que los de su hijo; y guiado por la antorcha de la Fe, camino al sepulcro, en cuyo borde espero, con la Gracia Divina, hacer con el último suspiro, una profesión de firme creencia y un voto fervoroso por la prosperidad de mi Patria..."
Enfermo y abrumado
...En 1847 enfermó. Gastado físicamente y padeciendo asma recorrió varias ciudades en busca de un clima más apropiado. Viajó a San Agustín de la Florida, lugar donde había vivido se niño, y allí pasó los últimos años de su vida marcados por la pobreza, las enfermedades y la soledad; en un cuarto pequeño –como una celda- acompañado solamente por dos cuadros de santos y una campanilla.
Sintiendo cercana la muerte, pidió al sacerdote francés, P. Aubril que le llevara el Santo Viático. Antes de recibir la comunión el siempre primer exiliado cubano, dijo:
«Tengo que cumplir una promesa que hice mucho tiempo antes de ahora. Tengo que hacer en este momento, en el momento de mi muerte, como lo he hecho durante mi vida, una profesión de fe en la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía. Creo firmemente que esta hostia, que Ud. tiene en sus manos, es el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo bajo la apariencia de pan. ¡Ven a mi Señor!»
Entregó su alma al Padre Celestial el 25 de febrero de 1853 "a eso de las 8 y media" aunque existen diversas investigaciones referente a la fecha exacta en que falleció el Padre Varela. Fue enterrado en el Cementerio local Tolomato. Más tarde, apenas dos meses después, el sacerdote Aubril con la ayuda de un grupo de cubanos de la isla costearon levantar una capilla en el cementerio. La primera piedra fue colocada el 2 de marzo finalizando su construcción el 13 de abril del propio año, día que los restos de Varela fueron depositados allí. Allí permanecieron los restos de quien, como dijo Jose Martí cuando visitó en 1892 la tumba del sacerdote para velar "los huesos del santo cubano" era un "patriota entero, que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca como pudo".

Sus restos llegan a La Habana
En 1911 –después de varias tentativas- y esta vez a petición del gobierno cubano el obispo norteamericano William Kenny exhumó los santos restos de Varela y los entregó al cónsul cubano en la ciudad de Jacksonville para su traslado a Cuba. De la Catedral de La Habana más tarde serán trasladados al Aula Magna de la Universidad de La Habana, en cuyo acto pronunció un elocuente discurso el maestro Enrique Jose Varona. El cenotafio del Aula Magna donde se halla una inscripción dice:

«Aquí descansa Félix Varela, sacerdote sin tacha, eximio filósofo, egregio educador de la juventud, progenitor y defensor de la libertad cubana, quien viviendo honró a la Patria y quien muerto sus conciudadanos honran en esta alma universidad en el día 19 de noviembre de 1911»La juventud estudiantil en memoria de tan grande hombre.
Ahí en una urna funeraria descansa junto a los neoclásicos óleos del pintor cubano Armando Menocal, denominados: «La Medicina», «Las Bellas Artes», «Las Artes Liberales», «El Derecho», «Las Ciencias», «El Pensamiento» y «Las Letras».

Foto de la caja que guardó provisionalmente los restos del Venerable cubano. 
Se conserva en  la Cátedra Honorífica Felix Varela en la Universidad Pedagógica 
que lleva su nombre en la provincia central de Cuba


 *Publicado originalmente en el semanario LIBRE y en su edición digital LIBREonline

Sunday, May 7, 2017

GALARDONADOS TRES MIEMBROS DE NUESTRA ACADEMIA

  
Diploma y medalla de la Gran Orden “Victoria de la República” que la Academia Nacional A.C. y la Academia Nacional de Historia y Geografía de México concedieran al Dr. Alejandro González Acosta 
Tres miembros de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio fueron galardonados recientemente por otras instituciones académicas de México y los Estados Unidos. Con ello queda demostrado, una vez más, la actitud de profunda admiración y agradecimiento que los exiliados cubanos desarrollan por los pueblos que los acogen. Ya sea en el campo de la economía, la defensa, la educación, la ciencia, etc., cubanos en todas partes del mundo no dudan en brindar su aporte a sus segundas patrias. Estos tres casos son un testimonio elocuente del amor de los cubanos exiliados a sus nuevas tierras sin menoscabo del arraigado eternamente por la Patria primigenia.

El primer galardón le fue otorgado el 2 de abril del año en curso al Dr. Alejandro J. González Acosta, Académico Correspondiente de nuestra institución en los Estados Unidos Mexicanos. La Academia Nacional A.C. y la Academia Nacional de Historia y Geografía de ese país le concedieron la Gran Orden “Victoria de la República” al Dr. González Acosta por, según reza en el Diploma “su reconocida trayectoria profesional, entereza y aprecio por la Historia de México, así como por promover el estudio y los trabajos de investigación” en ese campo. Nuestro colega en México dijo al respecto estar “legítimamente orgulloso y comprometido” por el alto honor recibido.

Los otros dos miembros de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio galardonados fueron la Dra. Oneida Sánchez y el Dr. Eduardo Lolo, Secretaria de Relaciones Públicas y Presidente, respectivamente, de nuestra institución. El pasado 5 de mayo dichos colegas recibieron de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (más conocida como CUNY, por sus siglas en inglés) el Premio 2017 de Investigación Académica en el programa de lenguas diferentes del inglés (LOTE, según la abreviatura anglosajona de dicho programa). El galardón les fue otorgado por el CUNY Council on World Language Study (Consejo de CUNY para el Estudio de las Lenguas del Mundo), que es la instancia que establece, dirige y promueve el estudio de culturas e idiomas extranjeros en cada campus (que son 22 en total, con una matrícula de alrededor de 300 mil estudiantes) que conforman la Universidad de la Ciudad de Nueva York. En el diploma correspondiente se especifica que el galardón les fue concedido por la destacada contribución de ambos en el campo de lenguas extranjeras en la conocida casa de altos estudios.

Los catedráticos laureados se dirigieron a sus colegas presentes expresando su agradecimiento por el premio recibido, que tiene el valor añadido de haber sido el producto de una elección de sus pares, intelectuales todos de gran experiencia y un alto profesionalismo.

Como dato curioso cabe señalar que los diplomas les fueron entregados a los colegas premiados por la Dra. Liliana Soto-Fernández, Vice Presidenta del CCWLS en sustitución de la Dra. Rosa Alicia Ramos, Presidenta del organismo. La Dra. Soto-Fernández fue recientemente investida como miembro de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, por lo que nuestra academia (sin que haya estado programado) estuvo presente en la persona que otorgó el galardón y en quienes lo recibieron; feliz coincidencia que habla de la pujante presencia de nuestra corporación en el campo universitario norteamericano.

De izquierda a derecha la Dra. Liliana Soto-Fernández, la Dra. Oneida Sánchez y el Dr. Eduardo Lolo